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8 Ago 2017

Millennials argentinos: ¿están preparados para la revolución 4.0?

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Puedes descargarte el estudio, Compás Millennial: La generación Y en la era de la integración 4.0, por medio del siguiente enlace.

Si uno busca en Google la palabra Millennial, aparecen principalmente fotos de jóvenes, de sectores económicos acomodados, modernos y felices sacándose una selfie. ¿Esta es la imagen que tenemos de los Millennials? ¿Qué características tienen los jóvenes de esta generación?

Los Millennial comprenden aquellas personas nacidas entre 1980 y el 2000, en pleno surgimiento de la era digital, de internet. En los últimos años, se han desarrollado gran cantidad de estudios que investigan acerca de estos jóvenes y en general se los describe como un grupo etario homogéneo, con rasgos comunes. Se dice que tienen características notorias, diferentes a la generación X que los antecedió, que son flexibles, que buscan la inmediatez por el efecto que ha tenido internet en sus vidas y que se comunican cada vez menos cara a cara por el impacto de las redes sociales.

¿Por qué entonces desde el INTAL/INT quisimos investigar sobre los Millennials argentinos?

Representan en este país a un 28% del total de la población y son justamente aquellos jóvenes que cuando tienen que salir al mercado laboral se enfrentan con esta nueva era tecnológica, la revolución 4.0 signada por la cultura maker, la robótica, la inteligencia artificial y la internet de las cosas que amenaza con destruir miles de puestos de trabajo. Pero la interrogante no es sólo en qué medida los robots reemplazarán puestos ocupados por trabajadores, sino también cuál será el ritmo de esta transición, cómo la implementarán las empresas, qué respuestas brindará la educación y si la innovación creará nuevos empleos, perfiles y tareas en la misma magnitud en que se destruyen los que prevalecieron en el modelo productivo anterior.

Los Millennials de todo el mundo se enfrentan a estos desafíos, pero los Millennials argentinos tienen dos desafíos adicionales. En primer lugar, porque viven en una región donde una parte sustancial de sus exportaciones se concentra en actividades que corren más riesgo de ser automatizadas, como la manufactura intensiva en mano de obra y la extracción de recursos naturales. Y en segundo lugar porque viven en una región que es la más desigual del mundo, por encima incluso de África Subsahariana.

Frente a estos desafíos nos surgieron algunas interrogantes:

¿Están preparados los jóvenes argentinos para el cambio tecnológico? ¿Qué habilidades tienen? ¿Hay brechas de género? ¿Son un grupo homogéneo que tiene una misma visión del mundo o, por el contrario, tienen percepciones y miradas diferentes según sus niveles socioeconómicos? ¿Qué opinan sobre América Latina?

A diferencia de otros estudios de Millennials que trabajan sobre un grupo reducido de jóvenes, en general de clases media-alta y tecnológicos, esta investigación surgió de una encuesta sobre una muestra representativa del total de los jóvenes argentinos entre 18 y 34 años, la cual fue complementada con un análisis cualitativo a través de entrevistas en profundidad y grupos focales a jóvenes de diferentes sectores socioeconómicos.

¿Cuáles fueron los principales resultados de esta investigación?

América Latina es la región más valorada por los Millennials

Un 54% tiene una visión positiva sobre ella, incluso por encima de Europa, China, EE.UU. y Rusia.

Además, América Latina es la región con la cual los jóvenes más prefieren que Argentina se integre comercialmente: un 64% está a favor de ello, a lo cual le sigue Europa con un 49%, China con un 39%, EE.UU. con un 37% y por último Rusia con un 30%.

Sin embargo, consideran que esta integración hay que realizarla con algunos reparos: la mayoría cree que hay que permitir que vengan trabajadores de otros países, siempre y cuando haya empleo disponible, es decir no están en general de acuerdo con políticas ni de apertura irrestricta ni de prohibición total de la llegada de inmigrantes. Además, se observan diferencias por nivel socio-económico: el porcentaje de jóvenes que está de acuerdo en poner límites estrictos a la llegada de extranjeros, se incrementa considerablemente en los jóvenes de nivel socioeconómico bajo y se reduce en los de nivel socioeconómico alto, lo cual parecería ser lógico dado que los niveles de desempleo, subempleo y precarización afectan en mayor medida a los sectores más bajos y además porque el empleo de los inmigrantes compite en su mayoría con el de ellos.  

A pesar de que el 93% de los jóvenes tiene teléfono celular con acceso a internet, sólo un 25% declaró haber realizado alguna compra o venta a través de comercio electrónico en el último mes. Nuevamente aquí observamos diferencias por nivel socioeconómico: el porcentaje de los Millennials del sector más alto que realizó una transacción de este tipo duplica al del sector más bajo, lo cual es a priori predecible principalmente por un tema de ingreso.

En relación al trabajo, y contra lo que comúnmente se dice de esta generación, vemos que para un 90% el trabajo ideal es aquel que provee seguridad laboral/estabilidad, un buen sueldo y empleo en blanco. No obstante,

el 50% de los Millennials argentinos aspira a tener su propio negocio o trabajar por su cuenta, e indican que el principal obstáculo que enfrentan para ello es el acceso al crédito.

Si bien un 84% reconoce tener habilidades tecnológicas, hay grandes disparidades por nivel de ingreso. Por ejemplo, los jóvenes del sector bajo que no tienen ninguna habilidad superan ampliamente a los del sector alto que no tienen ninguna (21% vs 1%).

Asimismo, sólo un 27% aplica las nuevas tecnologías frecuentemente en su trabajo y apenas 2 de cada 10 elegirían un trabajo que incorpore tecnología. Vemos también que para un 51% es más importante tener educación formal que saber de nuevas tecnologías para buscar empleo, mientras que sólo un 20% considera lo opuesto. De esta manera, en los ámbitos laboral y educativo no se evidencia aún una ruptura con el modelo tradicional, prefieren el no uso de la tecnología.  

Fue realmente sorprendente ver como dedican más de 4 horas al día a chatear por celular, y 3 horas a navegar por la red. Y usan internet principalmente para estar en las redes sociales (92%) o chatear (60%). Sólo un 12% las utiliza para trabajar y sólo un 19% para estudiar. Es decir, la tecnología -en particular Internet, telefonía móvil y redes sociales- se encuentra profundamente internalizada en los jóvenes de todos los segmentos socioeconómicos, que la usan principalmente como una herramienta cotidiana de entretenimiento y socialización. Pero se atenúa su aplicación en el ámbito laboral, la capacitación, el acceso a información y en el uso de e-commerce y de plataformas colaborativas, a excepción de un grupo reducido de jóvenes que tienen un vínculo más cercano con la tecnología y que son de un nivel socioeconómico alto, habitan en la Ciudad de Buenos Aires, y son principalmente hombres.

Quisimos conocer en qué medida los Millennials estaban abiertos a incorporar nuevos hábitos de consumo asociados a la economía colaborativa, es decir comprando menos y alquilando más, por ejemplo, un auto, ropa, libros, etc. Vemos que la adhesión es aún muy baja: sólo un 10% está dispuesto a adoptar estas nuevas costumbres.

Se observa entonces que sigue estando fuertemente arraigado el concepto de propiedad privada en esta generación.

En relación a lo anterior, también preguntamos sobre cuán dispuestos estaban a incorporar otros hábitos en el futuro como votar a través de una máquina electrónica, en vez de hacerlo con boleta en papel, o pagar las cuentas en internet, en vez de pagar en el banco, o pagar con tarjeta de crédito en vez de usar efectivo. Sorprendentemente, concluimos que sólo entre un 25% y un 30% son permeables a estos cambios de costumbres más tecnológicos.

Y con respecto a tecnologías exponenciales, consultamos si estarían dispuestos a andar en un vehículo sin conductor, ser operado por un robot, y comer carne artificial. Nuevamente contra lo que uno pudiera esperar de esta generación de nativos digitales, el nivel de adhesión a estas nuevas tecnologías es nuevamente relativamente bajo: sólo entre un 15% y un 25% está de acuerdo. Es decir, una vez más, los Millennial argentinos, aún tienen una posición mesurada, cautelosa frente al cambio exponencial, lo cual queda también en evidencia cuando observamos que el 72% cree que la ciencia y la tecnología pueden poner en peligro nuestros empleos.

A modo de resumen, los principales hallazgos de esta investigación fueron: a) Latinoamericanistas. Sin distinción ideológica, América Latina es la región que despierta las opiniones más favorables; b) Subutilización tecnológica. Si bien el 93% tiene celular con acceso a Internet, la mayoría no emplea la tecnología en su trabajo diario, ni tampoco la utiliza para capacitarse, buscar empleo o informarse; c) Brecha digital. A pesar de que el 84% asegura poseer algún conocimiento informático o tecnológico, hay importantes diferencias por nivel socioeconómico. Observamos que el vínculo con la tecnología en el ámbito laboral y académico está fuertemente vinculado con la condición social; d) Desconfianza exponencial. Contra lo que uno pudiera pensar, tienen desconfianza frente a las nuevas tecnologías y a las instituciones. Sólo un 25% está dispuesto a adoptar las tecnologías exponenciales, y 7 de cada diez creen que la tecnología destruirá puestos de trabajo; y e) Futuro personal optimista. Si bien admiten que la tecnología y la robótica pueden reemplazar puestos de trabajo, los jóvenes tienen altos niveles de autoestima y confianza personal: un 90% confía en sus habilidades y además creen que el mañana será mejor: 7 de cada 10 jóvenes consideran que gozarán de una mejor vida que sus padres.

Esta investigación buscó por lo tanto profundizar el análisis y la conceptualización acerca de esta generación, lo cual permitió desmitificar algunas miradas reduccionistas y parciales que se tiene sobre ella. El desafío es ahora cómo lograr que todos los jóvenes, no solo los del sector socioeconómico más alto, se suban a esta ola tecnológica, permitiendo disminuir la brecha de ingreso y de género que aún prevalece en nuestra sociedad.

 

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