35 millones de latinoamericanos y caribeños viven en las zonas urbanas costeras, las más vulnerables a los efectos del cambio climático. A pesar de la evidente vulnerabilidad de estas urbes, existen ahora pocos planes integrales para atajar los riesgos asociados a residir en la proximidad inmediata de los Océanos.

En los últimos veinte años, dos grandes tendencias han marcado las políticas urbanas: la agenda marrón y la agenda verde.

Los grandes pensadores urbanos han hecho énfasis en la agenda marrón, centrada en la justicia social en las ciudades y los problemas inmediatos de la desigualdad a nivel local, con especial atención en los problemas que enfrentan los sectores de bajos ingresos en las zonas post industriales.

Los ambientalistas, por otra parte, han impulsado con éxito la agenda verde que busca proteger los ecosistemas y la adopción de prácticas que aseguren el desarrollo humano con el menor impacto posible sobre la naturaleza.

A pesar de los éxitos de ambas agendas, la marrón y la verde, ambas han ignorado en mayor o menor escala a los ecosistemas marinos y costeros.

Un nuevo paradigma, la agenda azul, es esencial para el futuro de las ciudades. Esta agenda busca proteger los frágiles recursos costeros y marinos, y al mismo tiempo procurar economías urbanas dinámicas y productivas.

Es hora de crear políticas urbanas específicas para las características de las ciudades y asentamientos urbanos costeros.  Para ellos estamos ya tarde, es urgente crear esas políticas para protegerlas y revitalizarlas.

Los mapas que utilizamos para delinear las propuestas urbanas tienden a trazar una división clara entre el agua y la tierra, cuando en realidad los ambientes terrestres y acuáticos están inextricablemente conectados.

Muchas ciudades en América Latina y el Caribe están a la vanguardia en los planes contra el cambio climático y en esa línea han adoptado en ese sentido sus políticas urbanas y de uso de la tierra. De la misma forma, los gobiernos pueden adoptar estándares de diseño y construcción amigable con los ecosistemas costeros que incentiven a la empresa privada a abrazar la nueva “agenda azul”.

Muchas de las grandes ciudades costeras del planeta han comenzado a darle forma a la “agenda azul” y la han puesto en práctica. Algunas, como el área metropolitana de Nueva York lo han hecho después de sufrir los embates de desastres naturales, como el huracán Sandy en 2012. Capitales europeas como Copenhague, que han dependido siempre de su cercanía con el mar han hecho también lo propio.

Esos modelos solo han sido posible por la capacidad de los gobiernos centrales y locales para influenciar las políticas de desarrollo urbano que conduzcan a cambios de uso y comportamiento en los ciudadanos para proteger los océanos. Es importante imprimir esta nueva agenda tanto en la revitalización de los espacios existentes como en los desarrollos futuros.

Este enfoque además abre nuevas y prometedoras posibilidades para mejorar los asentamientos informales en las zonas costeras, de por sí los más vulnerables al incremento en el nivel de los océanos como consecuencia del calentamiento global. Esto conduciría a una mejora directa en la calidad de vida de sus habitantes y al mismo tiempo incrementaría su resiliencia ante los desastres naturales.

La adopción de la “agenda azul” en América Latina y el Caribe será uno de los puntos centrales de la discusión durante la Asamblea General del Banco Interamericano de Desarrollo y la Corporación Interamericana de Inversiones (BID-CII). Usted puede ser parte de esta conversación, que será transmitida en directo vía Livestream el día 8 de abril de 2016 a las 2.30 PM, hora de la costa Este de Estados Unidos. Expertos en diseño amigable con los ecosistemas costeros y líderes de la sociedad civil participarán en la discusión, que destacará los éxitos y los retos en este campo.

Para saber más de este tema y de los otros retos en el desarrollo urbano de América Latina y el Caribe puede registrarse en nuestro blog Urbe&Orbe y seguir nuestra cuenta de twitter @BID_Urbano