08 febrero 2018

Mujeres en la ciencia: pasado, presente y futuro

 

Mi abuela paterna, la Nonna, se graduó de doctora en medicina y cirugía en la Universidad de Florencia en 1940, mi mamá obtuvo un doctorado en bioquímica y mi suegra tiene un postgrado en enseñanza de matemáticas. Dado estos antecedentes, el próximo Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia es un día de celebración familiar.

La ciencia y la tecnología son cruciales en el desarrollo de los países y en el futuro de nuestras sociedades. El desafío está en lograr que más mujeres sean protagonistas de ese futuro. Para esto es necesario que todas las mujeres y niñas tengan acceso a carreras y oportunidades laborales en estos campos.

En América Latina y el Caribe aún existe una importante segmentación entre los empleos que tienen los hombres y las mujeres. Los trabajos de las mujeres continúan fuertemente concentrados en las ramas de servicios y comercio: siete de cada diez mujeres trabajan en estas áreas. Y es precisamente allí donde hay mayor porcentaje de empleos de baja productividad, baja remuneración y bajos niveles de protección social. De hecho, las mujeres solo ocupan el 33% de las profesiones mejor pagadas en la región, a pesar de que, en promedio, obtienen medio año escolar más que los hombres.

“Carreras de hombres” y “carreras de mujeres”

¿Por qué persiste este concepto? ¿Cómo se explica la diferencia? ¿Es acaso un tema de habilidades o de preferencias y expectativas de cada género? La respuesta es multifacética.

Uno de los factores que conduce a la segmentación del mercado de trabajo por género—lo cual se asocia con diferencias en sueldos y condiciones laborales—es la diferencia en aspiraciones y expectativas sobre una carrera. El estudio de PISA del 2015, mostró que casi el 25% de los estudiantes de 15 años a nivel global espera trabajar en una profesión vinculada a las ciencias. Entre los países de América Latina el porcentaje fue muy superior: 38%. Y si bien en México y Perú hay mayor probabilidad de que sean los chicos los que escojan una carrera vinculada a las ciencias, en Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile y Uruguay, son las jóvenes quienes expresaron mayor intención de trabajar en estas áreas.

Sin embargo, dentro de la elección por parte de los jóvenes de carreras en “ciencias”, también existe una diferencia de género muy significativa. Los chicos están casi tres veces más interesados en las ingenierías y las TIC que las chicas. Incluso entre las alumnas con mejor rendimiento escolar, muy pocas aspiran a carreras de informática e ingeniería, favoreciendo–tres veces más que los varones—carreras en salud, especialmente medicina, enfermería, odontología, farmacia o veterinaria.

La decisión de los jóvenes de seguir determinadas carreras sigue estando influenciada por factores no relacionados con sus habilidades, sino con estereotipos de género y creencias sobre para qué son buenos los chicos y las chicas y qué es bueno para cada uno de ellos. Esto debe cambiar.

¿Cómo podemos acelerar el cambio?

Es fundamental que como sociedad continuemos desafiando los prejuicios y estereotipos de género, en particular los asociados a las actividades y ocupaciones vinculadas a las matemáticas y la tecnología, empezando en el hogar. Datos preliminares de un estudio del BID con la Universidad Federal de Pernambuco muestran que para el 26% de las estudiantes encuestadas la familia y los amigos son un factor muy importante en su decisión de carrera. La escuela y los educadores también tienen un rol fundamental. El BID y la Secretaría de Educación Pública de México están implementando un proyecto de orientación vocacional para contribuir a reducir la brecha de género en el mercado laboral e impulsar a más mujeres a seguir carreras STEM. Los resultados preliminares de la evaluación experimental, primera en su tipo a nivel global, son muy prometedores. A través de esta intervención, pudimos conocer a chicas como Raquel Hernández, estudiante de la escuela CETIS 11 en Ciudad de México, quien no solo ve con gran claridad su futuro en el campo de las carreras STEM, gracias en parte al apoyo de su madre, sino que nos insta como sociedad a desafiar estereotipos. Raquel es un ejemplo esperanzador de un futuro equitativo para las mujeres en las ciencias. Comparto parte de nuestra conversación con ella en el video adjunto.

Poner fin a los prejuicios para que más mujeres y niñas logren realizar todo su potencial y mejorar sus perspectivas de carrera en las áreas STEM es tarea de todos. Yo tuve la fortuna de contar con ejemplos muy cercanos de lo que las mujeres son capaces de lograr en cualquier campo que se propongan. Es mi deseo e intención que, al igual que mi Nonna en 1940, todas las niñas y mujeres puedan avanzar en el camino de su vocación y realización profesional en libertad y con paso seguro. Los beneficiados de sus contribuciones seremos todos, por igual.

¿Qué ideas se les ocurren para estimular a más chicas a incursionar en los campos STEM?

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