Transporte

¿UBER o taxi? Analizamos los pros y las dudas

1Servicios alternativos al taxi tradicional revolucionan el mercado. Los gobiernos están llamados a regular pero teniendo en cuenta la opinión de los usuarios.

Hace unos 3 años yo tenía la duda de si debía comprar un automóvil. Viviendo en Washington, D.C.,  mi principal modo de transporte era el autobús y cuando necesitaba algo más urgente llamaba a un servicio de  taxi (por teléfono claro). Y ese era un problema pues con una niña pequeña ya habíamos pasado por experiencias buenas y malas con los servicios de taxi (más malas que buenas).

Volver del hospital por ejemplo era un problema pues la oferta de vehículos era baja y uno podría esperar unos 40 minutos para conseguir un taxi y luego esperar para que el conductor manejara bien. Una ocasión memorable fue aquella en la que el taxista me pidió que parara de hablar por el celular pues él tenía dolor de cabeza…

Ya había tomado la decisión: comprar el automóvil. Pero al lamentarme con un amigo, él me recomendó  UBER, en su momento un servicio un poco más caro pero que valía la pena. Así que empecé a usar los “black cars”. Realmente lo disfruté: desde mi celular podía llamar a los carros negros que, casi como si fueran limusinas, te hacían sentir importante. El servicio incluía agua mineral, música y una buena conversación con un tipo de traje y corbata que conducía de forma segura, todo eso por un 30% más respecto de los taxis regulares. Cuando uno tiene niños vale la pena. Postergué la decisión sobre la compra del carro.

Uber, que fue fundado en San Francisco como un servicio “premium” de taxi, a fines de 2014 estaba presente en 53 países y 200 ciudades con un valor de mercado de más de US$40 mil millones. Hoy Uber no es solo un servicio premium; si bien se les puede seguir llamando “black cars”, uno puede elegir un taxi normal o los UBERx, los más populares, un servicio que puede costar de 30 a 50% más barato que un taxi regular y que normalmente tarda en llegar entre 2 y 4 minutos pues la tecnología permite automáticamente seleccionar el taxi más cercano. Una “app” especialmente diseñada permite que uno califique al conductor de forma que puede ser permanentemente evaluado por la compañía y ver que su contrato termina si existe un indicio mínimo de insatisfacción del cliente. Es decir, no más reclamaciones contra mi celular.

Ventajas versus interrogantes

Está claro que el surgimiento de muchas otras empresas similares, como Lyft, ha causado un impacto considerable en el mercado de transporte privado. Además de las ventajas para el usuario, desde el punto de vista de los conductores que proveen el servicio, en empresas como UBER o Lyft puede trabajar todo propietario de un automóvil con flexibilidad de horario. Esto amplía sustancialmente la oferta y permite a los conductores obtener un ingreso económico extra. 

Paralelamente y precisamente a causa de varias de las citadas ventajas también existe un creciente número de protestas por parte de las empresas de taxi establecidas y de los taxistas profesionales. Señalan que los citados servicios generan lo que muchos podrían considerar una especie de competencia desleal en tanto las administraciones públicas no establezcan reglas del juego claras en los ámbitos fiscal, laboral y de defensa del consumidor. ¿Qué pasa si un conductor de una de las citadas nuevas empresas no cuenta con el seguro correspondiente? ¿Es acertado o permisible que estos conductores no deban superar un examen que sí deben aprobar los taxistas tradicionales en gran parte de las grandes ciudades? Estas son algunas de las interrogantes que ponen sobre la mesa los detractores del nuevo servicio. Habrá que esperar los fallos sobre las demandas judiciales que se han producido al respecto en diferentes tribunales del mundo.

En cualquier caso en la última reunión de TRB (Transportation Research Board) 2015 hubo algunos paneles sobre el tema y fue muy interesante ver cómo los reguladores, las empresas de taxis y los representantes de usuarios plantearon su posición. En este foro la conclusión fue que en las demandas no se está tomando en cuenta la opinión de los usuarios.

Como usuario veo claramente los beneficios de la competencia introducida por ese modelo de negocio pues claramente había una ineficiencia en el mercado que cualquier usuario de taxis en grandes ciudades ya había percibido. Los costos de las licencias, los intermediarios y la falta de evaluación de desempeño son claras fuentes de ineficiencia en el mercado tradicional.

Creo que estamos hablando de una tendencia que no tiene vuelta atrás. A los gobiernos les toca definir el nivel ideal de regulación para proteger a los usuarios permitiendo que la competencia sana mejore los servicios que por tantos años han estado muy por debajo de lo que esperamos.

¿Qué hice finalmente? Al final tuve que comprar el automóvil pero sigo usando servicios como los de UBER o Lyft en Washington, D.C., y en todos los países a los cuales viajo por mi trabajo en el BID.

Este post pertenece a la serie de Transporte del SXXI
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