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Qué dicen los estudios sobre el racismo en la actuación de la policía

Black lives matterPhilando Castile, un afroamericano de 32 años iba manejando en Falcon Heights en Minnesota  con su novia y la hija de ella cuando la policía lo detuvo en un control de tráfico que terminó mal. Se desconocen aún los detalles. Su novia relata en un video que transmitió vía Facebook Live durante el incidente que Philando reconoció tener licencia para portar un arma que llevaba con él, y aunque según relata no trató de utilizarla, recibió disparos letales por parte de un agente de policía del Departamento de Policía de St. Anthony.

El hecho causó furor en el país y se sumó a otros casos resonantes en Baltimore, Ferguson y en New York, que han contribuido a poner en el debate público el problema del uso excesivo de fuerza por parte de las autoridades, en especial contra la población negra en EE.UU.

¿Qué principios deberían regir el actuar de la policía?

Varios autores sugieren que hay dos principios básicos que deberían guiar a la policía (ver por ejemplo Lum y Nagin, 2015): 1) Prevenir el crimen: poniendo un mayor énfasis en actividades disuasivas del delito y 2) Promover la confianza de los ciudadanos: registrar reacciones de los ciudadanos a las distintas estrategias de la policía y establecer canales de comunicación y retroalimentación.

Ambos principios están íntimamente ligados. Sin embargo hay tácticas policiales que son muy controversiales como los controles vehiculares o a peatones (conocidas también como “stop and frisk” o “stop and search”).

Por un lado la posibilidad de la policía de realizar dichos controles es una parte fundamental de su trabajo de prevención. Puede disuadir la comisión de delitos y evitar hechos violentos más graves. Pero por otro lado estas prácticas pueden interpretarse como discriminatorias y aumentar el resentimiento con la policía, generar más violencia y sentimientos de segregación y exclusión.

Una buena relación entre la comunidad y la policía (como parte integral de la comunidad) puede contribuir a la disuasión del crimen ya que podría aumentar la certeza, celeridad y severidad de las penas esperadas por los potenciales criminales

Discriminación policial en las Américas

En EE.UU. el 32% de los ciudadanos muertos en manos de policías fueron afroamericanos en 2015, mientras su representación en la población total es de 13%, de acuerdo a un informe del FBI. En Brasil un número importante de homicidios fue en manos de la policía. Entre 2008-2013, la policía mató en promedio a 6 personas por día. En 2014 el 5% de las muertes ocurridas en ocasión de violencia tuvieron lugar durante intervenciones policiales. En los estados de San Pablo y Río de Janeiro estas cifras son más alarmantes, alcanzando el 17,2% y el 10,2% de las muertes respectivamente.

Aunque la situación es muy alarmante de por sí, cuando uno considera el perfil de las víctimas de la letalidad policial se encuentran varias diferencias. En Rio de Janeiro el 77% de las víctimas de muertes por la policía son afrodescendientes y este grupo representa casi el 50% de la población total. En San Pablo un estudio de la Universidad de Sao Carlos muestras que la letalidad policial entre los negros es tres veces más alta que entre los blancos.

Es muy complicado establecer si la policía realiza sus tareas en forma discriminatoria. Por ejemplo, es usual que los controles vehiculares y de peatones se lleven a cabo en las zonas más marginales y violentas en donde hay una mayor concentración de grupos raciales y étnicos. Estas zonas en donde hay más crimen, tienen también carencias de acceso a servicios, educación, empleo y otros factores que pueden estar relacionados con la delincuencia. De hecho también estos grupos están sobre-representados en las víctimas de crímenes (ver esta entrada anterior sobre crimen y etnias en la región).

Hay una serie de estudios que tratan de diferenciar entre discriminación estadística o sesgo racial en la actividad policial en EE. UU. y que encuentran resultados mixtos. Por ejemplo, Knowles et al. (2001) y Grogger and Ridgeway (2006) no encuentran evidencia a favor de la discriminación policial. En cambio Gelman et al. (2007) sí concluyen la hipótesis de sesgo racial en NY. De hecho en la ciudad de Nueva York en 2013 en el caso Floyd vs. The City of New York la corte resolvió que la aplicación de la práctica de controles policiales en la ciudad (stop question and frisk) era racialmente discriminatoria e inconstitucional.

Demilitarize the policePor otro lado, Fryer (2016) analizó 1,000 tiroteos en los 10 mayores departamentos de Florida, Texas y California. El uso de la fuerza en las interacciones con la policía son un 50% más probables entre los negros y los hispanos en relación con los ciudadanos blancos. Sin embargo en el caso de uso extremo de la fuerza no encuentra diferencias estadísticamente significativas.

En el caso de Brasil, Cano (2010) analizó datos de muertes de civiles en manos de la policía en Rio de Janeiro y São Paulo, encontrando que la probabilidad de muerte entre civiles negros es más alta en el caso de los blancos en los encuentros con la policía. Mitchell e Wood (1999), utiliza datos de 1988 para mostrar que la probabilidad de que un ciudadano negro sea acosado por la policía es 2,4 veces mayor que en el caso de los blancos para Brasil.

Todos estos datos apuntan a que efectivamente la población de grupos étnicos y raciales está sobrerrepresentada en los encuentros con la policía, en el uso de la fuerza y en la letalidad si se compara con su participación en la población total. Es importante notar que la mayoría de estos enfrentamientos ocurre en comunidades vulnerables en donde la incidencia y el riesgo de involucramiento en crímenes violentos son altos. Y es en estas comunidades en donde hay una alta proporción de población de grupos étnicos y raciales.

Es necesario replantear el rol, las atribuciones, responsabilidades y control de cuentas de la policía. Y más aún re-evaluar sus capacidades técnicas y habilidades para mantener una relación con la comunidad que ayude a que las fuerzas de seguridad a mantener el orden y la convivencia pacífica. En próximas entradas seguiremos abordando el tema de la relación de etnia/raza y crimen, así como también sobre el rol de la policía.

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Foto: Flickr CC Stephen Melkisethian y Johnny Silvercloud

Laura Jaitman
Sobre el autor
Laura Jaitman is an economist in the Research Department of the Inter-American Development Bank. She previously coordinated research for Citizen Security and Justice at the IDB. Her principal areas of research are the economics of crime, the evaluation of policies to prevent and reduce crime, and political economy. Before joining the IDB, she worked for a decade as a consultant to the World Bank, the IDB, and J-PAL in the evaluation of the impact of public policies in different countries of Latin America. Jaitman holds a Ph.D. in Economics from University College London; a Master's in Economics from the University of San Andrés, Argentina, and a Bachelor's in Economics from the University of Buenos Aires.

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