*Por Christine Platt

Al siglo XXI se lo llama el “siglo urbano”, y el mundo entero está acertadamente prestándole atención al desafío que representa el crecimiento de las ciudades cuando se busca adoptar la Nueva Agenda Urbana. Una manifestación de lo anterior es la inclusión del objetivo “urbano” dentro de los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible, que se proponen conformar un marco globalmente acordado que guie el desarrollo de los siguientes quince años.

Sin embargo, dos interrogantes que muchos se han hecho giran en torno a por qué hay tanta preocupación por las áreas “urbanas” hoy día, y qué implica esto para sus contrapartes “rurales”. Frente a esa percepción de fijación con la agenda urbana, se está gestando una progresiva preocupación por la suerte de las áreas rurales.

La respuesta es realmente sencilla. Considerar a las áreas “urbanas” y “rurales” como dos áreas separadas y/o que compiten entre sí, es erróneo y engañoso. Lo urbano y lo rural no constituyen una dicotomía. Son dos aspectos de un mismo espectro y deben ser considerados elementos indivisibles del asentamiento humano en diferentes escalas, caracterizados por flujos de personas y recursos en ambos sentidos.

Lo urbano y lo rural están inextricablemente asociados y no pueden ser abordados independientemente el uno del otro. Son económica, social y ambientalmente interdependientes.

La necesidad de considerar específicamente a la agenda urbana surge del reconocimiento de los cambios profundos que están sufriendo las áreas urbanas y, que a lo largo de este siglo, afectarán en una escala jamás vista a las vidas de las personas.

El desafío de una urbanización acelerada, así como las consecuencias de no estar preparados para tal proceso, son de relevancia mundial. Fallar en construir los cimientos correctos planificando el desarrollo que sabemos con certeza que ocurrirá, devendría en la perpetuación de la pobreza y la proliferación de asentamientos precarios, la expansión insostenible de áreas urbanas y la provisión inadecuada de infraestructura. Las consecuencias de dicha carencia sobre la salud, seguridad y protección serían colosales.

La creciente huella de las ciudades está avanzando sobre áreas de producción de alimentos en muchos lugares, convirtiendo a la seguridad alimentaria en un asunto cada vez más importante en sitios tan diversos como Canadá, Sudáfrica y Australia. La planificación de áreas de captación, a fin de proteger el suministro de agua, será progresivamente más crítica para satisfacer regiones metropolitanas crecientes.

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Entretanto, la despoblación de áreas rurales, la reducción de productores agrícolas, y la corporatización de la agricultura, están teniendo impactos igualmente profundos en las áreas rurales. En Francia, por ejemplo, la mano de obra agrícola se ha recortado en un 60% desde la década de 1970, y la cantidad de haciendas ha caído de 2,3 millones en la década de 1950 hasta 735.000 en 1995. A su vez, el tamaño promedio de cada finca ha ido en aumento.

En Nueva Zelanda, se prevé que la cantidad de granjas lecheras caerá cerca del 40% durante los próximos 15 años. En Suecia, se vaticina que alrededor de la mitad de las fincas cesarán sus negocios durante la próxima década. Y en la región de Mindanao, productora de maíz, en las Filipinas, la organización Oxfam estima una caída de hasta el 50% en el número de hogares agrícolas en los próximos años.

Este es un proceso que claramente no suma cero. Por tal motivo, el  Objetivo de Desarrollo Sostenible n°11 — “Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles” — incluye la Meta 11.a: “Apoyar los vínculos económicos, sociales y ambientales positivos entre las zonas urbanas, periurbanas y rurales mediante el fortalecimiento de la planificación del desarrollo nacional y regional”.

Los centros urbanos, ya sean pequeñas aglomeraciones rurales o amplias conglomeraciones metropolitanas, son puntos focales para el crecimiento económico, espacios propicios para el desarrollo de economías de aglomeración. Por lo tanto, es primordial que reforcemos la planificación y desarrollemos nexos fuertes entre dichos centros a fin de maximizar el potencial de desarrollo de cada uno de ellos. De esta manera, se pueden considerar plenamente las necesidades de desarrollo de todas las áreas a lo largo del espectro, fortaleciendo los nexos económicos, sociales y ambientales entre ellos.

A pesar de los cambios que están produciéndose en las áreas rurales, la población rural de África aún es significativa. De hecho, se prevé que crecerá a una tasa similar a la de la población urbana, lo que equivale a alrededor de 420 millones de personas durante los próximos 20 años. Sin embargo, gran parte de dicho crecimiento poblacional ocurre en pequeñas aglomeraciones rurales con poblaciones inferiores a los 20.000 habitantes. Así, estas pequeñas aglomeraciones están rápidamente camino a convertirse en núcleos de crecimiento urbano, a la vez que forman significativas áreas de enfoque emergentes.

Planificación ponderando el contexto

Una planificación integrada que contemple el contexto, se convierte en algo esencial si queremos cumplir con las necesidades de desarrollo de todo el espectro. Por tal motivo, la Nueva Agenda Urbana, resultado esperado de la conferencia de Habitat III, claramente subraya la integración y el contexto como principios subyacentes esenciales a la planificación de un futuro urbano sostenible.

Las Directrices Internacionales sobre Planificación Urbana y Territorial, que fueron aprobadas en el  Consejo de Administración de la ONU-Habitat en Nairobi el año pasado, reflejan este pensamiento sinérgico. Dichos lineamientos se basan en la noción de que las áreas urbanas se planifican de manera integrada.

Estas directrices incluyen referencias a “sistemas equilibrados de ciudades y otros asentamientos humanos”. Tratan acerca de conexiones, aglomeraciones, sinergias, y de “economías de escala y conglomeraciones entre ciudades vecinas, así como con las zonas rurales más próximas”. También se hace referencia a las “complementariedades urbano-rurales”.

La creciente importancia de la agenda urbana no debe ser ignorada. Pero la planificación de un futuro urbano sostenible no puede llevarse a cabo sin abordar los complejos nexos que atraviesan a los diversos niveles de asentamientos humanos. No hay dilema si reconocemos la interconectividad de los lugares en los que vivimos, independientemente de cuán grandes o pequeños sean.

* Este artículo apareció por primera vez en Citiscope, un portal especializado que hace reportajes sobre las preparaciones para Habitat III en Citiscope.org/HabitatIII.