Uno de los principales problemas de las ciudades, cualquiera que sea su tamaño, es la gestión de la basura que se genera cada día. En muchas ciudades latinoamericanas éste es un problema crónico con implicaciones muy negativas sobre la salud y calidad de vida de sus habitantes.

Sucre (Bolivia) siempre fue conocida como la ciudad blanca, por la limpieza de sus calles y la blancura de sus edificios.  En los últimos 20 años la ciudad prácticamente duplicó su número de habitantes, alcanzando actualmente unos 280.000. Una mayor densidad, sumada a la ausencia de un sistema municipal de recolección selectiva de los residuos urbanos, naturalmente  ha deteriorado su imagen de ciudad limpia. Sin embargo, algunos barrios de la ciudad cuentan con un procedimiento de recolección que ha demostrado ser efectivo.

Se trata de Sucre Limpia y Ciudad Blanca, dos asociaciones de mujeres que gestionan un sistema puerta a puerta que se encarga de recoger  latas de bebidas y envases de plástico, y en menor medida papel, cartón y otros plásticos que no proceden de envases. Todos estos son materiales para los que hay mercado, es decir, si no se pueden vender no hay incentivos para recogerlos ya que se trata de un servicio privado cuyos ingresos dependen exclusivamente de la venta de los materiales recuperados.

Hoy en día, el 85% de las personas que trabajan en el reciclado de residuos en Sucre son mujeres, cuya labor incrementa sus ingresos,  las posiciona en el mapa social y las impulsa como empresarias y profesionales del reciclado.

Esto es producto del apoyo de la Fundación Pasos que promovió el surgimiento de estas asociaciones para que sus miembros pudieran pasar de recoger residuos por la calle, de noche y a escondidas, a hacerlo de día y con orgullo de ser empresarias que realizan un trabajo digno. ¿Cómo lo han conseguido? Diseñando unas rutas de recogida e informando previamente a los vecinos de la implantación del servicio.

Por la mañana, cada recicladora tiene una ruta que realiza 6 días a la semana; por la tarde, seleccionan los materiales recuperados. Esta selección se realiza en un centro de acopio que alquilan y pagan entre todas (antes realizaban la separación en sus propios domicilios). Las rutas las realizan con unos carritos metálicos que les permiten recuperar entre 30 y 40 kg de materiales diarios. El enfardado y la venta también se realiza de forma conjunta, lo que permite incrementar el precio final.

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Implantar este sistema ha requerido más de dos años. Para ello se contó con la colaboración de varios fondos de ayuda al desarrollo provenientes de Catalunya y de Holanda, así como una colaboración puntual del Gobierno Autónomo Municipal de Sucre (GAMS). Las acciones básicas que se llevaron a  cabo son:

  • Realización de campañas de sensibilización en los barrios donde se aplicaba el servicio de recogida, incluso con bandas de música que hacían que las personas en sus viviendas se interesaran en saber qué pasaba por su calle.
  • Elaboración de trípticos informativos para entregar en las viviendas y comercios que se encuentran en la ruta del servicio.
  • Diseño de carritos metálicos para que las  recicladoras pudieran transportar los materiales recuperados de forma relativamente fácil, así como unos sacos de color amarillo que permiten a las viviendas guardar los materiales en ellos y entregarlos a las recicladoras a cambio de otro vacío cuando realizan la ruta de recogida.
  •  Diseño y fabricación de uniformes para facilitar la identificación de las recicladoras con cada una de las asociaciones.
  •  Constitución formal como personas jurídicas de las dos asociaciones, Sucre Limpia y Ciudad Blanca, en 2014.

Pero la clave del éxito del proyecto fue la intensa capacitación que se ofreció a las recolectoras en temas como el conocimiento de sus derechos como mujeres, cómo relacionar su actividad con el entorno familiar, y cómo hacer frente a la violencia doméstica.  En definitiva, se hizo una intensa labor para aumentar la autoestima personal de este grupo de mujeres, al tiempo que se les capacitaba como líderes y empresarias.

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Todas estas actividades costaron mucho esfuerzo por parte de los formadores y de las recolectoras, pero poco a poco se ha ido consiguiendo que se reconozcan a sí mismas como personas totalmente capacitadas para realizar un empleo digno de servicio público. Todo ello se ha reconocido con la entrega, el 12 de diciembre de 2014, de un diploma que las acredita como recolectoras capacitadas para trabajar en las asociaciones Sucre Limpia y Ciudad Blanca.

Sin embargo, estos logros no significan que la sostenibilidad de estas asociaciones esté garantizada. Por ello, a lo largo de 2015, se les seguirá apoyando y se trabajará para  crear dos nuevas, gracias a la cooperación al desarrollo de la Diputación de Barcelona y la participación de Fundació Futur, Fundación Pasos y Roots for Sustainability. Esta actuación permitirá ampliar los barrios que dispondrán de servicio de recolección selectiva de residuos a domicilio. Con ello se quieren crear al menos 20 puestos de trabajo formalizados y reciclar alrededor de 100 toneladas de residuos el primer año.

Pero el principal beneficio del proyecto está sumamente claro: la dignificación del trabajo de estas mujeres al convertirlas en empresarias y capacitarlas en los necesarios procesos administrativos para la gestión de sus asociaciones y en el trato con los vecinos de los barrios a los que dan servicio. Esto es necesario para mejorar su calidad de vida,  al ampliar sus opciones de crecimiento y superación dentro y fuera del ámbito de reciclaje informal de residuos.

Pep Tarifa es socio fundador de Roots for Sustainability, empresa social especializada en la creación y fortalecimiento de empresas inclusivas con recicladores de base. Tiene un master en Ingeniería y gestión ambiental de la empresa por la Universidad Politécnica de Catalunya.