por: Paola Mendez – Consultora del BID en Eficiencia Energetica y Electrificacion Rural

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El sector residencial consume el 17% de la energía final en América Latina y el Caribe (ALyC). Esta energía es utilizada para entregar servicios a sus habitantes tales como iluminación, calefacción o refrigeración. Dada la dinámica de crecimiento de la población en nuestra región, se espera que la demanda de energía continúe creciendo. Buscar soluciones para proveer servicios de calidad sin aumentar el consumo de recursos, es el lema por excelencia de la Eficiencia Energética (EE).

En nuestra región existen cerca de 130 millones de viviendas en zonas urbanas, muchas de las cuales no fueron diseñadas para minimizar el uso de la energía, lo que obliga a sus dueños a utilizar mas energía de la debida para mantener las condiciones de confort al interior, es decir, para mantener niveles de temperatura, humedad y ventilación de la vivienda adecuados para sus habitantes.

Una vivienda eficiente permite no sólo minimizar el consumo de energía sino además contribuye a mejorar la calidad de vida de la población de escasos recursos. Ellos viven realidades energéticas complejas: tienen artefactos menos eficientes y en viviendas de bajo desempeño energético; utilizan combustibles de menor eficiencia y más contaminantes; lo que los obliga a gastar una proporción mayor de sus ingresos en energía o bien los obliga soportar bajas temperaturas al interior de sus viviendas en zonas frías o muy altas temperaturas en zonas cálidas.

Un ejemplo de ello es el caso de Mexicali, ciudad capital de Baja California en México, de temperaturas extremadamente altas, donde se ha evidenciado que el bajo desempeño térmico de las viviendas está ligado a problemas de sobreconsumo energético, obligando a muchas familias a consumir en verano más de 1.000 kWh en un mes por el uso de aire acondicionado. En algunos casos la situación los lleva a vivir en hacinamiento al tener que permanecer en las habitaciones, donde hay aire acondicionado y por ende, donde están térmicamente cómodos.


¿Cómo hacemos nuestras viviendas más eficientes? Por una parte, mejorando las normativas mínimas de demanda de energía para viviendas y artefactos nuevos que entrarán al mercado. En ese contexto, las certificaciones energéticas impulsadas desde hace años en Europa y que hoy están siendo introducidas en nuestra región, son una herramienta que permitirá transparentar la información al consumidor final sobre sus decisiones de compra de artefactos, e incluso de compra o arriendo de viviendas en función del desempeño energético de la vivienda. Pero es necesario, igualmente, pensar en cómo mejorar el stock de viviendas existentes que ya están diseñadas y construidas y que, sin duda, presentan el mayor desafío desde el punto de vista de la gestión pública.

Abordar este desafío, permitirá sin duda mejorar la calidad de vida de nuestras familias sin comprometer nuestros recursos energéticos. La Eficiencia Energética juega por ende un rol clave en el esfuerzo que es necesario realizar para mejorar la sostenibilidad urbana y la calidad de vida de millones de habitantes en nuestra región.