por Ricardo Pérez-Cuevas. 

Cuando escuchamos la palabra “dieta” la mayoría de las personas imagina una conversación en un club, entre amigas o amigos preocupados por unos kilos de más. Lo que no imaginamos es que éste sea un tema de conversación prioritario entre políticos de América Latina. Sin embargo, ¡es urgente que lo sea!

¿Por qué?

Diferentes estudios reportan que el sobrepeso y la obesidad aumentan de manera acelerada en América Latina en los últimos años. Y esto sucede no sólo en adultos, sino en niños. Por ejemplo, en Brasil se reportó un incremento de niños de 10 a 12 con sobrepeso y obesidad de 23% a 39% en un período de sólo 4 años (2004-2008). En México, la prevalencia de sobrepeso en niños de 5-11 años es de 17.3% y en Argentina ésta es de 27% en niños de 10-11 años.

Algunos de los factores asociados al incremento en el sobrepeso tienen que ver con lo que los especialistas llaman “vivir en ambientes obesigénicos”. Estos ambientes se caracterizan por estilos de vida poco saludables con escasa actividad física, tiempos prolongados de exposición a pantallas de televisión, video juegos y computadora, menos horas de sueño de las recomendadas, restricciones en el acceso a una alimentación sana, y mayor disponibilidad de alimentos de bajo costo con un alto contenido calórico.

Las consecuencias del sobrepeso y la obesidad son prácticamente inmediatas en la salud, en el ámbito social y escolar. Los niños y niñas con estas condiciones tienen mayor probabilidad de ser obesos en edades posteriores y padecen múltiples problemas de salud en el futuro como, por ejemplo, mayor riesgo de enfermedades crónicas y cardiovasculares. Los estudios demuestran que los niños con sobrepeso u obesidad acuden al médico con una frecuencia tres veces mayor que los niños con peso regular. Es decir, cuidar su salud genera mayores gastos. A su vez, estas condiciones tienen consecuencias psicosociales porque generan estigmas, bajan la autoestima y pueden resultar en bullying. También están asociadas al aislamiento social y el bajo rendimiento escolar.

La obesidad infantil es prevenible. Existe evidencia de la efectividad de intervenciones que, en su mayoría, suponen trabajo con las comunidades para lograr cambios de comportamiento en las familias. Estas incluyen cambios en los hábitos de alimentación, sueño, ejercicio y el tiempo de exposición a las pantallas de TV y computadora.

En conclusión, las agendas de salud pública de América Latina y el Caribe debe incluir el tema de la prevención del sobrepeso y la obesidad infantil. Esta intervención es estratégica por sus beneficios presentes y futuros, al reducir también el riesgo de enfermedades crónicas cuando estos niños sean adultos.

Ricardo Pérez-Cuevas es especialista sénior en protección social y salud del BID en México. Actualmente colabora en estudios de investigación y en el diseño y evaluación de políticas y programas de salud enfocados a mejorar los servicios de salud para la atención de enfermedades no transmisibles y de prevención de sobrepeso y obesidad.

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