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5 elementos esenciales para reducir la inseguridad desde lo local

Discurso de apertura de la encargada de seguridad ciudadana del BID, Nathalie Alvarado, en la Clínica de Seguridad Ciudadana realizada en Medellín, el 29 de noviembre del 2017 sobre inseguridad.

Quisiera comenzar contándoles una anécdota. Hace algunos años, la entonces alcaldesa de Aguascalientes Lorena Martínez tenía un problema. La petrolera PEMEX había construido un oleoducto en medio de la ciudad. El lugar era la zona más olvidada de la ciudad y había mucha violencia causada por las pandillas y el tráfico de drogas.

La alcaldesa quería hacer algo que ayudara a reconstruir el tejido social de esos barrios. Muchos líderes pensarían que estas comunidades sólo necesitaban más policías. Pero ella, quería explorar una política distinta.

Así nació Línea Verde, un proyecto de transformación urbana y social que logró reducir los índices delictuales en un 42%.

Hoy, nos reunimos en Medellín, una ciudad que ha tenido muchas innovaciones de este tipo.  De hecho, Lorena Martínez se había inspirado en la experiencia de esta ciudad.

Dada la inseguridad que vivimos en América Latina y el Caribe nos urgen más proyectos como la Línea Verde.

El crimen y la violencia condicionan nuestras decisiones diarias. Dónde vivimos, por dónde transitamos, dónde invertimos, y qué hacemos o dejamos de hacer un fin de semana.  Es decir, afectan nuestra calidad de vida y nuestro bienestar.

No tengo duda, que el desarrollo sostenible que tanto queremos no se puede lograr sin seguridad y viviendo con miedo.  Esto me hace recordar un reporte que leí recientemente sobre Rio de Janeiro que decía que solo hubo 11 días de este año en los cuales ninguna escuela canceló clases por violencia.

Si queremos comunidades donde las personas puedan vivir tranquilas y donde los niños vayan a la escuela sin miedo, tenemos que actuar para transformar sus entornos de violencia.

En América Latina y el Caribe, 11.000 personas mueren al mes a causa de la violencia, lo que equivale a un accidente de avión todos los días del año.

El homicidio es la causa principal de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años y la tasa de asesinatos de mujeres casi duplica el promedio mundial.

No toda la violencia es homicida. El delito común está afectando el bienestar y calidad de vida de las personas cada vez más.

Toda esta violencia no solo tiene un gran costo humano. Tiene también un costo económico importante.  En el BID hemos estimado que el crimen y la violencia le cuestan a nuestra región alrededor de un 3,5% de su PIB anual. Esto equivale a la inversión anual de la región en infraestructura.

Ahora bien, esta violencia no afecta por igual a todos los lugares.  América Latina y el Caribe tiene ciudades tan seguras como Madrid o New York, y otras con niveles de homicidios que cuadruplican el promedio global (de 8 homicidios por cada 100.000 habitantes).

También existen diferencias dentro de las mismas ciudades.  Un reciente estudio realizado por el BID demostró que 50% del crimen ocurría en alrededor del 5% de los segmentos de calle

Por esta razón, nuestros esfuerzos para reducir la violencia deben focalizarse en lo local, y estar centrados en los ciudadanos.

Los gobiernos locales están estratégicamente posicionados para dar respuestas a las demandas de los ciudadanos. Ellos conocen las amenazas que afectan cada rincón y a cada vecino del barrio.

Sin embargo, aún queda mucho trabajo para que estos gobiernos locales puedan proveer y garantizar seguridad ciudadana más efectivamente. La buena noticia es que hoy tenemos ejemplos de ciudades de América Latina y el Caribe que asumieron la seguridad como área prioritaria de su gestión.  Medellín, Bogotá, Quito, San Salvador y otras han demostrado que, con un fuerte liderazgo, y un enfoque de gobernanza compartida entre lo nacional y lo local, pudieron reducirlos niveles de criminalidad.

Desde el BID hemos estado involucrados en más de una docena de reformas de policías, y hemos invertido en más de 30 programas de prevención de la violencia a nivel local.

Hemos visto mucho, y la fantástica coincidencia es que uno de los primeros proyectos de Seguridad Ciudadana que apoyó el BID fue en Colombia, en Medellín y Bogotá. Fueron justamente estas ciudades que mostraron el camino para el manejo local de la seguridad ciudadana.

Hoy les quiero compartir cinco elementos que hemos identificado como esenciales para reducir la inseguridad desde lo local.

El primer elemento, es sin duda, empezar por hacerse cargo. Un alcalde no puede exonerarse de responsabilidades y delegar el control de la delincuencia a otros. El liderazgo por parte de las autoridades locales es esencial. Es la muestra de un gobierno que escucha el clamor de sus ciudadanos por mayor seguridad. Esto, independientemente de que las responsabilidades vengan o no de marcos normativos.

Pero no nos equivoquemos. Los gobiernos nacionales también tienen un papel fundamental para sentar las pautas de una política de Estado en materia de seguridad ciudadana.

Es el Gobierno Nacional quien tiene que contribuir a construir capacidades para que los actores clave puedan actuar, y sobre todo apoyarlos cuando el crimen desborda sus capacidades locales.

Un segundo elemento es alinear las acciones de los diferentes sectores gubernamentales hacia un mismo objetivo: la reducción del crimen y la violencia.

Es decir, integrar la dimensión de seguridad ciudadana dentro de las otras agendas de desarrollo ya sean estas sociales, urbanísticas, culturales o deportivas.  Por ejemplo, Medellín hizo una clara apuesta por devolver la tranquilidad a sus habitantes.  ¿Como lo hizo? Esta ciudad ha decidido que cada poste de luz, biblioteca, cancha de fútbol y parque esté pensado para mejorar la inclusión social y convivencia de los paisas.

Un tercer ingrediente que no podemos darnos el lujo de ignorar es la policía.  La policía tiene que estar en primera línea para prevenir y controlar el crimen. Son ellos quienes mejor conocen las comunas, sus desafíos, su gente.

En nuestros países ocurre que los alcaldes culpan a las policías si hay mucha delincuencia, y los policías culpan la falta de apoyo de los gobernantes. Nadie se hace responsable.  Esto tiene que cambiar.

No se trata de aumentar el pie de fuerza de la policía creando policías locales.  De hecho, en América Latina estas iniciativas no han sido tan exitosas.  La creación de policías, en los diferentes niveles de gobierno, han resultado en descoordinación en la labor policial, y en una gran disparidad en recursos y capacidades. Todo esto resultando en impunidad.

Independientemente del debate actual sobre este tema, sabemos que los gobiernos locales y las policías que han aprendido a trabajar hombro a hombro han logrado avanzar significativamente en la reducción de los delitos.

¿Cómo lo lograron? Han comenzado por aprovechar la riqueza de información que tienen las policías. Ellos no sólo saben dónde ocurren los delitos, sino también quienes son los delincuentes y quienes son las víctimas.

En una reciente visita a Guayaquil nos comentaban que analizando los datos criminales de la policía se dieron cuenta que el alza en los actos delictivos de algunos barrios era causada por personas provenientes de áreas marginadas en donde los servicios básicos eran casi inexistentes.

La sofisticación de este diagnóstico permitió a la policía y al gobierno local establecer una estrategia comprensiva.  Incluía no solo la acción policial focalizada en las zonas críticas, sino también acciones del gobierno local para atender las carencias sociales, que muchas veces están detrás del comportamiento delictivo.

Esta iniciativa ha contribuido a una reducción del 75% de la tasa de homicidios en Guayaquil, desde el 2010.

El cuarto elemento es anticiparse al crimen.   Los datos nos muestran que, en cualquier ciudad de América Latina y el Caribe, los jóvenes están desproporcionadamente representados entre las víctimas y condenados por delincuencia.

Las vivencias de estos jóvenes nos revelan patrones comunes en sus vidas como la violencia intrafamiliar, el abuso de drogas y alcohol, la violencia en sus barrios, la falta de oportunidades, y más aún, la indiferencia del Estado.  Estas experiencias moldearon su vida, hacia una carrera criminal.

En una vista a una cárcel de menores en Panamá, conversaba con uno de los jóvenes que hacía parte de un programa de rehabilitación. Yo le dije que qué bueno que estaba teniendo una segunda oportunidad. Y su respuesta me dejó sin palabras, me dijo, que en realidad ésta era su primera oportunidad.

Esto claramente nos indica en donde debemos enfocar nuestros esfuerzos.  No hay excusas.

Hoy sabemos y tenemos más evidencia que intervenciones enfocadas en padres comunidades, y el desarrollo de habilidades técnicas y socio-cognitivas ofrecen un abrigo de protección a estos grupos vulnerables.  De esto, se trata la verdadera prevención del crimen.

Ahora bien, las policías y los gobiernos no son los únicos actores. Y esto me lleva al último elemento que quiero mencionarles. Parte del éxito en la reducción de la violencia desde lo local, viene de innovaciones y sinergias que se han desarrollado con el sector privado y la sociedad civil.

¿Y qué lugar mejor que Colombia como muestra de esto?  Otro ejemplo es Ciudad Juárez, alguna vez considerada la ciudad más violenta del mundo.  Allí, líderes empresariales establecieron un fideicomiso para iniciativas de seguridad pensadas desde la sociedad civil y el sector privado en alianza con el gobierno.

Muchas veces pensamos en el sector privado como una fuente de financiamiento o de trabajo. Pero, hoy la información que genera este sector, conocida como “big data” está contribuyendo a profundizar en el análisis de las dinámicas criminales.

Compañías de telecomunicaciones, del sector financiero y comercial colectan una gran cantidad de datos sobre nuestros comportamientos y preferencias. Esta información, combinada con estadísticas delictuales nos permite NO SOLO saber dónde ocurre el crimen para controlarlo, SINO TAMBIEN entender por qué ocurre para prevenirlo.

Justamente, hemos comenzado a movernos hacia esta frontera del análisis de “big data”, aquí, en 6 ciudades de Colombia.

Muchas veces, buscamos soluciones fáciles al apremiante problema de la delincuencia. Es la conocida bala mágica que todo lo cura.  Ustedes, como expertos en el tema, saben muy bien que el crimen es un fenómeno complejo, que requiere de soluciones en muchos frentes.

De poca utilidad es una policía eficiente, si las cárceles están desbordadas y el sistema judicial no funciona como debería.

Pero sí puedo decir que un gobierno local actuando de la mano del Gobierno Nacional y de la policía, es una poderosa herramienta para prevenir el crimen y la violencia.  Sin el trabajo de los alcaldes, muchos programas de seguridad ciudadana corren el riesgo de fracasar.

Colombia ha sido y sigue siendo una inspiración para muchos Gobiernos. Nuestro compromiso desde el BID es estar ahí, apoyarles en los procesos más difíciles y sobre todo facilitar el intercambio de conocimiento que necesitamos.

De esto se trata justamente estas clínicas de seguridad ciudadana.  ¡Bienvenidos! Los dejo con este video que nos recuerda quiénes deben ser el objeto de nuestro esfuerzo y trabajo.

Nathalie Alvarado
Sobre el autor
Nathalie Alvarado es la coordinadora del área de seguridad ciudadana y justicia del Banco Interamericano de Desarrollo. Ella tiene más de 15 años de experiencia en el diseño y la implementación de proyectos en esta área, ha liderado el proceso de definición del marco de acción del BID en este campo. Alvarado es abogada de la Universidad de Lausanne, Suiza, y posee un magister en derecho económico de la Universidad de Bruselas.
  1. Luis Fernando Peña Reply

    Excelente síntesis.
    Muy importante es el manejo diferenciado de centros de detención y cárceles pues se vuelven escuelas del crimen

  2. David Alejandro Alvarado Muñoz Reply

    En el Departamento de Norte de Santander-Colombia estamos adelantando un pilotaje en prevención de la violencia que nos gustaría compartir con ustedes.

  3. Washington Cruz Tapia Reply

    Nuestra ONG (Construyendo Coordinación) justamente está poniendo sobre la mesa esa propuesta en Uruguay en consonancia con las reformas del CCP y de la Policía, pero tenemos dos inconvenientes: la cultura y la constitución. Lamentablemente hay mucha evidencia sobre el articulo pero acá, en Uruguay, va a demorar muchísimo tiempo en que se pueda implementar eso. Nosotros estamos planteando justamente eso y, en el transcurso del próximo año, estaremos golpeando las puertas del BID para que nos ayuden y ser parte de todos los esfuerzos que el banco viene haciendo en Latinoamerica y el Caribe.

  4. José Mário - TC PMPE/BR Reply

    Parabéns dd Sra Nathalie, excelente análise, especialmente por entender que as polícias são soluções e não parte do problema. Nenhuma política de segurança pública alcança os objetivos pretendidos sem que antes, permitas as forças policiais as condições adequadas de cumprirem com suas atribuições, sem viés ideológico ou mesmo político partidário.
    Obrigado.

  5. Diana Lucía Osorio Sánchez Reply

    Más que interesante, es necesario promover estrategias para la prevención en todos los segmentos, primaria, secundaria y terciaria. El fortalecimiento de las políticas sociales y las estrategias para desestimular el escalonamiento de los conflictos, podría cambiar los escenarios de criminalidad.

  6. Rolando Loayza Baraibar Reply

    Es cierto que uno aprende de experiencias ajenas pero no todas las realidades son iguales, lo que para una determinada ciudad de un país X funcionó un programa no necesariamente funcionará en otro país. Las realidades son distintas y tiene mucho que ver con la idiosincracia, vulnerabilidades, poco desarrollo, desocupación, etc, etc., incluso dentro de un mismo país las realidades concretas de cada ciudad son distintas y por lo tanto los tratamientos son diferentes.Las políticas de estado son importantes y tienen que estar coordinadas en todos los niveles de gobierno del Estado pero si no hay liderazgo o hay desidia por parte de éstos gobernantes, y donde la policía está minimizada o no empoderada (como elemento primordial dentro de la operatividad) para prevenir y combatir la delincuencia y la violencia, no habrá éxito.

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