ilust susanita

El día en que Susanita decidió convertirse en ingeniera

Estaba Susanita revisando su Facebook cuando le llamó la atención una noticia que compartió su amiga Mafalda. Una abuelita publicó en el wall de Mark Zuckerberg un post mencionando que ella siempre les dice a sus nietas que se busquen a un novio nerd por si resulta ser tan exitoso como él y ganarse así la lotería. “¡Que buen consejo!” piensa  Susanita, que – como todos los aficionados a las tiras de Quino saben – ha siempre deseado casarse con un millonario.  Mientras ya sueña con su mágico futuro, Mark le responde a la abuelita que sería mejor alentar a sus nietas a “ser” la nerd, de manera de convertirse en las próximas inventoras exitosas. Y ¡PAF! Contra todo pronóstico la burbuja del sueño de Susanita se rompe y nace en ella una nueva ilusión… Susanita: la ingeniera.

Lamentablemente, lo que Susanita todavía no sabe es que el camino para cumplir su objetivo no va a ser tan fácil. A pesar de que las mujeres constituyen más de la mitad de la población mundial y que han venido equiparando a los hombres en nivel educativo, la proporción de mujeres científicas, innovadoras y líderes de emprendimientos de alto potencial permanece muy baja, hasta en los países más desarrollados. En los Estados Unidos, menos del 20% de estudiantes de ingeniería son mujeres. Este porcentaje se reduce aún más cuando se considera la proporción de ingenieras en el mercado laboral (14%). Y si Susanita quisiera buscar financiamiento para empezar un emprendimiento tecnológico, tal como Facebook, la probabilidad de obtenerla sería todavía más baja: ¡menos del 5% de las empresas que reciben financiamiento de capital de riesgo tienen mujeres en sus directivas!

Los datos para América Latina y el Caribe, aunque escasos, confirman esta tendencia internacional. Por ejemplo, en Chile, la proporción de mujeres investigadoras en la disciplina de ingeniería y tecnología es del 21% y en Colombia alcanza solo el 19%.

Las razones detrás de esta situación son variadas y apuntan, por ejemplo, a la falta de modelos de rol, a los estereotipos en nuestra cultura (¿recuerdan a la abuelita del comienzo?) que provocan una autoselección temprana hacia cierto tipo de ocupaciones, a los problemas de reconciliar maternidad con trabajo y a sesgos explícitos e implícitos que atentan contra una mayor participación de mujeres en la ciencia.

Ahora bien, desperdiciar de esta manera el talento y la creatividad de las mujeres no sólo es injusto, sino también reduce el avance científico y tecnológico de la sociedad en su conjunto, que a su vez es necesario para un desarrollo sostenible y equitativo. Como dijo Ban Ki-Moon: “Igualdad para la mujer es progreso para todos”. Las mujeres indudablemente tienen el potencial de contribuir al progreso científico-tecnológico, de idear productos y servicios innovadores que ataquen necesidades latentes, y de ponerlos en práctica a través de la creación de nuevas empresas que generen impactos visibles en el mercado y la sociedad. Lo que queremos es que ese potencial, sea real. Y ya vemos cómo de un tiempo a esta parte empresas revolucionarias como Google, bajo el principio de diversidad, han venido incorporando a más mujeres. En esta línea, estudios recientes* han demostrado que equipos diversos son más creativos y mejoran los resultados económicos de las compañías.

La evidente brecha de participación en actividades de ciencia, tecnología e innovación constituye entonces un serio desperdicio de recursos intelectuales creativos y una pérdida injustificada de oportunidades para la sociedad. Esto ha generado un creciente interés de académicos y policymakers por dimensionar los costos económicos en los que los países, sin saberlo, incurren por no tener una masa crítica de mujeres en este tipo de actividades. La literatura económica ha abordado en cierta medida las fuentes y razones detrás de estas brechas. Sin embargo, poco sabemos de lo que nos estamos perdiendo en concreto.

Con esta motivación la División de Competitividad e Innovación está conduciendo una investigación sobre los costos económicos de las brechas de género en ciencia, tecnología e innovación. Nuestro objetivo es generar evidencia contundente que nos permita contribuir a demostrar que nuestros países están desperdiciando recursos valiosos al no atacar de manera decidida el desbalance de mujeres en actividades de ciencia, tecnología, innovación y emprendimiento de alto potencial. ¡Esperamos que los resultados de esta investigación contribuyan a cambiar el destino de Susanita y de muchas mujeres más!

***

Para mayor información sobre el llamado a propuestas de investigación “Research on Science, Technology and Innovation Gender Gaps and their Economic Costs in Latin America and the Caribbean” haz click aquí.

*Ver por ejemplo

Woolley, A. W., C. F. Chabris, A. Pentland, N. Hashmi, and T. W. Malone, 2010, “Evidence for a Collective Intelligence Factor in the Performance of Human Groups,” Science, Vol. 330, pp. 686-88.
Turner, L., 2009, “Gender Diversity and Innovative Performance,” International Journal of Innovation and Sustainable Development, Vol. 4, pp. 123-33.
Sabatier, M., 2015, “A Women’s Boom in the Boardroom: Effects on Performance?” Applied Economics, Vol. 47, pp. 2717-27.
Pfeifer, C. and J. Wagner, 2014, “Age and Gender Effects of Workforce Composition on Productivity and Profits: Evidence from a New Type of Data for German Enterprises,” Contemporary Economics, Vol. 8, pp. 25-45.

 

 

Matteo Grazzi
Matteo Grazzi

Matteo Grazzi es Especialista en la División de Competitividad e Innovación en el Banco Interamericano de Desarrollo. Se unió al BID en 2009, trabajando como Research Fellow en el Departamento de Países Andinos. Antes de unirse al BID, Matteo trabajó como consultor economista de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (CEPAL, Santiago de Chile) y como investigador en el Centro de Investigación sobre Estudios Latinoamericanos y de las Economías en Transición (ISLA) de la Universidad Bocconi en Milán. Posee un doctorado en Derecho y Economía Internacional de la Universidad Bocconi y una maestría en Economía del Desarrollo de la Universidad de Sussex (Brighton, Reino Unido). Sus intereses de investigación principales se centran en Economía Internacional y Desarrollo, Economía de la Innovación, TIC para el Desarrollo.

Jocelyn Olivari
Jocelyn Olivari

Jocelyn Olivari es economista de la División de Competitividad e Innovación del Banco Interamericano de Desarrollo y Doctora en Economía y Política de Innovación de la Universidad de las Naciones Unidas y la Universidad de Maastricht (UNU-MERIT). Sus intereses de investigación abarcan la economía de la innovación, el emprendimiento y las políticas públicas vinculadas a estos temas. Previo a sus estudios de doctorado lideró el área de Innovación del Centro de Investigación en Innovación y Emprendimiento INTELIS del Departamento de Economía de la Universidad de Chile. Anteriormente formó parte de la Secretaría Ejecutiva del Consejo de Innovación para la Competitividad y de la División de Innovación del Ministerio de Economía en Chile. Jocelyn cuenta con una Maestría en Economía de la Universidad de Chile y el título de Ingeniero Comercial de la misma universidad.

Deja un comentario