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Las tres urgencias para enfrentar la crisis en las cárceles en América Latina y el Caribe

Primero de dos posts sobre reformas de los sistemas penitenciarios, basado en mi intervención en el primer Congreso Internacional de Política Penitenciaria y Carcelaria, llevado a cabo en Bogotá el 2 de junio de 2017. 

Hace poco tiempo visité la cárcel para menores de Pacora en Panamá donde apoyamos programas de rehabilitación y reinserción. Me acerqué a uno de los jóvenes y le comenté lo positivo de que esa institución le diera una segunda oportunidad. “En realidad”, me dijo, “para mí, ésta ha sido la primera oportunidad.”

Si la cárcel es la primera oportunidad que un joven recibe en su vida, hay problemas serios que debemos atender. La crisis penitenciaria que vivimos en la región es un síntoma de deficiencias mucho más profundas.

Parte del trabajo conjunto que desde el BID realizamos con los gobiernos es mirar más allá de las cárceles. Analizamos si lo que realmente se requiere para reducir el crimen y la violencia son más cárceles, o si existen otros mecanismos en los que se podamos influenciar proactivamente antes de que un individuo termine en prisión.

Existe amplia evidencia que ha revelado que:

  • El encarcelamiento tiene muy poco efecto en la disuasión del crimen, ni tampoco reduce reincidencia,
  • El encarcelamiento tiene efectos criminológicos para delincuentes de delitos menores.
  • Por otra parte, penas más severas tienen escasos efectos en la reducción del crimen.

Entonces, ¿Cómo evitar que las personas lleguen a la cárcel? Aquí tres elementos urgentes para repensar el encarcelamiento. 

  1. La mejor estrategia de reducción del encarcelamiento es prevenir que prevenir que el delito ocurra.

Habiendo reconocido esto junto con los Gobiernos impulsamos intervenciones de prevención a nivel comunitario con enfoque en las áreas más compleja “puntos calientes” y en la población más vulnerables al crimen y la violencia.

Sabemos que las víctimas y victimarios comúnmente son jóvenes. La causa principal de muerte de jóvenes entre los 18 y 25 años en la región es homicidio. Y también sabemos que el crimen se concentra geográficamente. De hecho, un estudio reciente del BID en 5 ciudades de la región encuentra que 50% del crimen se concentra en alrededor de 3,5 a 7% de los segmentos de calle. Esto es consistente con la ley de concentración del crimen que ha sido probada en muchas ciudades dentro y fuera de la región.

Lo anterior presenta oportunidades importantes para controlar la violencia en estos grupos y estás áreas tanto con programas de prevención social como con estrategias de patrullaje más focalizadas, y cercanas a las comunidades.

  1. Las mejoras en la eficiencia de los procesos judiciales son urgentes.

Actualmente estamos trabajando junto con los gobiernos de Perú, Ecuador y El Salvador en la digitalización de los procesos judiciales. Estamos apoyando varios Ministerios Públicos en la región en la mejora de sus procesos de investigación criminal.

Inocentes o no, un número contundente de los cientos de miles de latinoamericanos que están en prisión –a veces por meses e incluso por años– está a la espera de un juicio. Aunque no hay datos exactos sobre la duración promedio de la detención antes del juicio, el porcentaje de presos en detención preventiva en América Latina y el Caribe es inquietantemente elevado, dejando en claro que el uso de la prisión preventiva no es racionalizado y excede las capacidades humanas de los magistrados.

  1. La encarcelación debe ser la última instancia entre un amplio espectro de medidas preventivas y restaurativas con menores efectos criminogénicos y mayor eficacia económica.

Hay un arsenal de herramientas para que el sistema penitenciario de América Latina y el Caribe reforme al individuo en lugar de inducir a la reincidencia; para que deje de ser reactivo al crimen y prevenirlo en su lugar. La evidencia ha demostrado que mecanismos como el monitoreo electrónico, programas de rehabilitación, suspensión de mecanismos de disciplina extrema, trabajo comunitario, y tribunales de tratamiento de adicciones no son sólo menos costosos sino que además presentan resultados más favorables en términos de una futura reinserción de las personas.

Antes de apresurarnos a construir más cárceles o meter a más gente a la cárcel, construyamos sociedades donde la cárcel no es la primera oportunidad, sino la última opción.

Foto: Flickr CC Tiago Pinheiro 

Nathalie Alvarado
Sobre el autor
Nathalie Alvarado es la coordinadora del área de seguridad ciudadana y justicia del Banco Interamericano de Desarrollo. Ella tiene más de 15 años de experiencia en el diseño y la implementación de proyectos en esta área, ha liderado el proceso de definición del marco de acción del BID en este campo. Alvarado es abogada de la Universidad de Lausanne, Suiza, y posee un magister en derecho económico de la Universidad de Bruselas.
  1. Servio Rivas Reply

    La mejor estrategia de reducción del encarcelamiento es prevenir que prevenir que el delito ocurra. Un sistema preventivo de la primera infancia vulnerable, en riesgo por su situación económica, por el poco acceso a la educación, Familia unilateral es la verdad prevención, evitar que nazca el delincuente, aunque está medidas es más largoplasista.

    Las mejoras en la eficiencia de los procesos judiciales son urgentes. En mi país R.D. los jueces son los más preparados en el sistema judicial que tenemos, es garantista de la libertad, la cárcel es la excepción, lo que nos hace falta es fortalecer nuestros policías y Ministerio público para poder prevenir, investigar y perseguir los que delinquen.
    La encarcelación debe ser la última instancia entre un amplio espectro de medidas preventivas y restaurativas con menores efectos criminogénicos y mayor eficacia económica. Si, nuestras cárcel están pobladas de personas en proceso judicial(preventivos). Debemos mejorar nuestro sistema carcelario para evitar que sean Universidades del crimen.

  2. Alvaro Herrera Reply

    Excelente visión! Favor facilitarnos información sobre la reincidencia delictiva de adolescentes y jóvenes menores de 25 años en Latinoamérica
    Gracias
    Alvaro Herrera
    Director
    Fundación Vida Nueva

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