Vivienda Progresiva: desde una semilla hasta una viivenda completa, hecha y derecha

Vivienda Progresiva: desde una semilla hasta una vivienda completa, hecha y derecha

Hay países que combinan altos déficits de vivienda con severas restricciones presupuestarias. En ese contexto, la añoranza de una vivienda “digna, propia y nueva” no pasa de ser eso: una añoranza.

Nicaragua es un buen ejemplo. El gobierno estima que deben construirse 20,000 viviendas cada año para que no aumente el déficit habitacional, que afecta a casi el 90% de las viviendas del país. Es uno de los tres países de América Latina con el déficit cuantitativo más alto en zonas urbanas.

La urgencia de estos problemas de los más pobres nos obliga a buscar fórmulas realistas, viables y fuera de los esquemas tradicionales. Cuando los recursos del gobierno son muy escasos y la demanda por ellos es muy alta, es buena idea sumar el esfuerzo de la familia al esfuerzo del gobierno. Así aparece la vivienda incremental, o por etapas, o autoconstrucción progresiva. Bajo cualquiera de estos nombres, se trata de un esquema en que una familia construye un módulo básico al cual agregará poco a poco habitaciones, baño y cocina. Un proceso que toma años y con costos altos para las familias, que deben invertir sus escasos recursos en terreno, materiales y mantenimiento.

Esta práctica de autoconstrucción pone en evidencia el esfuerzo y las capacidades de familias de bajos ingresos. Un capital invisible y subestimado, que la mayoría de políticas de vivienda está desaprovechando. Pasa lo mismo con el conocimiento y las capacidades de grupos que trabajan con las familias más pobres, como instituciones microfinancieras, organizaciones no gubernamentales, cooperativas de vivienda, entre otras.

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Las políticas públicas exitosas no solo dependen de la cantidad de recursos fiscales. También dependen de saber utilizar la experticia y los recursos diseminados entre muchos actores sociales. En base a este principio, el BID y el Instituto de la Vivienda Urbana y Rural  (INVUR), en conjunto con un grupo diverso de entidades, entre ellas la Fundación PRODEL, diseñó un innovador programa piloto en Nicaragua que actualmente está en ejecución. Programas innovadores como éste requieren mucha asistencia técnica, supervisión y apoyo de parte del BID y lo hemos podido hacer gracias a recursos donados por el Fondo General de España

Este programa focaliza la entrega de subsidios habitacionales a las familias de más bajos ingresos, y complementa esos subsidios con aportes en mano de obra, ahorros de las propias familias y créditos de instituciones financieras (entidades microfinancieras y cooperativas de ahorro y crédito) para la construcción de módulos básicos progresivos o viviendas semilla. Todo ello sin descuidar que se asegure calidad, seguridad y servicios básicos. Esta opción con menores costos que una vivienda completa.

 

Además, lo novedoso del programa es que provee asistencia técnica especializada a las familias para la construcción progresiva y capacitación de mano de obra local y familiar. Ambos servicios son imprescindibles para que las familias puedan seguir autoconstruyendo según sus posibilidades y necesidades, pero teniendo la orientación y las capacidades para hacerlo.

El programa es piloto—beneficia solo a  8,000 familias, pero sin duda –y ya lo estamos comprobando con las primeras 2,500 viviendas progresivas entregadas- representa un cambio radical en las condiciones de vida de esas familias. Pero lo más importante es que hay muchas otras familias que requieren un apoyo similar. El Programa financiado por el Banco tiene por ello un objetivo más amplio, busca consolidar como política pública el apoyo a la vivienda progresiva y el modelo de asociación público privada para beneficiar a las familias más pobres y vulnerables. El BID y el INVUR están haciendo una apuesta con este programa. La apuesta es que de ampliarse su cobertura, sería un instrumento que permitiría contribuir significativamente a reducir los déficits de vivienda en el país.

Este programa será presentado por especialistas de distintas organizaciones públicas y privadas hoy jueves en el Foro Urbano Mundial en Medellín. La pregunta queda abierta: ¿Qué lecciones sacamos de este piloto? ¿A qué comunidades se adapta mejor? ¿Qué países podrían beneficiarse de él? Y, la más urgente: ¿cuánta audacia adicional es necesaria para ayudar a los más pobres?


La agenda completa de eventos del BID en el VII Foro Urbano Mundial está disponible aquí