Mantener la autonomía funcional y económica en la cuarta edad

Mantener la autonomía funcional y económica en la cuarta edadFoto: Ángel Muñoz

Para el señor Tolkien la cuarta edad comienza cuando los Guardianes de los Tres Anillos se hacen a la mar rumbo a las Tierras Imperecederas.  El enunciado define de forma metafórica lo que actualmente se denomina como la cuarta edad. El envejecimiento de la población tiene la consideración de problema de países ricos. Sin embargo los países de Latinoamérica y el Caribe no van a ser durante mucho tiempo ajenos a este fenómeno. Según se puede leer en “Mejores pensiones, mejores trabajos” (Bosch et al.) “los aproximadamente 40 millones de adultos mayores que había en la región en 2010 se van a convertir en 140 millones en el año 2050”.

Se trata por tanto de un colectivo que cada vez tendrá mayor peso en los censos electorales, conllevando que se dé mayor importancia a aspectos que para dicho colectivo pueda ser más prioritario como la defensa de las pensiones o de la atención sanitaria.

Los primeros años de vejez se han convertido en una prolongación de la mediana edad que les permite desplegar actividades y estilos de vida impensables hace unas décadas. El aumento de la longevidad da como consecuencia que la genuina vejez aparezca cada vez a edades más avanzadas. El asunto más relevante para estas personas es la no dependencia, la posibilidad de mantener la autonomía funcional y económica. A mayor longevidad, mayor número de años para mantener unas razonables condiciones de vida, es decir, mayor necesidad de que no se agoten sus recursos económicos.

La familia siempre es un referente en caso de dependencia, pero su estructura está cambiando. Actualmente las familias se alargan y se estrechan. Se alargan por la coexistencia de tres o cuatro generaciones, y se estrechan por la caída de la fecundidad y la inestabilidad de las parejas. El planteamiento debe ser planificar la llegada a la vejez, o a la cuarta edad, con ahorro acumulado que permita la independencia económica del jubilado y el financiamiento de los costes que se puedan producir por problemas de salud. El sistema de pensiones del país probablemente pueda aportar subsidios o rentas en la vejez, pero dado que las condiciones pueden ser variables a lo largo del tiempo lo ideal es contar con recursos propios acumulados, para lo que hay que comenzar sin demora. Decía Pablo Picasso “cuando me dicen que soy demasiado viejo para hacer una cosa, procuro hacerla enseguida”.  Para empezar a ahorrar para la vejez no se debe esperar, hay que comenzar lo antes posible.

Y por supuesto no hay que preocuparse por la acumulación de años, porque envejecer es bueno para la salud.

Autor foto: Ángel Muñoz

About the Author

Ángel Muñoz
Ángel Muñoz es actuario. Entre 2013 y 2015, estuvo adscrito a la División de Mercados Laborales y Seguridad Social del Banco Interamericano de Desarrollo. Ha trabajado como actuario en algunas entidades aseguradoras como Mapfre, Aegon, Argentaria Vida y BBVA Seguros. Ángel cuenta con una licenciatura en Ciencias Empresariales y título de Actuario por la Universidad Complutense de Madrid.

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