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¿Qué tienen en común los siguientes proyectos?: La construcción de una piscina en Nueva York, la creación de un parque para niños discapacitados en Nueva Jersey, la edificación de un puente peatonal en el denso centro urbano en Holanda, la realización del rascacielos más alto de Colombia, y hasta una muestra de arte urbano. La respuesta es que todos estos proyectos son iniciativas privadas que usan financiamiento colectivo o crowd funding: cooperación colectiva para obtener recursos con el fin de financiar esfuerzos e iniciativas en apoyo de una organización o un grupo de personas. Si hay crowd funding, donde se contribuye a construir mapas mediante información provista por miles de anónimos, ¿por qué no construir bienes mediante financiamiento colectivo?

Hoy por hoy, el enfoque principal de los proyectos urbanos que usan el financiamiento colectivo radica en construcciones de infraestructura no esencial, en algunos casos para embellecer ciertas áreas de una ciudad, o ayudar a los residentes a recuperar áreas públicas (o privadas), hoy degradadas, que anteriormente estaban destinadas a otros fines. Pero esta no es una idea nueva, tanto en EEUU como en América Latina existen ejemplos de finales del siglo XIX y principios del XX, de infraestructura no esencial (como parques y museos), o esencial y básica, como hospitales por ejemplo, que fueron financiados con esquemas similares. Lamentablemente esta práctica más comunitaria del desarrollo urbano se ha ido perdiendo con el tiempo. Muchas de estas nuevas iniciativas de financiamiento colectivo, no solo hacen renacer ese espíritu comunitario, sino que pueden constituir una nueva fuente de innovación en materia de desarrollo urbano.

Muchos proponentes del financiamiento colectivo se pueden sentir empoderados en incidir directamente en la planificación urbana de la ciudad, rompiendo así con las barreras burocráticas y procesos que componen la planificación de los gobiernos locales. Por otro lado un planificador urbano escéptico podría decir que la financiación colectiva podría hasta interrumpir los procesos planificación urbana ya establecidos que toman en consideración aspectos relacionados con el bienestar general y que estarían siendo obviados por el proyecto comunitario. Por ejemplo, ¿qué pasaría si un proyecto financiado colectivamente se opone directamente a la visión estratégica de la ciudad al largo plazo? Puede ser un riesgo, pero creo que los beneficios potenciales pesan más que los riesgos. El incrementar los niveles de participación ciudadana en el diseño de la ciudad debería ser un objetivo para cualquier municipalidad. Entiendo que este tipo de financiamiento puede parecer el un extremismo radical de la participación ciudadana, pero me gusta la idea. El desafío no seria solo expandir esta modalidad, me pregunto si sería posible hacerlo en intervenciones donde el foco sea también justicia social.