26 septiembre 2017

Lo que ocurre en las relaciones de la adolescencia no queda ahí

Por Clara Alemann, Giovanna Lauro y Alice Taylor*.

Sabemos poco acerca de la dinámica de las relaciones de noviazgo entre adolescentes; pero lo que sí sabemos es que lo que ocurre en la adolescencia, incluyendo la violencia de pareja, puede tener consecuencias devastadoras en sus vidas ahora y en el futuro.

Quienes sufren violencia de pareja durante la adolescencia son más propensos a tener peor desempeño escolar, reportar abuso de alcohol, problemas de salud mental y comportamientos sexuales de riesgo. También es más probable que sean víctimas o perpetradores de violencia de pareja en sus relaciones en la adultez, lo que en nuestra región, afecta a una de cada tres mujeres entre 15 y 49 años alguna vez casada o en unión. Para detener la transmisión intergeneracional de la violencia y fomentar relaciones sanas y no violentas durante la adolescencia debemos comprender mejor  por qué ocurre la violencia en esta etapa.

¿Cuáles son los factores de riesgo de la violencia de pareja durante la adolescencia?

Un estudio reciente desarrollado por Promundo y el BID en zonas rurales y urbanas en Brasil y Honduras arroja luz al respecto. La investigación resalta que tanto varones como mujeres sufren violencia psicológica, física y sexual y esto es común en sus relaciones. Sin embargo, las mujeres sufren más violencia física y sexual por parte de sus parejas.

Es alarmante constatar que, si bien los adolescentes tienden a reconocer en qué consiste la violencia física, no identifican otras formas de violencia, comúnmente normalizan el sexo no consensuado y los comportamientos controladores. Estos últimos son generalizados, a menudo recíprocos y a veces percibidos como una forma de cuidado. Muchas de las adolescentes consultadas consideran normal que su pareja supervise su vestimenta y determine con quién pueden comunicarse por sus celulares y redes sociales. También describen sus mejores relaciones como aquellas donde “las relaciones sexuales no son forzadas“. Mientras, los varones tienden a presionar a su pareja para tener relaciones sexuales hasta doblegar su voluntad. Un joven de 16 años en Intibucá, Honduras, al preguntarle si alguna vez había forzado a su pareja a tener relaciones afirmó: “Bueno, sí, como estaba asustada, ella no quería, pero uno tiene la obligación de demandarlo.

Entre los factores de riesgo identificados en el estudio se destacan las normas sociales de género, creencias socialmente compartidas que validan la desigualdad de género, las construcciones rígidas acerca de la masculinidad y la femineidad y legitiman la violencia de pareja. Como atestigua una joven hondureña de 24 años: “Cuando le dije a mi madre que tenía problemas con mi novio, ella me dijo que eso era normal, que las mujeres deben aguantarlo”.

Las normas sociales también desalientan a terceros a intervenir cuando una pareja está viviendo situaciones de excesivo control o violencia, lo que contribuye a que la pareja no busque ayuda y a su aislamiento de sus redes de apoyo. Otros factores de riesgo identificados son el acceso limitado a servicios de salud sexual y reproductiva, relaciones de poder desiguales en la pareja, aislamiento social, ausencia de familiares o cuidadores a quién acudir y haber sufrido violencia en la infancia.

En este contexto, es desconcertante conocer a través de la investigación que mientras la mayoría de los adolescentes aspira a tener relaciones basadas en la confianza, el respeto y el amor, no tienen orientación alguna para lograrlo. Escasean las oportunidades de aprender y reflexionar críticamente sobre sus derechos sexuales y reproductivos, la igualdad de género, habilidades de comunicación interpersonal, y autoeficacia, lo que los ayudaría a reconocer sus propias preferencias y deseos, y comunicarlos a sus parejas de manera asertiva y sin agresión. Tampoco reciben educación integral en sexualidad para poder navegar sus primeras relaciones de forma consensuada, segura y sin coerción.

¿Qué podemos hacer?

Resaltamos a continuación algunas de las líneas de acción recomendadas en el estudio:

Necesitamos hacer mucho más para preparar a los adolescentes desde temprano para lo más importante que quizás hagan en sus vidas: aprender a querer a otro/a y a desarrollar relaciones saludables, respetuosas y cuidadosas,  construyendo un entorno social  que promueva relaciones de género equitativas y no violentas. Nos encantaría conocer sus experiencias, opiniones, e iniciativas a nivel comunitario, de servicios o individual, para promover relaciones saludables entre adolescentes.

Giovanna Lauro es Vicepresidenta de Programas e Investigación de Promundo. Sus áreas de enfoque incluyen investigación y programas para la prevención de prácticas tradicionales dañinas y la participación de hombres y niños en la prevención de la violencia de género. Previamente fue Directora Asociada del Programa Mujeres y Población en la Fundación de las Naciones Unidas. Anteriormente, trabajó en temas de diversidad, raza y etnicidad en London School of Economics y en la Universidad de Oxford, donde obtuvo su PhD en Ciencias Políticas. Tiene una maestría de John Hopkins en Estudios Internacionales Avanzados y una licenciatura de la Universidad de Bologna.

Alice Taylor actualmente cursa estudios de PhD en UC Berkeley Graduate School of Education. Previamente coordinó investigaciones con Promundo en Brasil, desde el 2010. A lo largo de su carrera, Alice ha sido consultora para múltiples organizaciones. Tiene una maestría en relaciones internacionales del Fletcher School, Tufts University con enfoques en género y seguridad humana.

 

El estudio fue desarrollado por el BID y Promundo, en colaboración con equipos de investigación de UC-Berkeley y Plan Brasil que llevaron a cabo el trabajo de campo en Honduras y Codo, Brasil, respectivamente.

3 Responses

  1. Todo empieza en casa. Hay una altisima correlacion entre violencia de pareja en la adolescencia y las experiencias de la infancia temprana. Bebes y niños expuestos a patrones de relacion violentos tienden a repetir estas conductas y aceptarlas como la norma. Repeticion intergeneracional que se da no solo por el ejemplo “observado”, sino por cambios fisiologicos consecuencia de altos niveles de estres prolongado, y las capacidades de autorregulacion emocional que deben desarrollarse en los primeros años de vida.

    1. Clara Alemann

      Totalmente de acuerdo Alejandra con tu comentario y gracias por leer el articulo y compartir tus ideas. Hay evidencia que muestra como la violencia se reproduce de una generaciona otra, y que la mejor estrategia de prevencion seria, evitar que los ninos esten expuestos a violencia durante su infancia. De manera similar, si los y las adolescentes sufren violencia en esta etapa tan criticam aunmenta la probabilidad de que vuelvan a experimentar violencia en sus relaciones adultas.

  2. Sandra Gutierrez

    definitivamente la educacion empieza en el seno de la familia, y muchas veces son los propios padres y aun peor la madre que la que no da una buena guia o ejemplo, y eso se ve mas en los paises latinoamericanos donde se arraiga mas el machismo y se podria decir que las mujeres son mas machistas que los propios hombres, esto amaparadas en que en sus tiempos la mujer tenia que obedecer al hombre y que si este la golpeaba, era parte de la vida en comun, en este sentido debemos trabajar, tambien en las escuelas y colegios para erradicar la violencia en las relaciones de pareja, de nada nos sirven tener normativas legales, crear politicas de prevencion si no se llega a la consientizacion de que la mujer vale por el solo hecho de ser mujer y que no debemos pertimitir dentro de una relacion ninguna clase de violencia, y menos en la adolescencia donde comienzan paradigmas que marcan cualidades y caracteristicas de la personalidad en un futuro…

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