Un espacio para ideas y soluciones en seguridad ciudadana y justicia en América Latina y el Caribe

Crisis en las cárceles: 5 principios para reformar los sistemas penitenciarios

Segundo de dos posts sobre reformas de los sistemas penitenciarios, basado en mi intervención en el primer Congreso Internacional de Política Penitenciaria y Carcelaria, llevado a cabo en Bogotá el 2 de junio de 2017. 

Las altas y crecientes tasas de encarcelamiento en la región no han coincidido con reducciones en el crimen y la violencia. Sabemos que las cárceles no son la solución. Pero si tenemos que recurrir a ellas debemos de hacerlo lo más humanamente posible.

Si bien la literatura en este tema todavía es incipiente en la región, cada vez sabemos más sobre qué funciona para mejorar la rehabilitación y reinserción de las personas privadas de libertad.  Y están surgiendo modelos innovadores de gestión penitenciaria, menos punitivos, basados en los derechos humanos, y con un fin resocializador.

Comparto 5 lecciones que hemos aprendido tanto de la evidencia internacional como de nuestras experiencias con distintos proyectos en países de la región.

  1. La primera es que la infraestructura carcelaria debe de desarrollarse en función de la rehabilitación. Si vamos a construir más cárceles, asegurémonos que sean mejores cárceles. Esta foto son las nuevas instalaciones en una de las nuevas unidades productivas que hemos apoyado en Costa Rica. Con estas unidades lo que se buscó fue dignificar el espacio carcelario utilizando un principio de “normalidad” que las asemeja a campus universitarios, con instalaciones que cumplen con la normativa de derechos humanos en infraestructura penal, contando a la vez con modernos estándares de seguridad; y facilitan la actividad recreativa, la capacitación de las personas privadas de libertad que se encuentran al final de sus condenas.

    ¿Cárcel o campus? Nuevas instalaciones de la Unidad de Atención Integral en La Reforma, en Costa Rica

  1. La segunda lección es que más que enfocarnos en construir cárceles, el enfoque debe de ser en el modelo de intervención. En nuestro proyecto en Pacora en Panamá donde están 28% de los menores privados de libertad del país, se ha priorizado el desarrollo personal de los jóvenes. Existen más de 12 programas diferentes los cuales se asignan de acuerdo a las evaluaciones de riesgos y necesidades de los privados de libertad. La idea es que los jóvenes pasen la mayoría de su tiempo en actividades productivas, recreativas, educativas. Cuando tuve la oportunidad de visitar este proyecto en Pacora, lo que más me impactó, aparte del gran trabajo que realizaban los jóvenes, era la sensación de esperanza que había en estos talleres. Uno de los jóvenes nos dijo que antes, si a él le hubieran ofrecido un pincel y una pistola, hubiera escogido la pistola. Pero ahora escogería el pincel ya que tiene sueños de convertirse en un artista famoso.

    Clase de panadería en la cárcel de Pacora, Panamá

  1. Otra lección importante que hemos aprendido es que aparte de capacitar a las personas en destrezas técnicas, es clave apoyar el desarrollo de cambios comportamentales y habilidades blandas. Muchas veces las barreras a la reinserción en la sociedad tienen más que ver con la carencia de comportamientos adecuados en ámbitos de trabajo, que la falta de destrezas técnicas. Esto aplica también a jóvenes vulnerables fuera de las cárceles que muchas veces terminan delinquiendo al no estar insertados en la fuerza laboral formal con trabajos dignos.
  2. Un aspecto clave que no debemos dejar por fuera es el tema de la gestión penitenciaria. Muchas veces se les echa la culpa a los custodios por ser corruptos y permitir que los privados de libertad continúen delinquiendo. Pero he visitado muchos centros penitenciarios de la región en los cuales los custodios viven y trabajan prácticamente en las mismas condiciones que los reclusos. Vienen de los mismos barrios. Debemos dignificar el trabajo de los custodios, por compensarlo adecuadamente y por entrenarlos para que puedan contribuir a la rehabilitación de los reclusos. De hecho, en nuestro proyecto en Pacora, se entrenó a personal de la cárcel para que pudiera gestionar efectivamente los diversos talleres de rehabilitación. Otra barrera para la gestión penitenciaria es la falta de información y datos. En muchos casos, los encargados de prisiones no saben cuántas personas están en sus cárceles, ni con qué perfiles y necesidades. Al mejorar los sistemas de información en las cárceles podemos construir intervenciones de rehabilitación mejor dirigidas. Si bien las tecnologías pueden ayudar, es importante recordar que la tecnología es un medio y no el fin en sí.
  1. Finalmente, un factor indispensable para facilitar la reinserción de las personas privadas de libertad es fomentar los lazos con las familias y el sector privado. Un aspecto clave de nuestros proyectos en cárceles ha sido involucrar a las familias en el apoyo sicosocial que se le da a los privados de libertad. Por otra parte, el involucramiento del sector privado es clave y debe de ir más allá de las concesiones para construir cárceles. Primero, el sector privado genera oportunidades de trabajo para las personas privadas de libertad mientras siguen en la cárcel. Segundo, los introduce a opciones laborales en el mercado formal, lo que facilita el desarrollo de destrezas que serán claves para su reinserción. Y finalmente, también sirve para sensibilizar a los empresarios y a personas de la sociedad civil sobre los reclusos, demostrándose que son personas perfectamente capaces.

Cada vez, tenemos mayor conocimiento de qué funciona y qué no funciona en materia penitenciaria, y debemos ponerlo en práctica antes de reinventar la rueda. Aunque lo ideal es que las personas no lleguen a la cárcel, en este momento en la región tenemos una población penitenciaria de cientos de miles de personas que debemos atender. Solo así podremos asegurarnos que nuestras cárceles no sean depósitos de personas sino espacios rehabilitadores de segundas oportunidades.

Los invitamos a suscribirse a nuestro blog Sin Miedos para no perderse ningún post futuro

Nathalie Alvarado
Sobre el autor
Nathalie Alvarado es la coordinadora del área de seguridad ciudadana y justicia del Banco Interamericano de Desarrollo. Ella tiene más de 15 años de experiencia en el diseño y la implementación de proyectos en esta área, ha liderado el proceso de definición del marco de acción del BID en este campo. Alvarado es abogada de la Universidad de Lausanne, Suiza, y posee un magister en derecho económico de la Universidad de Bruselas.
  1. Pablo Betancurt Reply

    Estimada Nathalie
    Comparto totalmente esta síntesis de cinco principios o mejor dicho lecciones que ha dejado su vivencia. Le escribo desde Uruguay, y creo que más allá de contextos algo diferentes, las realidades carcelarias de Latinoamérica son muy similares y los puntos de abordaje también lo son.
    En lo personal me preocupa muchisimo que todo esto que plantea y que comparto , resulta extremadamente dificil llevarlo adelante y observo como cada día lejos de mejorar la situación la misma se va agravando.
    Percibo que adicionalmente a los problemas propios de los sistemas carcelarios , se une la falta de compromiso de la sociedad y del empresariado.
    Es más el revanchismo y el deseo de que la carcel y todos sus males sea el destino inevitable para la gente de delinque que un medio para su recuperación.
    Es una afirmación que va construyendo una cultura que lentamente se arraiga en la conciencia social de que no vale la pena hacer nada por esta gente.
    Gracias igual por compartir su experiencia. Aún con esa idea medio pesimista creo que hay que seguir dando batalla para hacer algo .
    Saludos
    Pablo Betancurt

  2. Iván González Amado Reply

    El modelo de tratamiento penitenciario es deficiente y es preciso que se vincule con un objetivo concreto de la vida en libertad, proporcionando, además, acompañamiento al ex convicto durante el año siguiente a su liberación

  3. Rafael Fabian Reply

    En la República Argentina, el modelo de Tratamiento Penitenciario es la aplicación individualizada de tegnicas multidisciplinarias, tendientes a neutralizar o eliminar aquellas influencias criminosas que dieron lugar a que un individuo eliga el delito……tiene como denominador la Progresividad del Régimen Penitenciario, y su marco legal reside en la Ley 24.660 de Ejecución de la Pena Privativa de la Libertad…Este conjunto de normas jurídicas tiene institutos encumbrados de grandes nociones humanísticas, educativas y sociales, previendo un enfoque integral a lo que hace al condenado, su familia y el Personal a cargo de la supervicion de su estadía intramuros….Lo que hace dificultoso las metas enumeradas en la Ley mencionada, es justamente, lo edilicio, los puntos ciegos en la aplicación de determinados mecanismos, como ser la calificación semestral de la conducta y el concepto del interno, como así también, los mecanismos sancionatorios, en caso de inobservancia de las normas que regulan la vida en prisión de parte de los condenados, sin dejar de ver, la no muy clara delimitacion de responsabilidades existente entre la administración penitenciaria y los Juzgados de Ejecución Penal…..Para finalizar, es menester destacar, el profesionalismo puesto de manifiesto del Personal Penitenciario, mas aun en el sistema federal, en la cual, sus Institutos de Formación, son exclusivos de la actividad, muy por el contrario a otros servicios penitenciarios, en la cual dicha tarea es ejercidas por fuerzas de seguridad con una orientación, capacitacion y entrenamiento muy diferente a llevar a cabo dentro de una Unidad Penitenciaria……

Dejar una respuesta

*