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Un conjunto de circunstancias que provocan la prolongación de un sistema de alta-presión atmosférica (es decir de pocas lluvias) y las posibilidades limitadas de circulación del agua (sin hablar de la deforestación), han provocado consecuencias dolorosas, como la peor sequía de los últimos 80 años en Brasil.

Igualmente, California enfrenta la peor sequía de sus últimos 1.200 años, lo que ha llevado al estado a adoptar medidas controversiales con multas de hasta US$500 a quien se encuentre lavando su carro o aceras. El gobierno local también tiene una campaña para promover el ahorro de agua, especialmente en un contexto de cambio climático.

Presionados por los efectos del clima extremo, tanto California como São Paulo se han perforado pozos de manera artesanal para responder a la demanda del agua.

En São Paulo, donde se estima que el 80% de los posos perforados son ilegales, las empresas especializadas en perforación de pozos gozan de una fuerte alza en la demanda (para algunas de ellas sus pedidos han aumentado hasta un 100%).

En California, cuando las precipitaciones son “normales”, los pozos artesanales responden al 40% del consumo del agua del estado. Sin embargo, el año pasado, se estimó que el  abastecimiento por medio de posos artesanales respondió al 65% del consumo total del agua.

Durante años, la pésima regulación provocó que muchos californianos adhirieran a la filosofía de “vamos a perforar”, agravando el problema de abastecimiento de agua. Es solamente hasta el año pasado el estado logró aprobar una legislación sobre el uso del agua subterránea.

Ahora bien, perforar pozos como si fuese una solución mágica, es un remedio a corto plazo frente a los desafíos del cambio climático. A decir verdad, la perforación indiscriminada de pozos pone en riesgo a todo un sistema de abastecimiento de agua y medio ambiente.

  • El uso irregular del agua subterránea puede deteriorar dramáticamente los acuíferos, dismuyendo la cantidad de agua disponible para abastecer las fuentes que nutren los ecosistemas.
  • Asimismo, se puede reducir la cantidad de agua que un acuífero puede almacenar, provocando rupturas en la superficie del suelo. En localidades como el Valle central de California, el suelo bajó cerca de 31cm, causando deterioros en las calles, tuberías y otra infraestructura.
  • Si el agua de las lluvias no logra llegar a los acuíferos, estos no serán reabastecidos. La pregunta que debemos plantearnos entonces es: ¿Qué será de las nuevas generaciones?

Sin regulación o fiscalización adecuada, no hay manera de saber cual es la cantidad de agua subterránea que está siendo bombeada. Por ende, aplicar métricas claras y monitorear la cantidad de agua subterránea que está siendo sustraída de los acuíferos es esencial en todo el mundo.

En África del Sur, uno de los países más secos del mundo, el gobierno ha estado combatiendo el uso ilegal de agua subterránea.  Con la ayuda de la misión Nasa Grace, ya existen informes vía satélite sobre la sustracción del agua.

Sea cual sea la medida adoptada, es fundamental diseñar y promover regulaciones que incluyan el control y la recaudación de datos (con una base científica sólida), garantizando un espacio para las comunidades, principalmente las menos privilegiadas, que se ven afectadas por la reducción de los niveles de agua subterránea.

Igualmente, son así de importantes la educación y la comunicación pública para obtener un compromiso y apoyo de la población. Para ello, los estados y las ciudades afectadas tienen que promover campañas de concientización con mensajes claros sobre las consecuencias de la perforación de pozos artesanales sin control para el uso cotidiano.

De ahora en adelante, el ahorro de agua no puede ser una medida en momentos de crisis. Se trata de un compromiso permanente con el planeta, con la sostenibilidad y con nuestras vidas.

Perforar pozos como en los viejos tiempos, ya no funciona más.

The same old drill ain’t working no more!

A set of circumstances that included a persistent high pressure system and limited water re-circulating abilities (not to mention deforestation) have resulted in a painful extension of the worst drought in Brazil in at least 80 years.

At the same time, California is facing one of the most severe droughts in 1200 years, leading the state to adopt controversial measures such as $ 500 penalties for those caught washing cars or sidewalks for example. As climate change continues to play its role, California is also campaigning for water conservation to be a consistent and permanent effort.

Challenged by the effects of extreme weather, both California and Sao Paulo are turning to underground water to meet the demand for fresh water. In Sao Paulo, where illegal excavations account for 80% of water wells, water drilling companies continue to see a surge in the demand for new wells, with some of them reporting a worrisome 100% increase. What might represent some good news for the companies can be really harmful for the environment.  Meanwhile, in California, where groundwater makes up for about 40% of all water used in years of average rain, it is estimated that last year only it has accounted for 65% of water consumption. For years, lack of regulation allowed many Californians adopt the “let’s drill philospophy” which only aggravated the water-supply situation. Just last year the state approved a “historic groundwater management legislation”.

Even though excavating a water well may sound like the perfect idea for those challenged with the effects of extreme weather, this is only a short term solution. In fact, going on a drilling spree can put the whole water supply and the environmental system at risk.

  • First and foremost, using groundwater in unregulated ways to supplement a strained water supply may dramatically draw down the aquifers. If rain does not recharge aquifers, wells will go dry and key reservoirs will dry out (when they should be filling up) with increased drilling.
  • Not only does emptying aquifers pose a risk for a water-scarce future, but it also can decrease the amount of water that may be available to recharge springs and streams and nourish ecosystems.
  • As water is removed, it can cause soil to collapse. This has multiple consequences: (1) it can permanently decrease the amount of water that an aquifer can hold; (2) it can lead to disruptions on the surface through land subsidence. In some places in the California’s Central Valley, land has dropped by a foot. This has damaged roads, pipes, and other infrastructure and has caused some canals to stop working. Additionally, (3) the worse subsidence can increase the risk of flooding and curtail food production.
  • If rain does not come, the aquifers will not recharge. What happens to the next generation?

The problem is that if there is no monitoring or regulation, there’s no way to know how much water is being pumped out of the ground. Developing clear metrics to measure and monitor how much groundwater is pumped is critical.

States around the world are taking drastic actions. Authorities in South Africa, one of the 30 driest countries in the world, are cracking down on illegal water withdrawals though “water raids”. The issue is so relevant that they even started reporting on groundwater water resources depletion from the space, with the NASA GRACE satellite mission!

Whatever step is taken, it is critical to develop and enforce regulations which includes control, data collection (it cannot be done without a sound scientific basis!) and that grants a seat at the table to disadvantaged communities affected by dropping groundwater levels.

Equally important are education and public communication, essential for public engagement and support. To achieve this, affected states and cities should start promoting awareness campaign with clear messages on the consequences of uncontrolled water drilling for the everyday user.

From now on saving water can no longer be perceived as something we do throughout crisis, but as a commitment with the planet/our lives/sustainability.

The same old drill ain’t working no more!


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