América Latina y el Caribe: una región que envejece rápido

América Latina y el Caribe, una región que envejece rápido

América Latina y el Caribe envejece más rápido que el resto del mundo. Un nuevo estudio del BID destaca que, en las próximas décadas, países como Nicaragua, México y Chile envejecerán hasta tres veces más rápido que algunos países europeos. Sin embargo, a pesar de que tenemos muchos más datos y proyecciones sobre el envejecimiento poblacional que sobre el impacto de los avances tecnológicos, a menudo la tecnología opaca a la demografía en los titulares sobre el futuro del trabajo, pues existe el mito de que vivimos en una región joven. Si la realidad es que los adultos mayores se están convirtiendo en un segmento tan importante de la población, ¿qué pasará con los mercados laborales de nuestros países?

Un nuevo estudio del BID destaca que, en las próximas décadas, países como Nicaragua, México y Chile envejecerán hasta tres veces más rápido que algunos países europeos.

Envejecer en condiciones de pobreza

Dada la persistencia de la informalidad laboral y la provisión limitada de mecanismos de protección social, nuestra región corre el riesgo de envejecer en condiciones de pobreza. Aún con la proliferación de pensiones no contributivas, se estima que 4 de cada 10 adultos mayores en América Latina y el Caribe no reciben ningún tipo de pensión por vejez, y a quienes sí reciben pensión muchas veces no les alcanza para escapar de la pobreza.

Se estima que 4 de cada 10 adultos mayores en América Latina y el Caribe no reciben ningún tipo de pensión por vejez.

Aunque ni la informalidad ni el trabajo en la vejez son fenómenos novedosos en la región, cambios culturales y demográficos relativamente recientes traen elementos nuevos al contexto regional. Entre ellos, se pueden mencionar la reducción del tamaño de las familias y la inserción laboral femenina, que, a pesar de ser logros sociales importantes, limitan la provisión tradicional de cuidados dentro del hogar (las familias solían representar una red de seguridad para el bienestar de las personas mayores). Adicionalmente, los avances en prevención y atención médica permiten vivir vidas más largas, por lo que crecerá el porcentaje de personas que alcanzan la llamada ‘cuarta edad’ (mientras que la esperanza de vida era de 69 años para los hombres y 76 años para las mujeres en el año 2000, se estima que para el año 2050 los hombres vivirán un promedio de 80 años y las mujeres un promedio de 84 años). Estos elementos se traducirán en incrementos substanciales en el gasto público en salud y pensiones durante las próximas décadas. Además, los mercados laborales deberán adaptarse para darle oportunidades a los adultos mayores, que ahora tendrán la necesidad de trabajar durante más años.

Los avances en prevención y atención médica permiten vivir vidas más largas, por lo que crecerá el porcentaje de personas que alcanzan la llamada ‘cuarta edad’.

Lecciones de otros países

Quizás podemos aprender algunas lecciones del país más envejecido del planeta, Japón. La super envejecida sociedad nipona introdujo en el año 2000 un programa de seguros para esquemas de cuidado médico de largo plazo, en donde los asegurados comienzan a pagar mensualidades a partir de los 40 años y pueden acceder a los beneficios a partir de los 65 años (luego de someterse a algunos exámenes para definir su elegibilidad). La mitad de esta iniciativa se financia por las contribuciones de los contribuyentes y la otra mitad por el gobierno. Además de promover la cobertura de protección social a la vejez, la introducción de este programa promovió la inserción laboral de los familiares de los asegurados, actuando implícitamente como una política activa de mercado laboral.

Con una tasa de envejecimiento tan alta como la de Japón, no sorprende que, durante el período de 2002 a 2016, la profesión que más creció en este país fue la de servicios de cuidado de la salud. De hecho, las municipalidades japonesas ya están reclutando adultos mayores menos envejecidos (como los sexagenarios) para emprender actividades ligeras dentro de los centros geriátricos. Las previsiones de demanda de trabajadores para otros países, como es el caso de Estados Unidos, corroboran que las ocupaciones que van a ser cada día más demandadas serán aquellas relacionadas con servicios médicos y cuidado de personas mayores.

¿Qué hacer con una región envejecida?

La provisión de salud y la protección ante el riesgo de pobreza en la vejez serán retos ineludibles para las políticas públicas en América Latina y el Caribe, ya que envejeceremos más rápido que algunas economías más desarrolladas y con mayor cobertura de protección social en la vejez. Ante estos desafíos, el Estado debe ver a la tecnología como una aliada para brindar oportunidades laborales a los adultos mayores que seguirán trabajando después de la edad tradicional de retiro, facilitando el aprendizaje a lo largo de la vida. Además, los países se verán obligados a repensar el Estado de Bienestar para adoptarlo a la realidad de una región envejecida. Con la serie de publicaciones interactivas El futuro del trabajo en América Latina y el Caribe, buscamos dar respuestas a estas y otras cuestiones que marcarán el mercado laboral del mañana en la región.

About the Author

Álvaro Altamirano Montoya
Alvaro Altamirano es consultor de la División de Mercados Laborales del BID. Su experiencia pasada incluye trabajos de consultoría para organismos regionales e internacionales, como los laboratorios de ideas Funides y Copades. Ha contribuido con consultorías para la Unidad de Desarrollo Sostenible del Banco Mundial. Cuenta con experiencia en docencia e investigación en universidades de Nicaragua y Brasil. Su investigación se centra en comparaciones de pobreza multidimensional, movilidad económica, trabajo doméstico no remunerado, medidas de bienestar en hogares monoparentales, y educación técnica. Posee una licenciatura en Economía Aplicada por la Universidad Centroamericana en Nicaragua y una maestría en Economía Familiar por la Universidad Federal de Viçosa en Brasil.

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