Cómo una selección aleatoria de beneficiarios puede generar transparencia

*Por German Sturzenegger y Gastón Gertner


Hace algunos meses, con un grupo de especialistas del BID y funcionarios del Ministerio de Medio Ambiente y Agua de Bolivia (MMAyA), llegamos a la localidad de Sica Sica, departamento de La Paz, con el objeto de monitorear un piloto de selección aleatoria de comunidades a través de un sorteo público. Mediante el sorteo se seleccionarían 12 comunidades, entre las 25 elegibles en el municipio, que se beneficiarían de un programa de agua y saneamiento (BO-L1065) financiado por el BID y AECID

Sica Sica, ubicado a mitad de camino entre La Paz y Oruro, sería el primero de 21 municipios en el cual se aplicaría esta metodología de selección.

La asignación aleatoria formaba parte del diseño de una evaluación de impacto orientada a identificar los efectos de las intervenciones de agua y saneamiento en la salud de los niños y el uso del tiempo de las mujeres, entre otros indicadores. La aleatorización representaba el mecanismo a partir del cual construir experimentalmente grupos de tratamiento y control, y estimar así que hubiera sucedido en las comunidades beneficiadas en ausencia del proyecto.

Una asignación aleatoria puede hacerse de dos maneras: i) en gabinete, cuando los potenciales beneficiarios no participan del “sorteo”; o ii) de manera pública, cuando los beneficiarios sí participan del proceso de selección.

En conversaciones con funcionarios del MMAyA, propusimos inicialmente la primera opción (selección en gabinete). Argumentamos que esto aceleraría el proceso y evitaría cualquier tipo de conflictividad asociado a un esquema en el que un bolillero definiría quienes accederían al agua y quiénes no. ¿A quién se le ocurre llevar un bolillero a una comunidad rural?

Los funcionarios del MMAyA descartaron de plano nuestra propuesta. Si queremos hacer esto bien, nos explicaron, tenemos que hacerlo de manera pública y abierta con participación de las autoridades locales y líderes comunitarios. De acuerdo, dijimos nosotros. No había mucho por discutir.

Los preparativos del piloto involucraron intercambios con el alcalde de Sica Sica y con los líderes de las 25 comunidades para explicar la lógica, alcance y dinámica del proceso. Aún con estas actividades preparativas/preventivas, la idea de asignar por sorteo los beneficiarios en un acto público todavía nos generaba cierta incertidumbre. Sobre todo por la posible reacción de las comunidades que no fueran seleccionadas.

Nuevamente nos equivocábamos. La llegada a Sica Sica fue una fiesta. Miembros de las comunidades nos recibieron con cánticos, confeti (tradición en zonas rurales de Bolivia) y una banda musical que nos acompañó desde la ruta hasta la plaza central de la comunidad donde tendría lugar el sorteo (alrededor de 1 km).

En la plaza se había montado un escenario donde las autoridades municipales y funcionarios del MMAyA, a la luz de todos, coordinarían el proceso.

Cuando la banda dejó de tocar, tomó la palabra el alcalde, quien comenzó su interlocución de la siguiente manera: “Estimados compañeros y compañeras, el gobierno municipal de Sica Sica ha cambiado. Ya no es como antes. Juntamente con ustedes, vamos a elegir en forma transparente, sin que el alcalde, ni el consejo (municipal), ni ninguna autoridad pueda elegir a su preferencia”. Esas palabras del Alcalde definieron el tono de lo que vendría y sustentaron con argumentos de política pública la metodología aplicada.

El proceso continuó con la lectura de los nombres de todas las comunidades, escritos en carteles de papel. Bajo la supervisión de un escribano público, los carteles fueron doblados y depositados en una urna de plástico. Posteriormente, se invitó a las comunidades a sacar un nombre de la urna y depositarlo en otra. Así fue construyéndose el listado de las 25 comunidades, donde las primeras 12 se beneficiarían con el programa y las restantes no, salvo que alguna de las 12 “se cayera”, como frecuentemente se dice en jerga de evaluación. En ese caso, la comunidad caída sería reemplazada por la número 13 del listado (y así sucesivamente).

El proceso se realizó sin ningún inconveniente y con la participación activa de todos los involucrados. Una vez concluido el sorteo, que tomó aproximadamente una hora, se observó naturalmente cierta frustración entre los líderes de las comunidades no seleccionadas. Sin embargo, en conversaciones informales con ellos, todos reconocieron la importancia y valor de procesos transparentes como ese, donde todas las comunidades tuvieron la misma probabilidad de ser beneficiadas independientemente de su color político o cercanía con el alcalde u otra autoridad.

Este proceso de aleatorización de carácter público se llevó adelante en el resto de los municipios que forman parte del programa. En todos, la dinámica fue similar, permitiendo identificar a los beneficiarios de manera transparente, participativa y abierta, y estructurar una evaluación que aportará insumos importantes a las políticas públicas del país.

Sica Sica definitivamente cambió ese día.

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