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¿Por qué la policía no actúa de manera más científica?

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Flickr – Sallytudor@att.net

Por Peter Neyroud and David Weisburd

En años recientes, la ciencia se ha convertido en una herramienta importante para las fuerzas policiales. ¿Pero cómo deben los departamentos de policía evaluar estas herramientas?

Hoy es posible que cada policía ingrese a una favela en Brasil con una cámara de video que grabe cada uno de sus pasos. ¿Pero cómo debe ser incorporada esta tecnología? ¿Y realmente reduce la delincuencia y los abusos policiales?

Similarmente, muchos departamentos de policía están implementando nuevas estrategias de patrullaje. ¿Cómo debería la Policía Nacional de Colombia decidir cuál de ellas es la más apropiada?

El desafío de llevar las conclusiones de las investigaciones científicas a la práctica policial es considerable. Estas innovaciones requieren de una nueva relación institucional entre los policía y la comunidad científica.

Necesitamos un concepto amplio de lo que significa la investigación científica-policial. La hemos dividido en cuatro áreas.

–         Ciencias naturales

–         Ciencias de la ingeniería

–         Ciencias de la información

–         Ciencias sociales de la evaluación

Nos queda claro que casi todas las innovaciones significativas, tácticas o estrategias en las prácticas policiales deben tener una mirada integral, para que incluyan a más de una de estas áreas.

Por ejemplo, tal cómo demostró señaló el informe sobre las ciencias forenses de la Academia Nacional de las Ciencias, la confiabilidad del desarrollo de la evidencia de las huellas dactilares no fue abordado desde esta óptica mixta. Lo mismo puede decirse de la manera en que fueron introducidas las pistolas Taser o los llamados dispositivos electro-conductores. Fue en base a la evidencia médica de daño físico. Faltó un testeo experimental de la relativa efectividad en la prevención de una lesión o una evaluación cuantitativa de la aceptación pública de los dispositivos.

Las videocámaras adosadas al cuerpo de un policía iban en el mismo sentido de la falta de una mirada integral hasta que Ariel y Farrar (2013) realizaron un estudio aleatorio controlado en Rialto, en California.

Existe una necesidad urgente de realizar más investigación cualitativa y cuantitativa en los impactos y la efectividad de las prácticas policiales, para asegurar que la policía no caiga en la tentación de adquirir aparatos tecnológicos sin rigurosos estudios previos. El liderazgo de la ciencia policial se encuentra en gran medida en manos de los vendedores de tecnología, las agencias de gobierno y los académicos.

La policía está poco capacitada y preparada para tomar el liderazgo en la práctica científica del quehacer policial. La ciencia policial no está firmemente arraigada en la educación o la cultura de la policía.

La policía suele ser más un usuario o consumidor final que un agente que determina las prioridades para la ciencia, que establece los estándares para la investigación, o que participe en la investigación científica-académica.

Esto nos lleva a la pregunta de cómo construir una práctica policial sustentable, en la que la ciencia está integrada en todo su sistema y estructura institucional y profesional. Hay tres pasos clave.

  1. La policía debe “valorar” la ciencia y su potencial contribución. Valorar la ciencia quiere decir verla como una preocupación principal de la policía.
  2. La policía debe tener conocimiento sobre el emprendimiento policial. Hoy tiene poco entendimiento de los métodos científicos. Esta es una razón porque a menudo los policías no innovan de manera efectiva.
  3. La policía debe tomar un liderazgo y convertirse en uno de los protagonistas principales en el desarrollo y la utilización de las ciencias policiales.

En este sentido, proponemos una reexaminación fundamental de la policía misma, desde su proceso de reclutamiento y entrenamiento hasta su estructura organizacional y su cultura.

No obstante, no basta con reformar la policía – los académicos y los gobiernos también deben cambiar.

Del mismo modo que la policía no le ha dado el valor necesario a la ciencia, el mundo académico de la ciencia policial no le da el valor que merece la práctica policial, que tiene un estatus bajo en el mundo de la criminología. Por ejemplo, hasta el 2014, no había ninguna división de la práctica científica-policíal en la Sociedad Americana de Criminología. Las revistas policiales suelen tener un rating de impacto bajo en las evaluaciones de las publicaciones, lo que desincentiva a los investigadores a que publiquen sus textos en ellas.

Es más, los académicos suelen tener poca experiencia en la práctica policial pero controlan la producción del conocimiento en esa área. En parte como resultado de esto, la ciencia de la práctica policial no contribuye de manera central al desarrollo y la renovación de la policía. En contraste, debería existir un modelo muy diferente de la ciencia policial, asentada en la práctica, con un énfasis en la construcción de un liderazgo compartido entre la policía y la comunidad científica.

También nos queda claro que la tarea de realizar el potencial de la ciencia en la práctica policial depende de cambios que van más allá de la policía y los científicos. Hay una necesidad de una mayor integración que requiere de cambios institucionales. En el Reino Unido, la creación de la Academia Nacional de la Policía como un cuerpo profesional para la policía ofrece un ejemplo del cambio necesario. El propio gobierno anima a la Academia a que asuma un rol de liderazgo en determinar lo que funciona en la ciencia policial. No obstante, sigue siendo una mirada relativamente estrecha que no se amplía a la coordinación del desarrollo de las ciencias policiales en todas las instancias de la educación superior.

Esta nueva relación entre la policía y la comunidad de investigadores y el gobierno llevaría a una mejor práctica policial a través de más y mejor ciencia, y a la incorporación total de la ciencia en la educación y el entrenamiento del personal policial.

Peter Neyroud ha tenido varias posiciones en la fuerza policial (constibulary) del Reino Unido. Actualmente es académico en el Instituto de Criminología, en la Universidad de Cambridge.

David Weisburd es miembro del comité de expertos que asesora al Banco Interamericano de Desarrollo. Lidera el Centro de la Prevención del Crimen Basado en Evidencia, en la George Mason University. También ejerce en la Hebrew University en Jerusalén. Ambos autores agradecen el apoyo de la Fundación Rockefeller. 

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Artículos escritos por autores invitados. Esta sección está abierta a expertos de los sectores público y privado, de la academia y de otras organizaciones multilaterales que quieran contribuir al debate.
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