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Seis cuadras de su barrio concentraron 600 robos en los primeros 7 meses del año. ¿Qué haría usted?

La respuesta más común a esta pregunta sería: “¡llamar a la policía!” Esto parece bastante obvio. Poner presencia policial en los puntos de la ciudad donde se concentra de manera desproporcionada el delito (lo que en la jerga de seguridad se denomina “puntos calientes”) debería reducir el delito.

De hecho, ese tipo de intervención, que se denomina “policiamiento de puntos calientes”, es una de las estrategias policiales con mayor respaldo científico para reducir delitos, particularmente los violentos, los relacionados con drogas y los disturbios. Un reconocido estudio revisó de manera sistemática los resultados de 25 pruebas rigurosas de tácticas policiales de puntos calientes, y encontró reducciones significativas en los delitos en 20 de las 25 pruebas.  Diez de esas 25 pruebas eran evaluaciones aleatorias controladas, el standard más alto para atribuir impacto a una intervención. En Filadelfia, por ejemplo, encontraron reducciones de 23% en delitos violentos.

La respuesta podrá ser obvia desde el sentido común y tener el respaldo de la ciencia, pero muy pocas policías de América Latina y el Caribe lo implementan. ¿Por qué?

Cinco razones que encontramos en el curso de nuestro trabajo:

Primero, las policías están muy ocupadas atendiendo a la emergencia, que consume gran parte de sus recursos. La reacción frente al delito predomina en relación con la prevención. El policiamiento de puntos calientes implica dedicar recursos policiales fijos a zonas específicas durante tiempos determinados. Estos recursos no pueden utilizarse para otros fines, como atender emergencias del 911. Esto requiere organización, disciplina y fuerte apoyo de la conducción.

Segundo, muchas policías no pueden o no saben hacer el tipo de análisis del delito que se necesita en programas policiales de puntos calientes. A veces la información delictiva es de mala calidad (no está bien geo-referenciada por ejemplo). O la información es buena, pero el análisis abarca demasiado terreno. Se generan “mapas de calor” con concentraciones del delito a nivel de varias manzanas en lugar de presentarlo a nivel de cuadra o segmento de calle individuales.

Son estos mapas los que nos permitieron ver que en un barrio de la ciudad de Buenos Aires había 6 cuadras (es decir 600 metros) que registraban 600 robos en los primeros siete meses del 2016. El mismo ejercicio que hicimos para Buenos Aires, lo estamos haciendo para otras ciudades de la Argentina como parte del Programa Federal de Seguridad que acabamos de firmar con el Ministerio de Seguridad de Nación.

Un punto caliente del crimen en Rio de Janeiro

Tercero, hay resistencias naturales al cambio. El comisario que hace 30 años patrulla su ciudad tiene una fuerte intuición sobre donde se concentra el delito. Y seguramente no se equivoque en grandes rasgos. Sin embargo, esto es insuficiente cuando se trata gestionar la seguridad de manera efectiva. Las técnicas analíticas modernas muestran los lugares y las horas de concentración delictiva con una precisión que le gana a cualquier olfato policial cuando se trata de organizar el despliegue de manera eficiente.

Cuarto, existe la creencia (incorrecta) que estas intervenciones no sirven porque solo desplazan el delito. Si pongo un policía en una esquina el ladrón va a ir a robar a la otra esquina donde no está el policía. La verdad es que esto no es tan así. No todas las esquinas son igual de atractivas para un ladrón. No todas presentan las mismas oportunidades. Puede existir un cierto desplazamiento, y es crucial monitorearlo, pero el efecto neto de estas intervenciones es una reducción del delito. Esto es lo que mostraron las evaluaciones rigurosas que mencionamos al comienzo del blog. Aún más, mostraron la difusión de beneficios no anticipados.

Quinto, en algunos lugares la resistencia puede deberse a la presencia de incentivos antagónicos asociados a la corrupción. Cuando el despliegue policial se hace en función de datos duros y análisis objetivos, la discrecionalidad se reduce y la transparencia aumenta, dos factores que no se dan bien en organizaciones permeadas por la corrupción. Cambiar esto requiere liderazgos fuertes.

Estas cinco razones no tienen que darse juntas, algunas suelen prevalecer, variando según el país.

Afortunadamente, los tiempos están cambiando. Empujados por la demanda ciudadana por una mejor seguridad y con liderazgos políticos y policiales renovados, muchas gobiernos de la región están profesionalizando sus policías, combatiendo la corrupción, y desarrollando un abordaje más científico del delito.

En el Banco Interamericano de Desarrollo venimos apoyando a los Ministerios de Seguridad de la región en este proceso de cambio. Un ejemplo de esto en el Cono Sur es el caso del Uruguay y más recientemente también el de Argentina.

En abril de 2016, el Ministerio del Interior del Uruguay implementó el Programa de Alta Dedicación Operativa (PADO). Este es el primer programa en América Latina y el Caribe que cuenta con un cuerpo policial dedicado exclusivamente al patrullamiento de puntos calientes en la zona metropolitana de Montevideo. Inicialmente se enfocó en 120 segmentos de calle, agrupados en 25 circuitos, que representan menos del 1% de la ciudad de Montevideo y concentran el 23% de los robos violentos. Después de un año de implementación, los resultados reportados son muy alentadores: los robos violentos se redujeron en un 41% en los circuitos PADO, lo cual permitió reducir un 9% para el área metropolitana de Montevideo. Una evaluación de impacto en curso nos permitirá decir con mayor confianza cuanto de este efecto se puede atribuir al PADO, pero la evidencia preliminar es muy prometedora.

Esto que puede parecer sencillo fue el resultado de años de reformas silenciosas en las cuales las autoridades políticas y policiales del Ministerio del Interior trabajaron para sentar las bases de estos cambios. Esas reformas fueron resolviendo muchos de los cinco desafíos que planteamos en este blog.

Y esas reformas continúan, buscando perfeccionar el accionar preventivo de la policía. Desde el BID acompañamos este proceso a través de varios programas, como el vigente Programa Integral de Seguridad Ciudadana. Sabemos que implementar bien estas estrategias policiales focalizadas y preventivas es más complicado de lo que parece. Y presenta oportunidades de mejora que no hay que dejar pasar.

Por ejemplo, el policiamiento de puntos calientes ofrece una gran oportunidad para mejorar el relacionamiento de la policía con la comunidad, un desafío pendiente para muchas policías de la región. Aprovechar esta oportunidad requiere capacitar a los policías en cómo tener un trato justo, respetuoso y positivo hacia la comunidad. También sabemos que estas intervenciones son más efectivas y sostenibles cuando son parte de procesos de cambio más profundos como la adopción del modelo de  Policiamiento Orientado a la solución de Problemas (POP). La Jefatura de Policía de Montevideo está impulsando este modelo en todas las comisarías de la ciudad.

En otros blogs les contaremos con más detalle las características del PADO, del POP y de otras reformas de seguridad que venimos apoyando en Uruguay. También les contaremos de cómo, alentados por el éxito de este tipo de intervenciones, países vecinos están adoptando enfoques similares. El paradigma de la prevención y de las políticas basadas en evidencia científica está penetrando con fuerza en varios ministerios de seguridad y policías de la región.

Hay razones para el optimismo.

Fotos: Flickr CC Juan Fc. Marrero y Map of the Urban Linguistic Landscape

Rodrigo Serrano-Berthet
Sobre el autor
Rodrigo Serrano-Berthet es especialista principal en seguridad ciudadana y punto focal para el cono sur del BID. Rodrigo tiene una extensa experiencia en seguridad ciudadana que incluye preparar y supervisar préstamos de inversión, dirigir investigaciones sobre delito y políticas de seguridad en la región, y coordinar el equipo de seguridad ciudadana para América Latina y el Caribe del Banco Mundial. Rodrigo es Ph.D. en Políticas Públicas y MCP del Massachusetts Institute of Technology, y Licenciado en Sociología de la Universidad de Buenos Aires.
  1. marcelo Reply

    muy buena nota! Muchas gracias. Otras experiencias en la región? Que podemos decir respecto a los planes cuadrantes de Santiago de Chile y de Bogota?

    • Rodrigo Serrano-Berthet
      Rodrigo Serrano-Berthet Reply

      Muchas gracias, Marcelo! Excelentes preguntas. Sobre otras experiencias de la región te cuento que no hay un relevamiento exhaustivo (de hecho estamos empezando uno junto con @CSJNathalie). De lo que yo conozco, en Colombia la alcaldía y la policía metropolitana de Bogotá hicieron una experiencia liderada por @DanielMejiaL como Secretario de Seguridad que incluyó un RCT con resultados muy positivos. En Belo Horizonte, @ClaudioBeato como Secretario de Seguridad, también hace poco reportó resultados positivos de una experiencia de hotspot policing. Casualidad que son dos académicos ocupando puestos de decision-makers? (¡A ver si te animas!:-)) Sobre la diferencia con las estrategias de cuadrantes, la principal es que los cuadrantes generalmente toman territorios mucho más amplios que los puntos calientes. Cada cuadrante está compuesto por uno o más barrios mientras que los puntos calientes suele ser un segmento de calle (esquina a esquina) o inclusive (si la data es muy buena) puede ser un edificio particular en una calle.

  2. Rafael Espinosa Reply

    Excelente artículo Rodrigo. Es muy útil en el contexto de América Latina. Es aplicable a todas nuestras ciudades. Como mencionas ante la pregunta de Marcelo, creo que es necesario actuar en territorios más pequeños y con mayor especificidad y la información es la clave. Los buenos resultados en Cali por parte de la Policía recientemente se deben a esa mirada micro de los problemas.

  3. Patricio Tudela Reply

    En caso de Chile las evaluaciones independientes de Carabineros revelaron que el Plan Cuadrante (6) en la última decada indica que no alcanza los objetivos. Por esa razon se priorizó un cambio en el 2014. En la actualidad no ha sido posible una evaluación de la estrategia policial, sin duda, no se trata de lo que la policía afirme, sino de lo que es posible evidenciar y demostrar a través de metodología científica. Falta mucho aún.

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