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Agricultura resiliente: una visión más allá de la finca

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Todos hemos oído en múltiples ocasiones que Latinoamérica es la despensa del mundo o la última frontera agrícola, dichas afirmaciones se encuentran en amenaza con las proyecciones de cambio y variabilidad climática. El 22% del área cultivada del mundo se espera que experimente impactos negativos por efecto del cambio climático para el 2050. La escasez del agua debido a los cambios temporales y espaciales en la distribución de la lluvia, ocasionará que los diferentes usos del suelo y necesidades humanas compitan aún más por este recurso. Adicionalmente, se incrementará el riesgo de inundaciones, derrumbes e incendios que son amenazas directas y considerables al sector agrícola.

En la agenda frente al cambio climático, las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDCs por sus siglas en inglés) establecen metas para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero con el objetivo de lograr que el aumento de temperatura global se mantenga debajo de los 2°C. Estos NDCs resaltan la importancia de la agricultura, silvicultura y otros usos del suelo para acciones de mitigación y adaptación.

Algunos de estos enfoques para acciones climáticas en el sector figuran la  agricultura climáticamente inteligente, el manejo integrado del paisaje, el manejo de cuencas, entre otros. Profundizando en estos conceptos se puede determinar que muchas de las acciones propuestas ya están siendo desde hace muchos años implementadas en los sistemas productivos en Latinoamérica, entre ellas: agroforestería, manejo agrosilvopastoril, manejo de coberturas del suelo y gestión hídrica. El factor novedoso, hasta cierto punto, y de mayor reto es el abordaje de la escala de paisaje, reconociendo que las fincas no son espacios aislados, sino que interaccionan y dependen de un entorno ambiental y sociocultural.

La escala de paisaje busca comprender y abordar las relaciones socioambientales de un territorio integrando la producción de alimentos, medios de vida de la población, adaptación y mitigación al cambio climático, la conservación de la biodiversidad y sus servicios ecosistémicos. Este enfoque propone un territorio que: cuente con sistemas productivos diversos porque son más resistentes a las plagas y enfermedades; mantiene bosques riparios y zonas de recarga de agua porque es menos vulnerable a cambios extremos en la disponibilidad lluvias; aprovecha los servicios ecosistémicos de polinización y formación de suelos porque es menos dependiente al uso de agroquímicos, entre muchos otros beneficios.

En Colombia, se está trabajando con el gremio palmero con apoyo del BID y GEF, para mejorar la implementación de buenas prácticas agrícolas y hacer una primera aproximación al abordaje de la escala de paisaje. Una de las zonas beneficiarias es la región norte del país cerca de la ciudad de Santa Marta. Los estudios de oferta y demanda hídrica muestran que la zona presenta una sobre demanda y los escenarios de cambio climático predicen un detrimento de este servicio ambiental. Esto, reafirma la necesidad de tener intervenciones que trasciendan la escala de finca y aborden la escala de paisaje ya que por más que el productor implemente acciones para hacer más eficiente el consumo del agua en su predio, la escasez no se solucionará. Es un problema que debe ser abordado en una escala mayor y con todos los actores vinculados.

El abordaje a escala de paisaje es conceptualmente sólido, pero algunas de las experiencias que aplican este enfoque están todavía en desarrollo en Bangladesh, Australia, Madagascar, y otros proyectos que buscaron implementarlo no fueron exitosos. La literatura reconoce que el reto se encuentra en la implementación.

Revisando mi experiencia en proyectos que buscaban la producción agropecuaria sostenible en Centroamérica, y ahora en Colombia, noté que usualmente se define el área geográfica de intervención a través de la focalización con gremios productivos, selección aleatoria de beneficiarios, selección de proyectos productivos de acuerdo a un criterio, entre otros. Esto genera dispersión espacial y dificulta un abordaje de la escala de paisaje, principalmente cuando se busca implementar acciones de conectividad ecológica y gestión integrada de recursos. Por ejemplo, el proyecto mencionado al ser desarrollado con el gremio como el palmicultor, no logró impactar el paisaje completamente. El trabajo con los otros sistemas productivos vecinos (banano, ganadería, etc.) era una condición necesaria para la cual el proyecto no había alcanzado los acuerdos previos, no contaba con los socios institucionales adecuados, ni el presupuesto y tiempo suficiente.

Con lo anterior, mi intención no es invalidar el abordaje de la escala de paisaje, al contrario, es aprender las lecciones y buscar nuevas alternativas. Partiendo de la experiencia expuesta, literatura pertinente, y siendo propositivo y un poco osado, considero que las barreras y áreas de oportunidad en las que debemos enfocar esfuerzos para abordar efectivamente la escala de paisaje son:

  • Investigación en sistemas productivos sostenibles adaptados a condiciones locales. Se ha avanzado en este tema pero solamente con algunos sectores productivos y los arreglos o propuestas de intervención no son válidas para todas las condiciones agroecológicas y sociales. La academia, institutos de investigación, gremios y otros actores relevantes deben unir esfuerzos para cerrar las brechas de conocimiento e incluir variables climáticas tomando en cuenta el contexto específico de la localidad y comunidad. La diversidad de soluciones que se proporcionen será un factor clave en el desarrollo de los proyectos que busquen abordar el territorio integralmente incluyendo los diferentes sistemas productivos presentes.
  • Investigación de las relaciones socio ecológicas que regulan el paisaje. Aunque hay diferentes aproximaciones al abordaje de la escala de paisaje desde múltiples disciplinas, todavía hay una brecha para comprender cómo se interrelacionan las diferentes unidades del paisaje y cómo su transformación impacta en la provisión de los servicios ecosistémicos. Asimismo, es una prioridad dilucidar cómo pueden llegar a afectar los efectos acumulativos del cambio climático, que van afectando paulatinamente la estructura y la función ecosistémica, impactando negativamente a la sostenibilidad de las actividades humanas en el territorio.
  • Consensos locales. Probablemente la más importante de las tres propuestas y en el que juegan un rol clave los actores locales, organizaciones de base, ONG, gremios y gobiernos locales. Alcanzar acuerdos de producción sostenible entre los diferentes actores, es un proceso largo y que difícilmente pueden ser abordado en el marco de un proyecto. El nivel de relacionamiento de los actores, los acuerdos alcanzados y la visión compartida de un territorio, facilitarán la implementación de proyectos que impacten el paisaje.

Ante el escenario de cambio e incertidumbre al que nos enfrentamos, como agentes de cambio en Latinoamérica debemos continuar con las acciones que han demostrado resultados positivos, pero reconociendo que los paradigmas con los que hemos construido las soluciones a los problemas socioambientales en los territorios están cambiando.La rápida adaptación de la población e instituciones a las nuevas dinámicas será fundamental para mantener la producción de alimentos y los servicios ecosistémicos que generan el bienestar en la población.

Si te interesa el capital natural y la biodiversidad, síguenos en Twitter @BIDecosistemas.

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