Por Leilani Farha*

Ni siquiera debería ser necesario decirlo, pero la vivienda es esencial para el bienestar, y hasta para la vida misma. Es muchísimo más que un espacio o una estructura física: es donde desarrollamos nuestros primeros lazos sociales, es lo que nos une a nuestra comunidad y es algo que tiene que ver con nuestra subsistencia. Y al igual que una vivienda va más allá de sus cuatro paredes y un techo, la indigencia no se agota en la carencia de una casa.

Cuando se le pide a la gente que explique qué es un indigente, la mayoría se figura una persona que duerme en la calle, a la intemperie, sin un techo bajo el cual guarecerse. Si bien esta es una terrible realidad para muchos que carecen de vivienda en todo el mundo, esa imagen sólo representa una parte del total de la población mundial privada de un lugar para vivir.

Si uno ahonda un poco en el tema, encontrará que en el mundo hay millones y millones de personas que, aunque no se note, carecen de techo propio. Esto incluye a mujeres, niños y jóvenes que son albergados por otros, teniendo que compartir dos o tres personas un espacio pensado para uno. También incluye a familias en las que varias generaciones conviven apiñadas en pequeñas chozas que no cuentan siquiera con los servicios más básicos, y que pueden ser desalojadas –tal vez ya por segunda, o tercera vez– sin previo aviso.

Luego está ese otro aspecto de los sin techo que rara vez se menciona, y mucho menos se hace algo al respecto: la criminalización, la discriminación y la estigmatización. Las personas sin casa suelen carecer también de acceso a servicios básicos como agua y saneamiento, y hasta pueden ser multadas por realizar actividades necesarias para su subsistencia, como por ejemplo comer y dormir en espacios públicos. También se las suele tratar como “desechos humanos”, viéndose a veces obligadas a establecer su morada junto a o incluso dentro de basurales.

La falta de techo no es sólo una de las formas más extremas de privación física; también define a un colectivo que se ve sujeto a formas extremas de discriminación y violencia. Para los sin techo, se trata de un caso de doble incriminación: las leyes y las políticas generan la falta de vivienda y a la vez penalizan a los sin techo por no tener una vivienda.

Interpretar la falta de vivienda en su sentido más estrecho produce naturalmente respuestas de políticas estrechas, generalmente enfocadas en la construcción de más casas. Si bien su intención es racional, esta visión de “dar de comer al hambriento” pasa por alto las causas subyacentes de la falta de hogar y la estigmatización y criminalización de los sin techo, y al mismo tiempo elude absolutamente cualquier análisis crítico de las medidas preventivas.

Con el fin de ampliar la respuesta a este flagelo y poder dar una respuesta más efectiva, se hace necesario un cambio de paradigma. Debemos desechar el enfoque exclusivo en la circunstancias individuales que llevan a y surgen de la falta de techo y adoptar en su lugar una visión que se haga cargo de sus causas estructurales y también de sus dimensiones individualizadas.

SinTecho-UrbeOrbe2

La falta de techo no es sólo una de las formas más extremas de privación física; también define a un colectivo que se ve sujeto a formas extremas de discriminación y violencia. Foto de Chris Stephenson. Foto principal por Daniel Escalera via Flickr.

Los gobiernos deberían tomar nota de esto y asegurarse de que el derecho a la vivienda ocupe un punto central en la próxima Conferencia de las Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible, más comúnmente conocida como Hábitat III, que tendrá lugar en octubre

La raíz del problema

Si el tema de la vivienda fuera abordado como si se tratara de un derecho humano, entonces la falta de techo —visible o invisible— sería necesariamente reconocida como una falla de los Estados en implementarlo. Este cambio de perspectiva nos lleva más allá de la urgencia inicial de culpar a la víctima y pone en cambio la atención sobre la acción o inacción del Estado.

Ese abordaje dejaría al desnudo muchas de las causas de fondo de la falta de vivienda. Estas incluyen, por ejemplo, que los Estados abandonen su responsabilidad de dar protección social en el contexto de una urbanización sin precedentes; que adopten leyes y políticas que discriminan contra los sin techo; y que no se ocupen de regular adecuadamente los mercados inmobiliarios, la distribución de la tierra y a los actores privados con el fin de dar cumplimiento a sus obligaciones en materia de derechos humanos.

Hábitat III tiene el potencial de convertirse en un influyente impulso para lograr dicha meta si el derecho a la vivienda y la falta de techo se toman como factores clave en el desarrollo de la Nueva Agenda Urbana, la estrategia de urbanización a 20 años vista que surgirá de la conferencia de octubre.

Esto requerirá que los gobiernos cambien tanto su discurso como su visión de las políticas de vivienda y que comprometan recursos de una manera acorde con las obligaciones correspondientes al derecho a la vivienda. Un enfoque basado en los derechos aporta claridad, demarcando responsabilidades como también los principales próximos pasos a seguir, como por ejemplo el diseño de una estrategia nacional sobre la falta de vivienda y la adopción de definiciones más profundas sobre dicho problema.

Es necesario adoptar una definición más flexible e inclusiva que ponga el foco en los más desesperados, que reconozca a los sin techo como personas con derechos, y que tenga en cuenta las dimensiones sociales además de las causas estructurales de este flagelo.

Sumado a estos cambios, se debería dar a las personas sin techo oportunidades para que puedan reclamar sus derechos y acceder a remedios efectivos. Tribunales, cortes u organismos de derechos humanos son algunos de los ejemplos de la forma en que los Estados pueden ofrecer acceso a la justicia y garantizar que los derechos de quienes carecen de vivienda no sean ignorados.

Sin lugar a dudas, la construcción de casas debe ser parte de cualquier estrategia que busque eliminar la carencia de vivienda. Pero sólo una respuesta basada en los derechos humanos puede abordar lo que es en esencia una falla en dichos derechos.

*Leilani Farha es la Relatora Especial de la ONU sobre Derecho a la Vivienda. Este artículo apareció por primera vez en Citiscope, un portal especializado que hace reportajes sobre las preparaciones para Habitat III en Citiscope.org/HabitatIII.