Por Sebastián Martínez.

Una evaluación realizada recientemente en Mozambique muestra que las intervenciones de Desarrollo Infantil Temprano (DIT) pueden implementarse con éxito, ser evaluadas rigurosamente y tener un impacto directo en el diálogo sobre políticas nacionales, incluso en entornos exigentes que cuentan con recursos limitados.

A partir de 2008, Save the Children implementó un programa preescolar comunitario en las comunidades rurales de la provincial de Gaza al sudeste de Mozambique. Mis coautores ―Sophie Naudeau, Vitor Periera― y yo llevamos a cabo lo que fue, según sabemos, la primera prueba aleatoria controlada de centros preescolares en África. El programa  proporcionó el financiamiento inicial para la construcción, equipamiento y contratación de personal para los centros preescolares en una zona gravemente afectada por la epidemia de VIH-SIDA, en la que 1 de cada 10 niños son huérfanos. El modelo de los centros preescolares es de bajo costo. Cada aula tuvo un costo de $1000 y las comunidades donaron materiales locales y la mano de obra. Estimamos que, en total, el programa tuvo un costo de menos de $30 anuales por estudiante.

Para realizar esta evaluación, llevamos a cabo una encuesta en 2000 hogares con niños de entre 3 y 5 años de edad y alrededor de 1000 estudiantes de primer grado en 76 comunidades en evaluación. Dos años más tarde, cuando comparamos a los niños de comunidades seleccionadas al azar para el programa con los niños de comunidades no seleccionadas, encontramos que la participación de los niños en centros preescolares aumenta la probabilidad de matriculación en la escuela primaria y que los niños están mejor preparados para la escuela, según las mediciones de sus capacidades cognitivas, sus habilidades para la resolución de problemas, su desarrollo socioemocional y su motricidad fina. Además, el programa demostró tener externalidades positivas tanto en los hermanos mayores de los niños en edad preescolar, quienes tenían más probabilidades de ir a la escuela, como en los padres y personas encargadas del cuidado de los niños, que aumentaron su oferta de trabajo.

¿Qué lecciones podemos aprender de esta experiencia para el DIT en América Latina y el Caribe (ALC)? ¡Mozambique está muy lejos de ALC! Pero creo que vale la pena destacar algunas lecciones importantes relacionadas con la forma en que se implementó y se evaluó este programa:

En primer lugar, es posible implementar programas de alta calidad en entornos difíciles a bajo costo si se aprovechan los recursos locales. En Mozambique, aun sin maestros capacitados formalmente para dotar de personal a los centros preescolares, el programa seleccionó y entrenó a instructores provenientes de las comunidades y les proporcionó supervisión continua en las actividades de clase para ayudar a garantizar la calidad de la enseñanza. La mayoría de los materiales didácticos de los centros preescolares, tales como juegos y rompecabezas, fueron confeccionados por artesanos lugareños con materiales disponibles en las localidades. Y como los centros preescolares eran propiedad comunitaria, esto contribuyó a asegurar que los padres se comprometieran a invertir su tiempo en el mantenimiento de las instalaciones.

En segundo lugar, la introducción de modelos nuevos e innovadores de DIT debe ir de la mano con la generación rigurosa de evidencias. Los programas piloto pequeños como este son excelentes candidatos para las evaluaciones experimentales, ya que la limitación de recursos implica que el programa no pueda llegar ni a todas las comunidades ni a todos niños. En este caso particular, se disponía de fondos para patrocinar solamente a 30 de las 167 comunidades elegibles en las zonas de intervención. El paso crítico para lograr una evaluación sólida del impacto conseguido era coordinar la selección de las comunidades antes de que el programa fuera lanzado y acordar que el mecanismo de selección sería aleatorio. Los reducidos costos operacionales en que se incurrió para sentar las bases de una evaluación experimental  dieron resultados muy fructíferos: saber si este innovador programa realmente funciona o no.

En tercer lugar, para que los resultados de la investigación causen impacto en las políticas, es importante involucrar a las audiencias de dichas políticas en el programa y en el diseño de su evaluación desde el principio. En este caso particular, aunque este no era un programa gubernamental, integramos un comité directivo con miembros de los ministerios del gobierno y otros donantes para que asesoraran en la evaluación desde el inicio. En cada visita a Mozambique poníamos al comité al corriente de los avances y les mostrábamos los resultados preliminares. Cuando se completaron los resultados del impacto, los responsables clave de la elaboración de políticas ya estaban familiarizados con el proyecto, entendían la investigación y estaban en capacidad de utilizar esta experiencia para desarrollar políticas públicas. Ahora Mozambique está en el proceso de ampliar la iniciativa de DIT a una escala mucho mayor, dirigida por el gobierno, y el tema está sólidamente arraigado en la agenda según la cual se establecen las políticas.

Creo que podemos aprender mucho de estos resultados y aplicarlos al contexto de América Latina y el Caribe. Sería interesante aprender de sus experiencias y saber cómo creen ustedes que el éxito del programa en Mozambique podría reproducirse en nuestra Región. ¿Tienen alguna idea?

Sebastián Martínez es Economista Líder en la Oficina de Planificación Estratégica y Efectividad en el Desarrollo del Banco Interamericano de Desarrollo donde apoya el trabajo de la unidad en evaluaciones de impacto en el sector social, incluyendo temas relacionado a desarrollo humano e infraestructura.

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