Las ciudades son el principal motor del desarrollo económico y social, tanto en el mundo, como en Latinoamérica y el Caribe (LAC). 100 ciudades producen el 40% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial actual, y la tendencia es que esta contribución continúe aumentando rápidamente. La urbanización está también asociada con la reducción de la pobreza, las mejoras en salud pública y en educación. A su vez, las ciudades son centros de innovación y creatividad y de los movimientos sociales que trabajan por la extensión de derechos plenos para las mujeres, los indígenas, los afro-descendientes y otras minorías.

Pero no todos quienes residen en ciudades acceden a estos beneficios de igual modo. Aún hoy, casi un tercio de los hogares urbanos de LAC vive en asentamientos informales, en viviendas de construcción precaria, con tenencia insegura y sin servicios de agua y saneamiento. A menudo, en lugares expuestos a altos niveles de contaminación o a desastres naturales. Además, las ciudades continúan expandiéndose de forma desordenada, sin una planificación que les permita aprovechar su infraestructura ya instalada. Las quejas por congestión de tráfico y falta de mantenimiento de espacios públicos son compartidas por todos los ciudadanos. En síntesis, los déficits de infraestructura y servicios, de vivienda, de espacios públicos de calidad y de una gobernanza efectiva, son deudas pendientes para las ciudades de región.

Tegucigalpa, Honduras. Fuente: BID Ciudades Sostenibles

 

Sin embargo, los últimos años nos han traído un nuevo desafío y una nueva oportunidad para planificar el desarrollo urbano de nuestra región. Por un lado, luego de más de 50 años de vertiginoso crecimiento de la población urbana, con un número de residentes que se multiplicó siete veces, la tasa de crecimiento se ha establecido. En 1980, uno de cada tres nuevos habitantes urbanos de LAC era un migrante rural recién llegado a la ciudad, mientras que actualmente lo es menos de uno de cada seis. Esta es la oportunidad para cerrar los déficits que se arrastran de las décadas previas, puesto que las demandas de servicios y vivienda urbanos ya no crecen tan rápidamente. Cerrar estas brechas es una de las claves para generar ciudades más equitativas y prósperas.

Otro fenómeno fundamental es la vulnerabilidad ambiental de las ciudades de LAC. Los objetivos de ciudades equitativas y prósperas dependen de nuestra capacidad de planificar ciudades que tengan en cuenta su relación con el medioambiente. Los hogares más pobres son los primeros y más gravemente afectados por los problemas ambientales, y son a su a su vez quienes cuentan con menos recursos para adaptarse a los mismos. Las inundaciones son mayores en los barrios que carecen de infraestructura sanitaria y pluvial, al tiempo que la falta de calles y pavimentos adecuados dificulta las tareas en casos de emergencia. Por ejemplo, más de un millón de personas residen en las laderas de Tijuca, en Río de Janeiro, Brasil, con gran riesgo a aludes de lodo por lluvias, una situación semejante a los barrios informales de Caracas, Venezuela. Además, con el aumento del calor, son también los hogares con menos recursos quienes tienen mayor riesgo de contraer enfermedades tropicales, como dengue, malaria y zika. Quienes residen en áreas formales, pero con infraestructura obsoleta, también están en alto riesgo ante desastres de inundaciones y sismos. Además, las olas de calor disminuyen la longevidad de la población urbana, especialmente de los mayores de 60 años –el segmento de población que más rápido aumenta en la región.

Los ciudadanos más vulnerables a los desastres naturales son también, en muchos casos, los más pobres. Fuente: Pixabay

Necesitamos planificar nuestras ciudades para incentivar el uso, y adecuado mantenimiento, de la infraestructura existente, limitando la expansión de la huella urbana que tiene un impacto tanto en el costo de la infraestructura como en nuestra huella de carbono. Es necesario reinvertir en las áreas urbanas céntricas, aumentando la asequibilidad de la vivienda y las oportunidades de empleo. A su vez, la expansión del acceso a servicios urbanos aumenta la efectividad y el retorno de adoptar nuevas tecnologías menos contaminantes. Este es el caso del reciclado de los residuos sólidos, cuyos beneficios merman en tanto un cuarto de la población disponga de sus residuos informalmente, a menudo contaminando causes de agua o realizando quemas de sustancias tóxicas. Menos del 60% de los residuos sólidos urbanos de LAC, 400.000 toneladas diarias, son reciclados o tratados adecuadamente. Así también, las limitaciones sobre la contaminación de los vehículos o las regulaciones municipales respecto a la protección de reservas forestales, no son efectivas cuando existen altos niveles de informalidad.

Los países de América Latina y del Caribe han resaltado importancia de avanzar una agenda de ciudades resilientes, inclusivas y compactas. Estamos ante una oportunidad de construir ciudades más justas y productivas. Para lograr esto, desde el BID apoyamos un nuevo modelo de urbanización, basado en la inclusión social y el uso sostenible de los todos nuestros recursos. Para lograr esto, necesitamos mirar lo que está sucediendo en otros lugares del mundo. Por ejemplo, además de trabajar en modelos de integración económica y social que aseguren el bienestar de su población, Singapur se ha concentrado en el desarrollo de un modelo inteligente de planificación y gestión que minimiza riesgos de inundaciones y de erosión costera.

Singapur. Fuente: Pixabay

Para poder desarrollar un modelo autóctono de urbanización sostenible, que responda a los desafíos y oportunidades de LAC, el BID apoya el fortalecimiento de las capacidades de gestión de instituciones nacionales y subnacionales, la provisión de infraestructura y servicios públicos resilientes y que minimicen el impacto medio ambiental, el fomento de la vivienda y el acceso a servicios básicos y espacio público. En este camino, la integración de los temas ambientales a los de productividad urbana es una de los grandes desafíos en los que estaremos trabajando para convertir los desafíos en oportunidades para las ciudades de la región.