El pasado 30 de agosto, el BID, junto a la CAF y la CEPAL, lanzamos INFRALATAM, un portal de datos que pretende convertirse en un bien público regional, expandiendo el conocimiento que tenemos del nivel de inversión en infraestructura en América Latina y el Caribe, con el objeto final de establecer prioridades, programar inversiones, analizar impactos y propiciar el uso productivo de recursos que tienen un alto potencial de impacto en el desarrollo.

INFRALATAM es una herramienta que nos permite evitar comparar peras con manzanas. La cuestión no es tan sencilla. Verán: en América Latina y el Caribe, somos expertos en darles nombres diferentes a una misma cosa. Por ejemplo, en Argentina o Chile llamamos dulce de leche al dulce de leche (nos permitirán esa licencia). Sin embargo, en México se conoce como cajeta. En Colombia, como arequipe. En otras ocasiones, la situación es la contraria, usamos una misma palabra para referirnos a conceptos totalmente diferentes.

El mundo de las cuentas nacionales no es ajeno a esta realidad, especialmente cuando se trata de lo que conocemos como infraestructura económica. Aunque la mayoría de los países de América Latina y el Caribe hacen uso de las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional en materia de clasificación del gasto público, muchos de ellos clasifican la inversión  en infraestructura de un modo distinto. Es más, si comparásemos la inversión en infraestructura de cada país sin tener en cuenta esta realidad, nos encontraríamos que incluso la definición de infraestructura – y por tanto los sectores que se consideran parte de ésta – no es igual entre países.

Todo esto nos llevó en el BID, junto a la CAF y la CEPAL, a considerar necesaria una manera de contabilizar la inversión en infraestructura de manera homogénea y estandarizada. Es decir, comparar manzanas con manzanas, y peras con peras. Para ello, resultó necesario definir en primer lugar qué tipo de inversiones se iban a reflejar. Acordamos considerar las inversiones realizadas por el sector público, incluyendo tanto a las empresas públicas no financieras como a los gobiernos subnacionales. En segundo lugar, acordamos qué sectores se tendrían en cuenta dentro del concepto de infraestructura económica, y allí incluimos las inversiones en agua y saneamiento, defensas contra inundaciones, energía, riego, telecomunicaciones y transporte. Finalmente acordamos que se considerarían no solo proyectos  de ampliación y mejoramiento, sino también los de mantenimiento así como gastos de pre-inversión. De este modo logramos, entre las tres instituciones, definir una metodología para la medición de la inversión pública en infraestructura en América Latina y el Caribe.

Resulta fundamental resaltar que el BID, la CAF y la CEPAL no están haciendo el trabajo de recolección de datos en forma aislada; la colaboración de los diferentes gobiernos de la región, a través de sus ministerios de finanzas, planeamiento y los sistemas nacionales de inversión pública ha sido esencial. Hasta la fecha, 15 países se han unido a esta iniciativa con el objeto de reportar las inversiones en infraestructura, difundir los resultados y promover el análisis de sus impactos. Esta tarea, que comenzó en 2011 y que ha permitido tener información detallada para quince países entre 2008 y 2013, está actualmente siendo extendida en dos caminos: actualizar los datos de los 15 países para mantener la base lo más actualizada posible, e incorporar nuevos países a la iniciativa.

Inversión pública en infraestructura en América Latina y el Caribe 2008-2013

INFRALATAM permite acceder a información sobre inversiones públicas en infraestructura por sector y subsector, país y período. Además, estos datos se combinan con la base de datos sobre inversiones privadas del Banco Mundial (PPI database) pudiendo analizar el total de inversión en infraestructura que tiene lugar en cada país de la base.

En el BID, CAF y CEPAL creemos firmemente en la iniciativa INFRALATAM y pretendemos continuar el esfuerzo de aportar información útil y relevante  para los objetivos de desarrollo de la región. Les invitamos a acceder a la base, hacer uso de sus datos y ayudarnos a mejorarla.  Sólo conociendo de manera precisa dónde estamos podremos saber cuánto nos queda para llegar a donde queremos ir.

Por Tomas Serebrisky (tserebrisky@iadb.org); Ancor Suarez (ancors@iadb.org); Lenin Balza (leninb@iadb.org); y Diego Margot (dmargot@iadb.org) del Departamento de infraestructura y energía del Banco Interamericano de Desarrollo en Washington DC.

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