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En la primera parte de este post les contamos acerca de uno de los impuestos “verdes” que se han creado en Ecuador en los últimos años: un cargo adicional de USD$ 0.02 a  las botellas de plástico no retornables. ¿Qué efecto tienen este tipo de impuestos sobre la informalidad? Ecuador lo diseñó no solo para estimular el mercado de reciclaje en el país sino también para promover la inclusión social de recicladores informales. No se han publicado datos oficiales, pero según algunos testimonios se ha percibido un aumento en sus ingresos. Sin embargo, el impuesto por sí solo no hace frente a las deficiencias estructurales del reciclaje informal y resalta una característica esencial de un verdadero impuesto con fines de inclusión: que lo recaudado se reinvierta en programas que beneficien a recolectores informales y que estos se vean plasmados a nivel municipal.

Zabaleen Cairo ICES

Recolector Zabbaleen en El Cairo, Foto por Flickr Mosa’aberising

Como es el caso en otros sectores de la economía informal, la recolección y reciclaje informal es una actividad de pequeña escala, de baja remuneración, de mano de obra intensiva, y es poco regulada y planificada. Las comunidades que se dedican al reciclaje informal suelen ser grupos marginales y pobres (ej. migrantes, discapacitados, minorías religiosas, entre otros) y por lo general carecen de permisos, no pagan impuestos y no forman parte de sistemas de seguridad social. No por esto dejan de jugar un rol central en la colecta y el reciclaje: en Cairo, los Zabbaleen, una minoría cristiana de alrededor de 60.000 que se ha dedicado a la recolección desde inicios del siglo XX, ha recogido más del 50% del total de la basura en esa ciudad desde 1930 y han reciclado más del 70% de los materiales, en contraste a la tasa de 10% en el sector formal. Como los Zabbaleen, en nuestra región están los pepenadores y buscabotes en México; traperos y chatarreros en Colombia; buzos en Costa Rica; y los cartoneros en Argentina, entre muchos otros. En este contexto, programas de apoyo a recicladores deben buscar no solamente una remuneración por este trabajo, sino también mejorar las condiciones en las que se lleva a cabo y eliminar el estigma usualmente asociado a la recolección.

Cartonero Argentina

Cartonero en Argentina. Foto por Flickr r. dinali

En ciudades donde se mezclan sistemas de manejo de desechos municipales y/o privados con prácticas informales—la gran mayoría—existe una evidente jerarquía económica en la red de recicladores. En la base de la pirámide están los recolectores de puerta a puerta y los recolectores de calle ambulantes, los cuales reciben ganancias no por la recolección de toda basura sino por la clasificación, procesamiento y eventual venta de materiales valiosos. Después encontramos a los compradores especializados de basura, quienes adquieren solamente materiales reciclables en industrias, comercios y hogares. Están asimismo grupos de recolección que seleccionan materiales recogidos por sistemas municipales antes de llegar a botaderos, así como también recolectores que trabajan directamente en rellenos (y que a menudo viven en asentamientos extralegales en la misma zona). Finalmente, están los intermediarios, quienes tienen la capacidad y el capital para comprar volúmenes de material suficiente para la venta a empresas e industrias; muy a menudo, su poder relativo les permite abusar de recicladores informales, pagando precios extremadamente bajos. (El libro Un maravilloso porvenir, de Katherine Boo, sobre la vida en los tugurios de Bombay, presenta un amargo y digno retrato de esta economía).

Cuenca reciclaje

Nuevo sistema de separación de desechos en Cuenca, Ecuador. Credit: Cuenca.gov.ec

Es una red compleja, pero no por eso difícil de integrar en sistemas municipales. Brasil cuenta con ejemplos de programas de inclusión que buscan encontrar más que el precio justo del reciclaje y dan apoyo organizacional y financiero directo a recicladores informales. En Londrina, el programa “Reciclando vidas” incorporó a recicladores que trabajaban en el botadero al sistema municipal de recolección selectiva, mejorando así las condiciones de trabajo y aumentando la cobertura de 10,000 hogares a más de 50,000 entre el 2000 y el 2004. Por su parte, para asegurar su participación en el sistema, recolectores ambulantes conformaron ONGs y centros de acopio independientes, los cuales fueron igualmente reconocidos por la municipalidad. El ejemplo de Londrina demuestra que, más allá de la normativa fiscal a nivel nacional, el dar apoyo a recicladores informales es finalmente competencia de las ciudades, sobre todo en localidades donde los servicios de recolección son mayoritariamente públicos.

En Quito, Ecuador, se estima que existen 3.000 recicladores; la ciudad ha creado un sistema de capacitación en el que participan actualmente 500 (el cual no está directamente conectado al impuesto verde PET). Cuenca, ciudad ICES, lidera en el reciclaje de materiales de todo tipo, en gran parte porque la municipalidad ha facilitado la recolección a nivel del hogar, a través de separación de desechos por funda y camiones recolectores con doble tolva. Esto facilita la tarea de recolectores, pero no la formaliza, por lo que la Empresa Municipal de Aseo (EMAC), busca continuamente integrar a los recicladores a Asociaciones locales.

En Ecuador, estos programas deberían crecer a través de la canalización de los fondos recaudados a través del impuesto sobre botellas PET. La reinversión es condición básica de impuestos “verdes” y es parte esencial del concepto de justicia en sistemas de reciclaje locales.