Por Ignez Tristao y Agustín Cáceres* 

Dicen que el agua es vida. Un elemento clave para la vida, sin el cual no podríamos sobrevivir. Sin embargo, cuando hablamos de salud pública, el agua solo es sinónimo de vida cuando es potable y cumple con unos estándares mínimos de calidad y salubridad. Por desgracia, el agua en los países en desarrollo puede convertirse en una vía de transmisión de enfermedades. Hoy en día,  en América Latina y el Caribe, el agua contaminada es uno de los principales factores de riesgo para las poblaciones más vulnerables.

Muchas enfermedades infecciosas se transmiten a través de la ingestión de agua contaminada, por servicios deficientes de saneamiento o por falta de agua limpia para asegurar una higiene correcta corporal y en el hogar. Entre estas dolencias se incluyen muchas enfermedades tropicales desatendidas, que en América Latina y el Caribe afectan a más de 100 millones de personas.

La solución a la salud de millones de personas que son proyectos que combinan mejoras en infraestructura que permite el acceso a agua potable de calidad junto con acciones de salud pública.

El proyecto de mejora del saneamiento en Georgetown, Guyana es un ejemplo exitoso de integración entre sectores para la lucha contra enfermedades relacionadas con el agua. En este país, se estima que hasta el 9% de la población podría estar infectada con filariasis linfática. Con una amplia franja costera bajo el nivel del mar, la capital del país, Georgetown, tiene un sistema de alcantarillado obsoleto y en mal estado que hace que la ciudad sea propensa a inundaciones durante la temporada de lluvias. El estancamiento del agua de la lluvia junto con los problemas del alcantarillado crea el hábitat perfecto para que la población del mosquito culex, que transmite la enfermedad, aumente de manera peligrosa.

En 2010, el BID aprobó un préstamo de US$10 millones con el objetivo de mejorar las condiciones de saneamiento de la región más poblada de Guyana a través de la rehabilitación del sistema de alcantarillado y actividades complementarias para eliminar la elefantiasis. Entre las actividades se incluyó la administración masiva de medicamentos preventivos para más del 80% de la población la cual se repetirá en los próximos cinco años consecutivos con el objetivo de interrumpir la transmisión de la enfermedad.

Desde aquí les invitamos a conocer la historia de Bernadette, una de las más de 310.000 personas beneficiadas por este proyecto del BID.

 

Ignez Tristao es especialista sénior de la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo en México.

Agustín Cáceres es consultor de comunicación y advocacy en la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo en Washington DC.

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