15 noviembre 2016

La ingeniería del futuro es un juego de niñas

Enchufadas. Así dejé a mis hijas y a sus amiguitas frente a la consola de videojuegos con una clara pero oculta intención: acercarlas a través del juego a todo artilugio que les haga manejar una computadora con tanta naturalidad como si fuera otro juguete más. La misión es hacer nacer el amor de estas niñas en las ciencias y, ojalá, en una profesión como la informática o la programación, que promete ser mejor pagada y agradecida que aquellas a las que tradicionalmente nos inclinamos las mujeres.

Diversos estudios demuestran que los videojuegos nos hacen más inteligentes. De acuerdo con los expertos, jugar con videojuegos mejora nuestras funciones cerebrales, nuestra capacidad para resolver problemas, el razonamiento espacial, la memoria, la capacidad de planeación estratégica y hasta las habilidades sociales, entre muchos otros beneficios cognitivos.

Si lo vemos desde el lado práctico Sheryl Sandberg, jefe de operaciones de Facebook, sostiene que si las niñas juegan con videojuegos cambiará la percepción a veces negativa que tienen sobre las computadoras, las ciencias y las matemáticas, basada en estereotipos sociales aprendidos sobre el rol del hombre y de la mujer. Y sostiene que este interés incluso podría convertirse con el tiempo en la puerta de entrada a una prometedora carrera en el campo de las llamadas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus siglas en inglés).

No obstante, el reto es grande. Según un estudio del BID, aún son pocas las mujeres que se han decantado por una carrera en el campo de las STEM o al frente de emprendimientos en estas áreas. Incluso en los países más desarrollados es una tarea pendiente: en los Estados Unidos menos del 20% de los estudiantes de ingeniería son mujeres, un porcentaje que se reduce aún más cuando se considera la proporción de ingenieras en el mercado laboral (14%).

Si bien no hay muchos datos para América Latina y el Caribe, los pocos que existen confirman esa tendencia mundial. Por ejemplo, la proporción de mujeres investigadoras en la disciplinas de ingeniería y tecnología es del 21% en Chile y del 19% en Colombia. En México, durante los últimos 20 años el número de mujeres que ha decidido estudiar carreras científicas se ha multiplicado casi 11 veces y aun así sus solicitudes de becas para postgrado, puestos de trabajo o membresías del Sistema Nacional de Investigadores (SIN) no supera el 30% del total. De hecho, aunque cada vez es mayor la cantidad de mexicanas que estudia o se dedica a la ciencias, entre 2000 y 2005 en ese país se otorgaron sólo 42 patentes a mujeres y 671 a hombres.

Más mujeres, más desarrollo

La buena noticia es que la región está despertando a esta necesidad y la tendencia puede revertirse. Una iniciativa que en lo personal aplaudo es Laboratoria, una empresa social de tecnología que empodera a jóvenes mujeres que no han tenido acceso a educación superior de calidad, dándoles la oportunidad de formarse y comenzar una carrera en el sector digital.

Y es que para salir adelante nuestra región necesita más mujeres en todos los sectores. Basta con mencionar un estudio reciente que muestra cómo si aumentara la participación femenina en la fuerza de trabajo de nuestros países el PIB de América Latina podría aumentar un 14%, lo que equivaldría a agregar US$1,1 trillones a nuestra economía.

Promover una mayor participación de las mujeres y las niñas en las ciencias y carreras con mayor futuro no es una idea romántica u obedece a aspiraciones de justicia social, se trata de un vehículo real para cerrar la brecha de género y lograr así una mayor competitividad de la región. Sin embargo, todos estos cambios deben comenzar por la casa.

En mi caso, y creo que en el de muchos progenitores, quiero para mis hijas una carrera que sea prometedora en cuanto a satisfacción, independencia financiera, demanda y perspectivas de crecimiento. La vida da muchas vueltas y uno nunca sabe cuál será el resultado final. Pero si en algo puedo ayudar en el proceso, comenzaré por hacer mi tarea con los benditos videojuegos.

Este post fue publicado originalmente el diario El País

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