Generan cerca del 80 por ciento del producto interno bruto mundial. Son además el hogar de cerca del 52 por ciento de la raza humana. Pero también ellas emiten alrededor del 70 por ciento de los gases de efecto invernadero, una de las principales amenazas a nuestra sostenibilidad.

Sí, las ciudades son el motor económico del mundo y el principal semillero de la creatividad, pero su ya gigantesco y creciente tamaño y el consecuente impacto que generan en el medio ambiente hacen que el planificar las urbes tenga un rol central en cualquier plan para el futuro.

Quito será la ciudad anfitriona de Hábitat III, la Conferencia de las Naciones Unidas que reunirá a los principales expertos en urbanismo y sostenibilidad, quienes darán el sello final de aprobación a lo que ya se conoce como la Nueva Agenda Urbana, una hoja de ruta para la planificación y el desarrollo de los asentamientos humanos en los próximos 20 años.

La capital ecuatoriana es de hecho un excelente escenario para una discusión tan importante. Esa ciudad inició en 1993 un ambicioso proyecto de revitalizació de su centro histórico, uno de los conjuntos arquitectónicos y culturales más importantes de la época colonial en toda América Latina y el Caribe. Ese proyecto allanó el camino para convertir a Quito en una ciudad más inclusiva y eficiente para sus habitantes, mucho más allá del complejo del centro histórico.

Quito, al igual que otras ciduades de América Latina y el Caribe pueden ofrecer ejemplos para mostrar al resto del mundo por qué es importante establecer planes de largo plazo para nuestras ciudades con el objetivo de hacerlas más incluyente y abiertas a la participación tanto del sector público como privado en la elaboración de esos planes.

Pero, ¿por dónde comenzar? Hay muchos tópicos a tomar en cuenta, pero para abrir la comenzar vamos a comenzar hoy con tres:

La densidad

Las ciudades son en esencia, “la ausencia de espacio físico entre nosotros”. La magnitud de esa ausencia es un elemento central de lo que constituye una ciudad eficiente, ya que implica el grado de intensidad en el uso de los espacios. Un nivel adecuado de intensidad estimula la eficiencia y la sostenibilidad en una variedad de sectores como el transporte, el consumo energético, el uso del agua, la conectividad, la oferta de vivienda y la expresiones culturales. Pero una fórmula urbana balanceada no sólo se refiere a la densidad, sino a la distribución de esa densidad.

Los activos fijos existentes

El desarrollo de las ciudades del futuro supone mantener y revitalizar lo mejor de las ciudades actuales, incluso si esos activos están en desuso o degradados. Esto supone, claro, la restauración de espacios históricos en los que los ciudadanos puedan trabajar, vivir y hacer negocios en el mismo espacio. Esta concepción abre la puerta a nuevas y mejores formas de participación ciudadana en el desarrollo de los espacios públicos y la formulación de políticas públicas urbanas.

La innovación

América Latina y el Caribe es un vivero perfecto para la incubación de nuevas ideas. De hecho, algunas ciudades de la región son ya referentes internacionales en revitalización urbana. Medellín, por ejemplo, pasó de ser sinónimo de violencia y exclusión a ser ahora una muestra exitosa de revitalización, inclusión y progreso para sus habitantes.

El momento es ahora para que esta sea la generación que no sólo demande mejores medios de transporte, servicios, acceso a energía y servicios básicos y mejores viviendas. Es el momento para que esta sea la generación que haga realidad todas esas demandas.

Si usted quiere ver cómo se está llevando a cabo el proceso para la visualización de las ciudades en los próximos 20 años, puede unirse al seminario “El camino a Hábitat III: construir ciudades, no sólo viviendas”, durante la Asamblea Anual de grupo BID-IIC en Nassau, Bahamas. El seminario será transmitido en vivo con interpretación simultánea del inglés al español.

También puede suscribirse a nuestro blog, Urbe & Orbe y ser parte de la conversación sobre el desarrollo urbano de nuestra región.