Visitando los barrios beneficiados con el Programa de Integración de Convivencia Urbana (PICU), en Tegucigalpa, Honduras, conversamos con un joven que estaba esperando la hora del entrenamiento de taekwondo en su colonia. Se llama Carlos, es un muchacho que sonríe y está lleno de esperanza.

Vivo en un barrio al que muchos llaman “rojo” de Tegucigalpa. Este lugar ya no es el mismo, no señoras, muchas cosas han pasado en los últimos cuatro años. Pero yo me siento feliz de vivir en él—, acotó, y prosiguió:

Quiero decirles en qué ha cambiado mi colonia. Sus calles ahora son de concreto, ya no tienen piedras, hoyos o montones de tierra. En época de lluvias eran insufribles, y se volvían un lodazal tan espeso, que hasta costaba caminar. Ahora hay drenajes, alcantarillado de aguas negras, banquetas y se puede caminar sin tener que saltar para esquivar piedras o material suelto. Ahora hay escaleras cómodas de concreto, hay hasta pasamanos. Se mejoraron las redes de agua que no funcionaban muy bien. En casi todas las zonas de alrededor se instaló energía eléctrica. A mis zapatos y pantalones, ya no tengo que estarles quitando el lodo pegado cada día, ése que mancha y deja todo lo blanco amarillo si no se quita rápido. En esas calles, tampoco circulaban carros, bicicletas o motos sin quedarse atascados. El agua de lluvia y las aguas negras ahora tienen alcantarillas que las encauzan.

Antes del PICU, los caminos eran peligrosas veredas empinadas y algunas gradas de tierra eran reforzadas con pedazos de llantas para evitar las caídas y aumentar el soporte. En mi familia estamos felices porque mi tío, que ya está algo mayor –con una pierna que le duele–, ya puede salir de su casa sin deslizarse al abismo. Cierto que en algunos casos las gradas llegan a ser más de 500, pero estoy consciente de que ya puedo ir a verlo sin tropiezos y él puede ir a comprar a la pulpería si lo necesita.

El programa de deportes y valores

El BID financia el PICU desde 2013, programa que se apoya en tres ejes estratégicos: integración social, sostenibilidad ambiental y competitividad. Justamente como complemento del componente social surgió el programa deportivo y de valores, que se inició tres años después del comienzo del PICU. Este complemento aplica el modelo de educación olímpica Hoodlinks, Enlace entre Barrios creado primero en Guatemala y ahora implementado en Honduras. Su misión es transmitir los valores olímpicos y del deporte en niños y jóvenes que viven en áreas marginales.

El programa, evaluado por la Universidad de Brock a través de un estudio longitudinal en 2015 y 2016 en dos de los barrios más violentos de la Ciudad de Guatemala, logró un incremento significativo de las habilidades de comunicación en la comunidad afectada. El hecho de realizar el programa específicamente en áreas de alto riesgo logró en los chicos un impacto positivo en las llamadas habilidades para la vida, mostrando cambios positivos dentro de las comunidades y niveles adicionales de apoyo entre los atletas y sus familias. Nuestro propio estudio, realizado este año también en Guatemala, identificó cambios ocurridos en adolescentes de 11 a 18 años de edad durante seis meses. Se comparó a un grupo de beneficiarios Hoodlinks con otro sin participación en el programa, antes y después, atendiendo a dos variables: desarrollo psicosocial y condición física. Las intervenciones que mayores avances demostraron fueron las habilidades relacionadas con la capacidad aeróbica, en cuanto a la condición física, y las habilidades relacionadas con la comunidad y el compromiso por el aprendizaje, en la variable de desarrollo psicosocial.

A partir de esto, se desarrolló un manual de buenas prácticas para el entrenador, que contribuye a aplicar una metodología que les indica cómo llevar la parte técnica-deportiva, la planificación de los entrenamientos y metas, y la aplicación de los valores olímpicos en sus entrenamientos. La sistematización de estos entrenamientos conlleva el seguimiento de los deportistas, además de reportes y planificaciones diarias, semanales y mensuales, a corto y a largo plazo. El manual sirve de consulta y facilita el análisis de los informes.

Para la implementación, se contrató a un coordinador, quien se encarga de supervisar a los 12 entrenadores para que cumplan con la metodología, con sus responsabilidades y con la capacitación continua en deportes como taekwondo, atletismo, tenis de mesa, balonmano y levantamiento de pesas. Además, recientemente se agregó una entrenadora para niños con capacidades diferentes.

Aunque el cambio no ha sido de la instantáneo, Carlos se siente más integrado en su comunidad, puesto que ahora el deporte ya no es visto como una pérdida de tiempo, sino como un recurso legítimo.

El programa me hace vivir con más alegría cada día. Es increíble lo que se ha hecho por nosotros los niños y adolescentes de estas colonias. Yo oigo comentarios de nuestros papás y maestros, diciendo que están muy contentos con que estemos ocupando nuestro tiempo libre en cosas sanas y divertidas y cómo hemos mejorado en nuestras actitudes.

Yo práctico taekwondo. Me gusta ser parte del equipo de PICU, siento que son parte de mi familia. Ahora tengo amigos que antes eran solo vecinos y conocidos. No dejo de asistir a los entrenamientos porque mi entrenador se pone triste y me llama la atención, pero también por un sentido de responsabilidad. Si yo no asisto, pierdo todo lo ganado y me siento un poco fuera de lugar.

Trabajamos en mejorar nuestra condición física también, así que nuestros cuerpos están más sanos y fuertes. Mi mamá dice que me enfermo menos desde que hago ejercicio todos los días al menos los 90 minutos que puede durar una práctica.  Ahora no me canso nada al subir las gradas de la colonia.

Carlos se come un pan que lleva y continúa hablando:

Mi entrenador nos habla mucho, no sé cómo encuentra tiempo para entrenarnos y también para hacernos reflexionar sobre nuestras acciones diarias. Hablamos mucho sobre los valores olímpicos, el respeto, la amistad y la excelencia. Nos cuenta historias, hacemos obras de teatro, preparamos charlas y vemos videos que veces tratan sobre atletas sobresalientes que nos ayudan a comprender que todos se tienen que esforzar para lograr sus metas. Muchas veces practicamos estos valores con juegos, lo que además resulta divertido. Los juegos nos sirven de calentamiento porque nos hacen movernos y estar activos antes del entrenamiento o elongar al final del mismo.

Luego de contarnos sus vivencias, Carlos concluye con una gran sonrisa dibujada en su cara:

El programa de deportes y valores ha cambiado mi vida. He mejorado y ya quedamos campeones nacionales infanto-juveniles en el campeonato nacional de taekwondo en La Ceiba. También fuimos a competir a Guatemala y ganamos medallas. Nos vimos con nuestros compañeros de otro proyecto similar que también usa el modelo de educación olímpica Hoodlinks, Enlace entre Barrios. Intercambiamos camisetas y nos tomamos fotos con el grupo. Espero seguir mejorando para llegar lejos como deportista y algún día ser un árbitro y entrenador de taekwondo, tan bueno como el mío.

Carlos se despide con un ademán. Él es un ejemplo de la importancia del acceso a las oportunidades a la hora de activar barrios saludables. El PICU de Tegucigalpa es un caso que ilustra que las políticas públicas están para mejorar vidas.

 

Amapola Arimany es consultora en desarrollo internacional y deportivo, y Doctora en Educación Olímpica por la Universidad de San Carlos de Guatemala. 

Sandra Bartels es especialista de la División de Vivienda y Desarrollo Urbano del BID, donde lleva trabajando más de 20 años. Tiene amplia experiencia en proyetos fiscales y municipales, como también en programas de desarrollo urbano integral que han incluído desde infraestructura hasta la contrucción de capacidades dentro de las comunidades donde ha trabajado para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.