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Un programa en Perú para rehabilitar mujeres adolescentes

Por Silvia Dangond

Ser adolescente,  madre,  y estar privada de la libertad sin acceso a educación puede ser la fórmula perfecta para la reincidencia en comportamientos contrarios a la ley y las normas sociales.

Para contrarrestarlos se hace necesaria la aplicación de programas de rehabilitación penitenciaria  basados en terapias cognitivo-conductuales que ayuden a jóvenes infractores a desarrollar nuevas capacidades y reinsertarse a la sociedad con nuevas alternativas de vida.

Y es precisamente con esta filosofía que el Centro Juvenil de Diagnóstico y Rehabilitación Santa Margarita en Lima, Perú, trata a jóvenes adolescentes a través de un programa psicológico y educativo diseñado por etapas para que estas mujeres acepten con humildad su situación, paguen por sus faltas y a la vez reciban educación y apoyo para que al salir tengan nuevas oportunidades de desarrollo social y profesional. El proyecto forma parte de un programa del BID de modernización al sistema de justicia del Perú.

En este Centro de Atención hay en la actualidad a 55 jóvenes.  5 de ellas ya son madres.

Ubicado en Lima, este Centro es el único que acoge jóvenes adolescentes que infringen la ley cometiendo faltas como delitos contra el patrimonio, robo agravado, el uso de armas o golpes y el hurto sin violencia.

La mayoría de las infractoras son enviadas al centro después de comparecer frente a un juez de la localidad donde fueron detenidas. Es el juez el que decide el total del tiempo que la adolescente debe permanecer recluida para pagar por la infracción cometida.

Las niñas que llegan al centro son recibidas directamente por la directora del establecimiento, Nelly Calisaya Gutierrez, quien se encarga de darles la bienvenida.

Adolescente interna del Centro Sta Margarita (Yomira, y su bebè)

Yomira, y su bebé, en el Centro Santa Margarita

Así se inicia el proceso a través del cual se conoce la situación social y familiar de la nueva interna. Luego se hacen evaluaciones  con las que se determina el grado de ayuda que necesita para que una vez cumplida su pena salga con la opción de reinsertarse a la sociedad como una ciudadana con opciones y responsable de sus actos.

En Santa Margarita, de las 55 detenidas hay 41 que  ya tienen sentencias y 7 están siendo aún procesadas.

Las niñas que son enviadas a este centro llegan en diferentes condiciones, con grados de aceptación de su realidad muy distintos.

Para determinar sus circunstancias, y luego de ser recibidas por la directora del plantel que les habla y les da la bienvenida, pasan a conversar con una sicóloga y una trabajadora social que detallan aún más su situación.

Luego comienzan un proceso de educación y rehabilitación que incluye normas de comportamiento determinadas, educación escolar y física todos los días, y clases de costura y artes manuales, entre otras.

El proceso se da por niveles. De acuerdo a su comportamiento y aceptación de sus faltas y condiciones, pueden o no pasar al siguiente nivel. Son 6 niveles. Entre más arriba, más preparada está la infractora para enfrentar el mundo real.

En el transcurso del proceso, es clave el involucramiento de la familia que en la mayoría de los casos es causante directa o indirecta de la problemática que enfrenta la trasgresora.

Dado que algunas de las adolescentes que llegan al Centro son madres, se cuenta con una infraestructura especial para que las jóvenes puedan pasar tiempo con sus bebés mientras están recluidas y a la vez educarse y aprender.

La idea es preparar a estas jóvenes para enfrentar el mundo con nuevas perspectivas sobre su vida y su futuro, dándoles opciones distintas al crimen. Pueden ver este video sobre el programa.

Lograr que estas jóvenes tomen mejores decisiones para su presente y futuro no es una tarea fácil.  Su contacto con el mundo no está blindado de riesgos y tentaciones. Pero se sabe que con programas como los que ofrece el Centro de Sta Margarita, se reduce un poco las oportunidades de delinquir.

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Silvia Dangond (@Silviadan) es politóloga y periodista graduada de la Universidad de los Andes en Bogotá Colombia. Tiene una maestría en Resolución de Conflictos y Comunicación de la Universidad de George Mason, de Virginia, Estados Unidos. En el Banco Interamericano de  Desarrollo coordina estrategias de comunicación para 5 países de Suramérica. Su blog, Medusa y sus Serpientes se publica en El Tiempo de Colombia y escribe una columna cada 15 días  para el diario digital Las 2 orillas.

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Artículos escritos por autores invitados. Esta sección está abierta a expertos de los sectores público y privado, de la academia y de otras organizaciones multilaterales que quieran contribuir al debate.
  1. Adriana Reply

    Buenísimo, más de estas iniciativas necesitamos las organizaciones que vamos a la cárcel llevando educación y trabajo.
    Debemos estar todos conectados, ya que no somos muchos los que asumimos este compromiso tan importante para la sociedad en la que vivimos. La inclusión empieza desde afuera, llevando adentro las herramientas necesarias para tener una nueva vida en libertad.

  2. gustavo hernandez Reply

    Plausible. Es como una segundo nivel de prevención. No se trata de prevenir el delito o falta inicial, sino de prevenir la reincidencia en el mismo. Esta oportunidad que se brinda a personas como Yamira son excelentes a fin de que los beneficiarios logren construir nuevos proyectos de vida.

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