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*Por Manzoor Qadir, Director Adjunto de UNU-INWEH de las Naciones Unidas en Canadá

Las políticas e inversiones que pasan de la mitigación a la prevención hacen que las aguas residuales se vuelvan rentables y seguras para la salud pública.

El uso de agua sin tratar en países de bajos ingresos se asemeja a un callejón sin salida: aporta importantes beneficios a las comunidades más pobres, pero suele generar a la vez inaceptables riesgos para la salud y el ambiente. Si los donantes para fines de desarrollo y los responsables políticos pueden ser persuadidos a pensar fuera de la caja, el resultado será una ganancia neta tanto para las comunidades como para el medio ambiente. Investigaciones realizadas por UNU-INWEH sugieren que pasar del gasto en salud y medio ambiente a la inversión en programas preventivos de tratamiento de aguas residuales logrará aprovechar los beneficios de dichas aguas y al mismo tiempo preservar la salud de la población y el ambiente.

La meta 6.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible llama a mejorar la calidad del agua mediante una reducción de la contaminación, eliminando los vertidos y minimizando la liberación de químicos y materiales peligrosos, y en última instancia reduciendo a la mitad la proporción global de aguas residuales e incrementando sustancialmente el reciclado y la reutilización segura a nivel global para el año 2030.

El alcanzar la meta 6.3 de los ODS a nivel de país revela algunos puntos de datos interesantes. Los países de ingreso medio-bajo (PIMB) tratan en promedio el 28% de las aguas residuales que generan, mientras que los países de ingreso bajo (PIB) sólo tratan el 8% del agua. Si miramos esta situación desde la perspectiva de los ODS 6, se espera que estos dos grupos de países logren mayores reducciones en el tratamiento de las aguas residuales que los países de alto ingreso (PAI) y que los países de ingreso medio-alto (PIMA). Si se asume que el ODS 6.3 se alcanzará en 2030, eso significa que habrá aun un 46% de agua no tratada en los PIB, un 36% en los PIMB, un 31% en los PIMA, y un 15% en los PAI.

Las aguas residuales tienen un considerable valor para las comunidades rurales de los PIMB, pero también revisten riesgos que deben ser abordados en forma efectiva. La irrigación con aguas residuales no tratadas o tratadas inadecuadamente es crucial para la subsistencia de millones de pequeños productores que cultivan alimentos, principalmente en áreas urbanas y periurbanas de los países en desarrollo. Pero su uso perjudica al medio ambiente y a la salud de la población, al tiempo que tiene implicaciones de más largo plazo para el desarrollo sostenible.

Por ejemplo, agentes contaminantes tales como metales pesados, sales y elementos patógenos suelen acumularse en las tierras irrigadas con aguas residuales, provocando su degradación y generando la necesidad de su remoción de los suelos dedicados a los plantíos. El riego intenso y la lixiviación contribuyen a remover dichos contaminantes, pero por lo general sólo consiguen trasladarlos desde las tierras de cultivo hasta las napas subterráneas.

Este escenario deja a las poblaciones urbanas y periurbanas expuestas a la ingesta de agua de napa contaminada, lo que constituye un efecto colateral peligroso, ya que dichas aguas constituyen la principal fuente de agua potable y de otros usos domésticos. Los estudios comparativos muestran mayor degradación ambiental y mayores tasas de enfermedades transmitidas por el agua en zonas irrigadas con agua residual que en aquellas regadas con agua dulce. Por ejemplo, los niños de entre 8 y 12 años en zonas que utilizan aguas residuales tienen una tasa de prevalencia de gastroenteritis del 75%, contra un 13% en las que usan agua dulce. Eso hace que en el primero de los casos los costos de cuidar la salud infantil sean un 73% más altos.

Mientras que en los países en desarrollo quedan grandes volúmenes de agua sin tratar, las inversiones en instalaciones de tratamiento han quedado a la zaga del crecimiento poblacional, de la urbanización y de los consiguientes aumentos en los volúmenes de aguas residuales.

Necesidad de políticas de apoyo. Para poder manejar mejor y mitigar los efectos negativos de esta tendencia, los países afectados necesitan hacer una correcta evaluación económica de la factibilidad de invertir en el tratamiento de las aguas residuales. Estos análisis deben considerar los beneficios económicos, sociales, societarios, de salud y ambientales. Además de la falta de presupuestos públicos adecuados para el tratamiento de las aguas residuales, hay otros factores que conspiran contra un manejo eficiente de las aguas residuales en los PIMB. Estos incluyen la falta de políticas de apoyo, convenios institucionales poco claros, y una crítica escasez de recursos humanos con las capacidades necesarias para el correcto manejo de estos problemas. Todo esto se combina para crear los actuales problemas que afrontan actualmente los países en desarrollo en lo que hace al manejo de las aguas residuales.

Pero también hay buenas noticias: existe un cúmulo de ejemplos prácticos de cómo mejorar el manejo de las aguas residuales y reducir sus efectos negativos sobre la población. Los países con ingresos más altos ofrecen algunos “puntos descollantes” de buenas prácticas en el tema de la recolección, tratamiento, reutilización y disposición segura de las aguas residuales. Por ejemplo, el tratamiento, uso y disposición en América del Norte, el norte de Europa y Japón están sujetos a estrictas regulaciones en cuanto a descarga de efluentes para asegurar la calidad ambiental. En dichas áreas las aguas residuales tratadas se utilizan para irrigación, pero dicha práctica no es considerable en las zonas húmedas. La situación es diferente en las zonas áridas y semiáridas de los países desarrollados, como el oeste de América del Norte, Australia, parte del Medio Oriente, y el sur de Europa, donde las aguas residuales tratadas se utilizan primariamente para la irrigación, en lo que constituye un hecho corriente impulsado por una creciente competencia por el recurso hídrico cada vez más escaso entre la agricultura y otros sectores de la economía.

Dada la creciente escasez del recurso en las zonas áridas y semiáridas del mundo, es probable que la demanda de aguas residuales como fuente para la irrigación aumente en estas áreas de ingreso bajo y medio-bajo. Y es dable esperar que esta tendencia continúe creciendo a un paso mayor que el desarrollo de soluciones técnicas y de instituciones que puedan asegurar la segura distribución y manejo de las aguas residuales.

Para manejar esta situación en forma efectiva, es necesario que los responsables políticos de los países en desarrollo tengan en cuenta varias cuestiones interinas técnicas y políticas. Entre ellas, se incluye: mejores métodos para manejar las aguas residuales en granjas y zonas agrícolas; mejores recomendaciones sobre irrigación de plantaciones y prácticas culturales que sean adecuadas para las situaciones en las que el agua residual es la principal fuente de irrigación; y mejores métodos para proteger a los trabajadores rurales y a los consumidores de los agentes patógenos y productos químicos potencialmente nocivos de las aguas residuales, incluyendo medidas de reducción de riesgos tales como la planificación de seguridad sanitaria.

Hacia un mundo libre de aguas residuales no tratadas. Es algo altamente apropiado que las aguas residuales sean el foco del Día Mundial del Agua 2017. Es un llamado a la acción a favor de mayor tratamiento de dichas aguas en todos los países y por su uso y disposición adecuados. Y a emerger del “callejón sin salida” que representa tener aguas residuales que ofrecen beneficios pero también conllevan riesgos para la salud. Un cambio en las actuales prácticas y concepción política en los países en desarrollo pondrá en marcha los engranajes necesarios para avanzar hacia un mundo libre de aguas residuales sin tratar.

El “agua residual” no es un residuo. Es más bien una valiosa fuente de agua, nutrientes y energía. Si no adoptamos una nueva forma de pensar, corremos el riesgo de dejar el desafío de las aguas residuales a las nuevas generaciones. Eso sería una gran pena, sobre todo teniendo en cuenta que sabemos bien qué es lo que hace falta para introducir un cambio fundamental en nuestras prácticas actuales. ¡Sólo nos falta aplicarlo!

Para más datos sobre el informe, visite los sitios web UN-Water y siga el lanzamiento en vivo en Facebook el 22 de marzo a las 9 am GMT.

Para obtener información adicional, vea la animación de este año y el mensaje oficial en video del Presidente de ONU-Agua, Guy Ryder. También visite nuestro sitio oficial www.worldwaterday.org, donde podrá hallar las últimas noticias sobre la campaña.

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Manzoor Qadir es Director Adjunto del University Institute for Water, Environment and Health (UNU-INWEH) de las Naciones Unidas en Hamilton, Canadá. Es un científico ambiental especializado en los aspectos políticos, institucionales y biofísicos del reciclado del agua y de su uso seguro, calidad hídrica y salud ambiental, seguridad hídrica y alimentaria, y manejo sostenible de recursos naturales en el marco del cambio climático. Manzoor ha implementado proyectos multidisciplinarios y dirigido equipos de investigación en diferentes regiones, en particular en zonas del Asia Central, el Medio Oriente y el Norte de Africa. Además de supervisar a becarios posdoctorales, estudiantes de posgrado y pasantes, se ha embarcado en varias iniciativas internacionales y regionales relacionadas con el desarrollo, tales como la organización de talleres y cursos de entrenamiento para jóvenes profesionales. Antes de ingresar al UNU-INWEH en Canadá, Manzoor se desempeñó como Científico Senior designado en forma conjunta por el Centro Internacional de Investigación Agrícola en Áreas Secas (ICARDA, por sus siglas en inglés) y por el Instituto Internacional de Manejo del Agua (IWMI); Profesor Visitante en la Universidad de Justus-Liebig, Alemania; y Profesor Adjunto en la Universidad de Agricultura de Faisalabad, Pakistán. Es autor de más de 130 publicaciones revisadas por pares científicos, y miembro de la Fundación Alexander-von-Humboldt y de la Junta Editorial de tres publicaciones internacionales.

Toward a world free of untreated wastewater: breaking the Catch-22 situation faced by developing countries

*By Manzoor Qadir, Assistant Director at the United Nations University Institute for Water, Environment and Health (UNU-INWEH), Canada.

Policies and investments that move from mitigation to prevention make wastewater profitable and safe for public health 

The use of untreated wastewater in low-income countries faces a ‘Catch 22’ situation: it provides critical benefits to poor communities, but this often comes at the expense of unacceptable health and environmental risks. If development donors and policy makers can be encouraged to think out of the box, it will be a win-win for communities and the environment. UNU-INWEH’s research suggests that shifting from health and environment spending to preventative wastewater treatment programmes, will tap the benefits of wastewater and protect population health and environment.

Sustainable Development Goals target 6.3 calls for improving water quality by reducing pollution, eliminating dumping and minimizing the release of hazardous chemicals and materials, ultimately halving the global proportion of untreated wastewater and substantially increasing recycling and safe reuse globally by 2030.

Achieving SDG 6.3 at country level reveals interesting data points.  Lower-middle-income countries (LMICs) on average treat 28% of waste water they generate, while only 8% of wastewater is treated in low-income countries (LICs). Looking at this situation from the perspective of SDG 6, these two country groups are expected to achieve higher reductions in untreated wastewater than high-income countries (HICs) and upper-middle-income countries (UMICs). Assuming that SDG 6.3 is achieved by 2030, there will still be 46% untreated wastewater in LICs, 36% in LMICs, 31% in UMICs, and 15% in HICs.

Wastewater brings considerable value to rural communities in LMICs, and with it, risks that need to be effectively managed.  Irrigation with untreated or inadequately treated wastewater supports livelihoods of millions of smallholders who grow food, mainly in urban and peri-urban areas in developing countries. Its use results in damage to the environment and people’s health, and has longer-term implications for sustainable development.

For example, contaminants such as heavy metals, salts and pathogens accumulate in lands irrigated by wastewater, causing degradation and the need for their removal from soil and plant root zones. Heaving irrigation and leaching practices help remove these contaminants, but often shift pollution from wastewater-irrigated land to groundwater.

This scenario exposes urban and peri-urban populations to contaminated groundwater – a dangerous side effect, as this resource is the primary source of drinking water and other domestic water needs. Studies comparing wastewater and freshwater irrigated areas show that environmental degradation and higher rates of water-borne diseases in wastewater irrigated areas than in freshwater zones. For example, children (8-12 years) in wastewater areas have a 75% prevalence rate for gastroenteritis, compared to 13% in freshwater area, bringing a 73% higher health cost per child in wastewater areas.

As large volumes of wastewater in developing countries remain untreated, the investments in treatment facilities have not kept pace with steady increases in population, urbanization and the resulting increases in wastewater volumes.

A need for supportive policies. To better manage and mitigate the negative effects of this trend, affected countries need to make sound economic assessments on the feasibility of investing in wastewater treatment. These analyses need to consider economic, social, societal, health, and environmental benefits. Apart from inadequate public budgets for wastewater treatment, other factors contribute to a wastewater management gap experienced by LMICs. These include a lack of supportive policies, unclear institutional arrangements, and a critical shortage of human resources with the skills needed to address these problems. These shortcomings combine to create the current wastewater treatment problems faced by developing countries today.

The good news is that there is a wealth of practical examples of how to improve wastewater management and reduce its negative effect on populations. Higher income countries point to   ‘bright spots’ of good practice for wastewater collection, treatment, reuse and safe disposal of wastewater. For example, the wastewater treatment, use and disposal in North America northern Europe and Japan are subject to stringent effluent discharge regulations for environmental quality. Treated wastewater is used for irrigation in these locations, but the  practice is not substantial in humid areas. The situation is different in the arid and semi-arid areas of developed countries, such as western North America, Australia, Parts of the Middle East, and southern Europe, where wastewater after treatment is used primarily for irrigation – a fact of life, driven by increased competition for ever more scarce water, between agriculture and other economic sectors.

Given increasing water scarcity in the world’s semi-arid and dry areas, it is likely that the demand for wastewater as a source of irrigation will increase in these zones of low-income and lower-middle-income countries. And this trend is expected to grow at a pace that is faster the development of technical solutions and institutions that can ensure the safe distribution and management of wastewater.

To best address this situation, several practical interim technical and policy questions need to be considered by decision makers in developing countries. These include: better methods for handling wastewater on farms and in farm communities; better recommendations for crop irrigation and for cultural practices that are suitable for settings where wastewater is the primary source of irrigation; and better methods for protecting farm workers and consumers from the potentially harmful pathogens and chemicals in wastewater, including risk reduction measures such as sanitation safety planning.

Toward a world free of untreated wastewater. It is highly appropriate that wastewater is the focus of World Water Day 2017. It is a call to action for increased treatment of wastewater in all countries, and for its appropriate use and disposal – to break the ‘Catch-22’ cycle of wastewater benefits and related health risks. A change in current practice and policy thinking, in developing countries will spark the change needed to move toward a world free of untreated wastewater.

Wastewater’ is not a waste. Rather, it is a valuable source of water, nutrients, and energy. If we do not embrace new thinking, we risk leaving the wastewater challenge to next generations. This would be a shame, especially as we have the knowledge of what is needed to make a fundamental change to current practices. It now needs to be applied!

Read more about the report on the UN-Water and UNESCO WWAP website and follow Facebook live from the launch on March 22 at 10am CET.

For more information, please check this year’s animation and the official video message from the UN-Water Chair Mr Guy Ryder, and don’t forget to visit our website for the latest news about the campaign:  www.worldwaterday.org

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Manzoor Qadir is Assistant Director at the United Nations University Institute for Water, Environment and Health (UNU-INWEH), Hamilton, Canada. He is an environmental scientist with focus on policy, institutional and biophysical aspects of water recycling and safe reuse, water quality and environmental health, water and food security, and sustainable natural resources management under changing climate. He has implemented multidisciplinary projects and directed research teams in different regions, particularly Central Asia, Middle East and North Africa regions. In addition to supervising post-doctoral fellows, postgraduate students, and interns, he has undertaken several international and regional capacity development initiatives such as organizing knowledge bridging workshops and training courses for young researchers. Before joining UNU-INWEH in Canada, Manzoor previously held professional positions as Senior Scientist jointly appointed by the International Center for Agricultural Research in the Dry Areas (ICARDA) and the International Water Management Institute (IWMI); Visiting Professor at Justus-Liebig University, Giessen, Germany; and Associate Professor at University of Agriculture, Faisalabad, Pakistan. He has authored over 130 peer-reviewed publications. He is a fellow of the Alexander-von-Humboldt Foundation and serves on the Editorial Boards of three international journals.

Comentarios 3
  • ELIAS RAMIREZ ESPINO
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    Es de suma importancia, el tema del intercambio de agua tratada por agua limpia en las zonas agrícolas que ya han sido alcanzadas por la mancha urbana.
    Es necesario que se tecnifique el campo agrícola para recibir el agua tratada por medio de tuberías para tal fin.
    Con esta acción debemos de cerrar el ciclo artificial del agua.

    Elías Ramírez Espino
    Maestría en Planeación de Recursos Hidráulicos

  • Carlos Alberto Acha Yarlequé
    Responder

    Excelente tema debemos divulgarlo difundirlo aca en nuestra región Piur y por ende en el PERU entero y en el Mundo en que habitamos super importante por favor somomos la ONGD FADERPI de la Región Piura-PERU deseo contactarme con Ustedes y coordinar, mis mas sinceras felicitaciones, espero su amable respuesta

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