24 noviembre 2016

¿Cómo puede ser amor si sus palabras están llenas de odio?

Por Anne-Marie Urban y Denisse Wolfenzon*

“Eres una estúpida inútil, nunca haces nada bien”. “Si sales de la casa otra vez sin mi permiso, lo vas a lamentar”. La violencia contra las mujeres comienza con las palabras. Y aunque éstas no dejan marcas visibles como los golpes, sus efectos pueden ser igual de dañinos. Las mujeres que sufren abuso verbal o emocional crónico tienen una autoestima muy baja y corren mayor riesgo de sufrir depresión, ansiedad o incluso intentar suicidarse. El abuso emocional también es capaz de acabar con sus redes sociales y aumentar su nivel de pobreza.

El abuso emocional es la forma más extendida de violencia contra las mujeres. En Perú el 69,4% de las mujeres que alguna vez han estado casadas o en unión reportó abuso emocional por parte de su pareja en 2014, frente al 32,3% que reportó violencia física.

Además, la violencia emocional y física están muy interrelacionadas, suceden de forma simultánea o en progresión: la violencia física es a menudo utilizada cuando el abuso emocional no logra los resultados que busca el agresor. En 2006, el 92,6% de las mujeres en El Salvador que reportaron violencia física en los últimos 12 meses también experimentaron abuso emocional durante ese período de tiempo.

¿Cómo se manifiesta el abuso emocional? Incluye insultos, humillaciones y amenazas de agresión, abandono, de llevarse a los niños o de dejar de dar apoyo económico. Con frecuencia se acompaña de acciones de control, como evitar que la mujer vea a sus amigos y familiares o que trabaje fuera del hogar, mostrando celos y sospechando su infidelidad.

¿Y en el trabajo? Las mujeres experimentan acoso, insultos, comentarios sexistas y amenazas de no recibir su paga o promociones, por nombrar algunos ejemplos. Este abuso emocional o verbal, especialmente cuando es perpetrado por superiores, es un medio poderoso de mantener las desigualdades de género en el mundo laboral.

La violencia basada en las palabras, como reflejó hace unos años Amnistía Internacional en El iceberg de la violencia de género, forma la amplia base sumergida del famoso iceberg. Por eso no podemos desestimar el poder de las palabras ni continuar quitándole importancia al abuso verbal porque (todavía) no ha llegado a la agresión física.

¿Qué podemos hacer para parar el abuso emocional?

Primero, reconocer que el cambio comienza por cada uno de nosotros, y entonces:

  1. Ayudar a visibilizar que el lenguaje abusivo es una forma de violencia con efectos negativos en el largo plazo.
  2. Contribuir a cambiar las normas sociales que siguen justificando el uso de cualquier tipo de violencia contra las mujeres en lugar de abogar por formas pacíficas de resolución de conflictos e igualdad en las relaciones.
  3. Ser un modelo de comunicación respetuosa y no violenta en el hogar, en nuestras comunidades y en el trabajo.
  4. Como profesionales, buscar oportunidades para apoyar iniciativas de prevención de la violencia, especialmente aquellas dirigidas a desarrollar habilidades entre progenitores, niños y jóvenes para formar parte de relaciones sanas y no violentas. La evidencia demuestra que tanto los programas escolares como los de crianza de los hijos pueden ayudar a reducir la violencia emocional y prevenir la transmisión intergeneracional de la violencia contra las mujeres.
    Un ejemplo es el programa Amor, pero del bueno, en Ciudad de México, que promueve un ambiente inclusivo y no violento en las escuelas, construyendo una postura crítica hacia la violencia de género en el noviazgo. Uno de los resultados fue la reducción de la  violencia psicológica (55%) perpetrada por los chicos que participaron. Otro ejemplo es el programa de crianza positiva Triple P, que da a los progenitores estrategias prácticas para construir relaciones saludables y afrontar de forma positiva el comportamiento de sus hijos en 25 países. La evaluación de uno de sus programas en Carolina del Sur (Estados Unidos) encontró una reducción del 25% en la tasa de maltrato infantil justificado.

Reflexionemos sobre cómo lograr el cambio. Trabajemos juntos para transformar nuestras palabras en instrumentos de coexistencia pacífica e igualdad en todas las esferas de nuestra vida.

 

denisse*Denisse Wolfenzon es consultora de la División de Capacidad Institucional del Estado del BID, donde apoya la integración de la perspectiva de violencia contra la mujer. Anteriormente trabajó en el área de Gobernabilidad del Banco Mundial en temas relacionados a la rendición de cuentas y transparencia fiscal en América Latina. Es Economista por la Universidad de Lima (Perú) y tiene una Maestría en Relaciones Internacionales con una concentración en Desarrollo Político y Económico de la Universidad de Columbia (EE.UU.).

2 Responses

  1. Pingback : Violencia emocional - BID | Blogs El Tiempo

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