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En un mundo cada vez más interconectado, las soluciones a problemas de la vida diaria ya no surgen solamente de los canales regulares, sino también de un número creciente de herramientas y asociaciones de base con un gran potencial transformador. Empoderados por redes sociales y sistemas de intercambio de conocimiento, nuestros jóvenes se han convertido en agentes clave en la toma de decisiones sobre cómo deben ser nuestras ciudades.

El artículo 21 de la Convención Iberoamericana de los Derechos de los Jóvenes establece la necesidad de impulsar la participación de los jóvenes en todos los sectores de la sociedad, y de promover la discusión de ideas provenientes de este grupo etario. Pero, ¿de qué manera podemos canalizar esa participación e integrarla al diseño de nuestras ciudades?

En el marco del “Día de llevar a los hijos al trabajo” del BID, la Iniciativa de Ciudades Emergentes y Sostenibles (ICES) organizó una serie de actividades para jóvenes adultos (15 a 18 años), a fin de compartir con este grupo las bases de nuestro trabajo en la región, y enseñarles cómo pueden ayudar a crear ciudades más sostenibles. Para ello, adaptamos una de nuestras herramientas de diseño más populares: el Laboratorio de Diseño Urbano (LDU), una metodología de diseño participativo que consiste en consultar a diversos actores sociales (gobiernos, sector privado, ciudadanos) sobre las problemáticas de su ciudad, y proponer soluciones para solventarlas.

Para este LDU, invitamos a 28 jóvenes a analizar cómo podemos mejorar dos zonas de la ciudad de Washington D.C. La mitad del grupo visitó Franklin Square—un espacio público a dos cuadras de la sede del BID—y la otra mitad visitó City Center—un nuevo complejo residencial y comercial ubicado a pocos pasos de Chinatown. Durante la visita, los grupos tomaron nota de sus observaciones y respondieron a preguntas tales como: “¿Cuántas paradas de bus hay en el área?” “¿Qué actividades pueden llevarse a cabo?” “¿Qué acciones pueden tomarse para mejorarla?” Algunos de ellos incluso hicieron preguntas a los dueños de las tiendas o a transeúntes a fin de llevarse una idea de qué es lo que les gusta o les disgusta de la zona.

TCW3Visita a Franklin Square. Foto: Ramón Zamora

Tras la visita, regresamos al Banco y nos dividimos en grupos a fin de trabajar en dos actividades: un ejercicio de mapa mental donde cada grupo dibujó lo observado durante la visita, y una lista de las fortalezas y debilidades observadas en el área. Cada grupo luego presentó sus hallazgos delante de todos, y finalizamos con una discusión general sobre cómo hacer que ambas zonas—Franklin Square y City Center—sean más atractivas para las personas.

TCW2Presentación de las fortalezas y debilidades de City Center. Foto: Ramón Zamora

La discusión fue sin duda la parte más interesante de la actividad. Los jóvenes lideraron la conversación e hicieron propuestas diversas para hacer de Washington un mejor lugar para vivir. Por ejemplo, sugirieron que Franklin Square podría beneficiarse de mejor iluminación, un parque para niños, una sección para mascotas, y algunas mesas para comer y socializar. También mencionaron que City Center necesita más tiendas de conveniencia, una estación de Capital Bikeshare, y menos restricciones sobre dónde comer y escuchar música. El grupo reconoció las diferencias que existen entre las dos áreas y entre la gente que vive/ trabaja en cada una de ellas, y señaló la necesidad de tomar medidas para asistir a la población sin hogar que frecuenta la zona.

Este ejercicio no solo fue inspirador para nosotros, sino que nos recordó que no podemos planear ciudades en el vacío. Para diseñar mejores urbes, que sean más innovadoras y más humanas hace falta tomar en cuenta las opiniones y preocupaciones de todos los sectores de la sociedad, incluso de los más jóvenes. Después de todo, diseñar ciudades para jóvenes es la clave para crear las ciudades del futuro.

tcw5Foto: Ramón Zamora