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La Trampa de los Grandes Números

La probabilidad de ser víctima de un homicidio en México es ocho veces más alta que en Chile. Pero, cuidado con confiarse en datos que, tal vez, le hagan preocuparse demasiado o, por el contrario, relajarse indebidamente al llegar a un país.

Si usted reside en una comuna chilena como El Bosque dentro del gran Santiago, tiene el doble de probabilidad de sufrir un homicidio doloso que si viviera en estados como Chiapas o Yucatán.

¿Dónde iría usted de vacaciones más tranquilo? ¿A Costa Rica, el país con menor tasa de homicidios de toda América Central o a la favela Cidade de Deus de Río de Janeiro, cuyos altos niveles de violencia  retratara el filme de Meirelles una década atrás?

Plaza en Santiago

¿Qué tan segura es esta plaza en Santiago?

Si de cuidar su vida se trata, a lo mejor se lleva una sorpresa: la tasa de homicidios en esa favela se ha reducido hasta acercarse a la global costarricense.

Y no es que en Río todo está bien: su tasa de homicidios todavía duplica a la de San José de Costa Rica. Sucede que la viene bajando hasta tener hoy la menor en las últimas dos décadas, gracias a un exitoso programa de pacificación focalizado en las zonas de mayor conflictividad.

También Chile ha innovado en prevención del crimen (apoyado por el BID), logrando reducir el porcentaje de víctimas de delitos al menor nivel de los últimos 8 años.

Esto no significa que no haya áreas específicas donde todavía quede mucho por mejorar. Por eso, así como usted, por falta de información precisa, podría pararse sin mayor temor en una esquina de alto riesgo de una ciudad en promedio poco violenta, también los gobiernos pueden cometer el error de fiarse de la trampa de los grandes números a la hora de diseñar y monitorear planes contra el delito.

Lograr que progresos como los de Chile o Río se consoliden requiere cada vez más de la lógica del detalle. Los datos de delito a nivel de barrio son mejores que a nivel de ciudad, e incluso los datos a nivel de una cuadra valen más que las de un barrio. Un telescopio no alcanza para entender estos problemas. Si lo llaman a gobernar la seguridad ciudadana, no olvide cargar en su maletín un microscopio con lente de máxima calidad.

Jorge Srur
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