cuarta revolución industrial

La cuarta revolución industrial está llegando: ¿Y ahora qué hacemos?

Si naciste en el siglo XX, probablemente te acordarás de haber visto las sagas de “Volver al Futuro” y “Terminator” – e inclusive la serie animada “Supersónicos”. De la misma forma, seguramente pensaste alguna vez un coche que se condujera solo o un robot que hiciera las tareas de la casa eran fruto de la imaginación de guionistas y directores. Sin embargo, en el siglo XXI ya no estamos tan lejos de estos escenarios. Basta pensar, por ejemplo, en las iniciativas de Google y Tesla sobre vehículos no tripulados y la visión de la casa inteligente de Ericsson. En los próximos años veremos cómo las nuevas tecnologías digitales cambiarán radicalmente la manera en la que vivimos, producto de la denominada “4ª Revolución Industrial”.

¿En qué consiste esta revolución?

Principalmente, en el surgimiento de innovaciones basadas en el desarrollo y aplicación de tecnologías como Internet de las Cosas, impresión 3D, inteligencia artificial y nanotecnología. Consiste, además, en la posibilidad de recolectar y analizar datos de manera masiva y automatizada (Big Data), utilizar tales datos para la toma de decisiones e implementar las decisiones en tiempo real. Similar a las tres revoluciones precedentes -marcadas por la utilización del vapor, de la electricidad y de la automación- , la cuarta revolución industrial generará una profunda transformación en la producción, la economía y la sociedad. Sin embargo, a diferencia de otras revoluciones, la 4ta Revolución lo hará a una velocidad infinitamente superior.

¿Qué cambios debemos esperar en el sector productivo?

El mundo productivo del año 2050 será diferente al que conocemos. Tomemos, por ejemplo, el caso de los vehículos aéreos no tripulados o drones. En las actividades agropecuarias, los drones se utilizarán para facilitar la siembra, la provisión de nutrientes, la irrigación y el monitoreo de los cultivos. Estos desarrollos serán cruciales para lograr una mayor productividad del sector agropecuario, el cual deberá satisfacer una demanda que se incrementará en más del 70% en las próximas tres décadas.

En la logística, los drones se emplearán para mejorar la eficiencia en la gestión de inventario, expandir canales y áreas de distribución – especialmente hacia lugares remotos que no cuentan con infraestructura de transporte -, y realizar entregas críticas en situaciones de emergencia, ya sea para evitar disrupciones en cadenas de producción o, inclusive, para salvar vidas.

En el futuro hacia el que vamos, otros modos de transporte de mercancías, como los camiones, trenes y barcos, también serán, en gran parte, no tripulados. Los avances en materia de inteligencia artificial harán posible que, por ejemplo, los conductores de camiones puedan realizar tareas de control y gestión logística, mientras el vehículo es tripulado por un computador que interactúa con los pasajeros, las centrales logísticas, otros vehículos y los sistemas de gestión de tránsito, para lograr la utilización más eficiente y segura del vehículo. Estudios recientes sostienen que la implementación de esta tecnología permitirá optimizar el uso de la flota de transporte y reducir significativamente las emisiones de CO2 y los accidentes de tránsito. Esto no es un dato menor si se tiene en cuenta que el volumen de transporte de mercancías por carretera se cuadruplicará hacia 2050.

La utilización de robots y realidad aumentada también caracterizará a la producción y la gestión de cadenas de abastecimiento en el futuro. Amazon es una de las empresas que está liderando la experimentación con estas tecnologías.

Hacia finales de 2015, había alrededor de 30.000 robots Kiva trabajando en 13 de sus almacenes, los cuales, en comparación con los almacenes sin robots, presentaban un tiempo de localización, empaquetamiento y envío de productos 75% más rápido, podían gestionar un 50% de inventario más por metro cuadrado y habían reducido sus costos de operación en 20% (USD 22 millones).

Finalmente, otros cambios radicales provendrán del Internet de las Cosas y la impresión 3D. En el primer caso, se espera que con los más de 50 mil millones de dispositivos conectados y transmitiendo información a plataformas en la nube, las empresas puedan tomar decisiones más informadas y en tiempo real para optimizar sus procesos productivos, evitar disrupciones y satisfacer una demanda por parte de los consumidores que será cada vez más personalizada y volátil. Por ejemplo, desde hace unos años, empresas como General Electric y Rolls Royce están instalando sensores en las turbinas de los aviones, que constantemente transmiten información sobre su funcionamiento y permiten anticipar necesidades de mantenimiento, disminuyendo los riesgos de fallo, así como los costos y tiempos de inspección.

Por su parte, con la impresión 3D, una idea podrá ir directamente desde su concepción a su producción, con escaso empleo de mano de obra, menor desperdicio de materiales y costos de transporte casi nulos. Airbus ya está imprimiendo partes de sus aviones en 3D, lo que le ha permitido reducir desperdicios en un 80% durante el proceso de manufactura y mejorar los tiempos de entrega de estas partes en un 70%.

¿Y ahora qué hacemos?

Sin lugar a dudas, la cuarta revolución industrial traerá beneficios para la economía y la sociedad. Pensemos en la necesidad de incrementar la productividad en el sector agroindustrial para satisfacer una población global en aumento. O en cómo mejorar las prácticas productivas para reducir las emisiones de CO2 y contrarrestar el cambio climático. Incluso en cómo tener mayor cantidad y mejor calidad de información para tomar decisiones más adecuadas en temas como transporte o gestión urbana. La utilización de nuevas tecnologías digitales y la “revolución de los datos” generarán avances sin precedentes en estos y otros ámbitos.

Sin embargo, no podemos desconocer los grandes interrogantes que ellas presentan: ¿qué impacto tendrán en el empleo o el crecimiento económico de los países?; ¿quiénes serán los ganadores y los perdedores en este nuevo escenario?; ¿qué riesgos surgirán para la seguridad individual y colectiva? En los albores de la 4ª Revolución Industrial es necesario, ante todo, generar conciencia pública, así como también abogar por la inclusión de este tema en la agenda de los sectores público, privado y académico. Conocer es el primer paso para que los países de América Latina y el Caribe puedan ser proactivos en la maximización de beneficios y la minimización de riesgos en la transición hacia esta nueva era.

Este será el tema principal del Seminario “Financiando la 4ta Revolución Industrial” organizado por el BID el próximo 6 de octubre. ¡Los invitamos a participar!

Seminario “Financiando la 4ª Revolución Industrial”

El seminario debatirá acerca de los desafíos y oportunidades que las nuevas tecnologías digitales presentarán para la economía y el sistema productivo en el futuro, así como el rol del financiamiento y las perspectivas para el sector público. Contaremos con la participación de empresas líderes a nivel mundial en logística y finanzas, así como con start-ups y representantes de bancos de desarrollo de América Latina.

¿Cúando y dónde?
Jueves 6 de octubre, 9:00am-3:30pm / Auditorio Enrique V. Iglesias del BID (Washington, DC)
Más información, agenda y ponentes

El evento se transmitirá por Internet
Click aquí para ver el evento
(Link disponible el día y hora del evento)

Agustina Calatayud
Agustina Calatayud

Agustina Calatayud es especialista en desarrollo del sector privado en la División de Mercados de Capitales e Instituciones Financieras del Banco Interamericano de Desarrollo. Es Doctora en Ingeniería Mecánica y Sistemas por la Universidad de Newcastle, Reino Unido, y posee maestrías de la Universidad de California, Berkeley, y la Universidad de Padua, Italia. Sus áreas de especialización son la gestión de cadenas de abastecimiento, transporte y sistemas complejos.

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