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Cuando la contaminación ambiental aumenta el crimen

QuitoPor John Dunn Smith

Este post fue originalmente publicado en el blog Ideas que Cuentan

El crimen es una gran preocupación para los latinoamericanos. La contaminación también lo es cada vez más. Sin embargo, es poco usual considerar las relaciones y las concesiones que deben hacerse entre ambos factores.

Aun así estos son precisamente los problemas que exploran el profesor visitante Paul Carrillo y sus colegas de la Universidad de Washington, Arun Malik y Andrea López en un estudio para el BID. Los autores tomaron como estudio de caso el programa de restricción vehicular de Quito, llamado Pico y Placa. Al igual que programas similares en ciudades alrededor del mundo, el Pico y Placa restringe, en días laborales alternos, el ingreso al área del centro de la ciudad a automóviles cuyas placas terminan en número par o impar.

Sin embargo, a diferencia de muchos de estos programas, el Pico y Placa ha sido efectivo, y los niveles de monóxido de carbono disminuyeron en un 10% durante el periodo considerado de mayo de 2010 a mayo de 2011. Al parecer este fue el resultado de un monitoreo vigoroso por parte de la policía local y nacional en 11 puntos de control fijos en el perímetro del área restringida, y 15 puntos aleatorios dentro del área restringida, con una multa alta y la inmovilización del vehículo durante un día para quienes infringen la medida por primera vez. Incluso si algunas violaciones no se reportaron debido a sobornos, el Pico y Placa logró sus objetivos en gran medida.

Pero este éxito tuvo un precio sorprendentemente alto. Se estima que, dentro del área restringida, los delitos contra la propiedad se incrementaron entre un 5% y un 10%, solo durante las horas de la restricción: las horas pico en días laborales, entre las 7:00 am y las 9:30 am, y entre las 4:00 pm y las 7:30 pm. No hubo ningún incremento en las horas sin restricción. Este incremento general incluía un patrón todavía más inquietante: se estima que, durante esas horas, los delitos contra la propiedad cerca del perímetro del área restringida –es decir, en lugares cerca del perímetro pero lejos de los 11 puntos de control– aumentaron en un 60%.

Entonces, ¿por qué limpiar el aire llevó a un incremento en el crimen? Los autores no encontraron ningún cambio evidente en el uso del transporte público, lo que hubiera generado un entorno con una cantidad de objetivos particularmente alta para los carteristas y ladrones. Sin embargo, el Dr. Carrillo y sus colegas sí encontraron un “desplazamiento”. En otras palabras, hay una cantidad limitada de policías. Los oficiales asignados a controlar las placas y a inmovilizar cerca de 200 vehículos todos los días no están disponibles para otras funciones policiales como patrullar las calles y monitorear actividades sospechosas. Si los criminales saben dónde está presente la policía, pueden inferir dónde es probable que la policía esté ausente, y actuar de acuerdo con esto.

Quito aprendió la lección. Desde el periodo en consideración, la ciudad ha creado una unidad independiente encargada de vigilar las restricciones de tránsito en el centro de la ciudad, liberando así a los policías para que realicen sus actividades tradicionales. Si otras ciudades pueden encontrar maneras de hacer cumplir las restricciones vehiculares efectivamente y sin emplear al limitado personal policial, pueden también avanzar en términos de minimizar las potenciales concesiones entre controlar la contaminación y controlar el crimen.

Dunn Smith es editor asistente del Departamento de Investigación del BID

Foto: Flickr CC Jipe7

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