por Juan E. Cabrera, Profesor de Urbanismo de la Universidad Mayor de San Simón (Cochabamba, Bolivia) e Investigador del Centro de Investigación Territorial LEPUR de la Universidad de Liège (Bélgica)

Agua

La “guerra del agua” en Cochabamba (Bolivia, 2000) representó para algunos una victoria popular contra el neoliberalismo (Lobina 2000), aunque otros señalan que pese a frenar la privatización,  parte de la población de Cochabamba aún sufre por la ausencia de buenos servicios de agua (Kruse, 2005).  Desde entonces, quienes han asumido el rol principal en la provisión del servicio son los denominados ‘operadores locales de agua a pequeña escala’ (OLPES), entidades privado-comunitarias que lograron consolidar legalmente (Ley 2029 de Servicios Básicos, 2000) sus sistemas de autogestión de manera fragmentada.

En el Área Metropolitana de Cochabamba (AMC), 70% de 1.5 millones de habitantes se han organizado en centenares de OLPES para servirse del recurso,  particularmente 70% del mismo se obtiene a través de la perforación no-controlada de pozos semiprofundos (de 80 a 100 m.). El Centro de Documentación e Información de Bolivia estima más de 9000 para el AMC, el Plan Metropolitano de Agua en desarrollo estima alrededor de 1400.

Estas OLPES, han tenido también un impacto relevante sobre los liderazgos y configuraciones territoriales. A través del manejo autónomo de recursos hídricos y la extensión de las redes técnicas crean redes sociales herméticas que influencian en la morfología urbana. Los siguientes aspectos pueden dar idea de esta afirmación:

  • Como consecuencia de una gran migración interna nacional la década de 1980, se crearon cientos de barrios sin servicios básicos y organizaron muchas OLPES en zonas periféricas del AMC. Muchas de estas OLPES tienen hoy entre uno y cinco pozos perforados por vecinos al costo de 5 a 10 mil dólares cada uno. Estas fuentes producen caudales que satisfacen la demanda a reducidos costos, cubriendo entre el 75% y 100% de las superficies de los barrios.
  • El control de consumo y la generación de recursos económicos se relaciona con la existencia de medidores que benefician al barrio y OLPE. Los barrios con medidores cobran agua por m3 y generan plusvalías repartidas entre vecinos en forma de regalos, bonos e incentivos. En algunos casos se utilizan para ejecutar obras urbanas reemplazando o complementando las competencias municipales. Los barrios sin medidores solo logran el mantenimiento de sus sistemas cobrando por el servicio montos entre 5 y 25 Bs./mes (6.96 Bs = 1 Usd.), mientras que los barrios con medidor pagan entre 0.8 y 1.5 Bs/m3. El tiempo de servicio de OLPES alcanza de 18 y 24 hrs./día, el tiempo del servicio público entre 2 a 6 hrs/día, a un costo de 5 a 7 Bs/m3.

Estas, además de otras características parecen sugerir que la gestión no centralizada del agua sería más eficiente. Sin embargo esta modalidad de gestión  puede acarrear  riesgos ambientales y en la salud no visibles. El mayor porcentaje del agua provista por las  OLPES no es tratada, proviene de fuentes que podrían estar contaminadas y que además  están afectando los niveles freáticos. Este último aspecto produjo los últimos años varios enfrentamientos violentos por el control del recurso.

Actualmente se elabora el Plan Maestro de Agua y Alcantarillado a nivel metropolitano. La colaboración de las OLPES en la provisión de información (cantidad pozos, profundidad,  extensión de redes, etc.) será clave  para al apropiado desarrollo del Plan. En el marco de este Plan Maestro  las OLPES ya han manifestado su rechazo total a la gestión centralizada del sistema como posible solución.

En una segunda parte del artículo, expondré algunos aportes teóricos a la teoría de redes sobre esta experiencia de autogestión de agua que reconfigura las redes técnicas y determina la morfología urbana de la metrópoli cochabambina.