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Por Javier Lesaca.

Paulina recorre diariamente Belice para entrevistar a los responsables de los equipos de salud. Recopila y analiza cientos de datos dispersos en distintas fuentes y formatos. ¿Cuánto tiempo tarda en atenderse a una mujer embarazada que llega por una urgencia?; ¿cuántos niños de una región tienen anemia?; ¿cuántas complicaciones se producen tras el parto en un hospital determinado?; ¿cuántas mujeres siguen dando a luz en sus casas en una aldea?

Encontrar respuestas a estas preguntas ayuda a encontrar los puntos débiles del sistema y a buscar soluciones. Los números y las cifras reflejan si las madres y los bebés beliceños reciben un buen servicio sanitario y hospitalario. En Belice, por ejemplo, en el año 2013, se detectó que sólo el 2,6% de las complicaciones obstétricas se trataban de acuerdo a las normas de calidad. En el año 2016 esta cifra es del 75%. El análisis de los datos que hace Paulina ha logrado salvar la vida de decenas de menores, que han visto cómo ha aumentado la calidad del servicio.

Sin embargo, el trabajo de esta enfermera beliceña es costoso. La información se recopila en papel y está almacenada en diferentes bases de datos. El procesamiento de los datos es manual. Paulina dedicaba gran parte de su jornada laboral a administrar y gestionar cifras, en lugar de dedicar ese tiempo a dialogar con los equipos de salud, o a buscar y proponer soluciones y planes de mejora de la calidad.

A comienzos de 2017 la implementación de un tablero digital de control, accesible mediante un dispositivo móvil, permite a esta enfermera recopilar los datos de manera directa en un sistema informático único que facilita calcular, compartir y visualizar los resultados en tiempo real. Paulina ahora ya puede dedicar el tiempo necesario a atender los equipos y proponer soluciones de mejora de la calidad de los servicios de salud en Belice.

Desde el año 2012, la Iniciativa Salud Mesoamérica trabaja con los Gobiernos de Belice, Chiapas, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, y Panamá para crear sistemas de información capaces de recoger, estructurar y presentar de manera útil y comprensible este torrente diario de datos. Los datos, bien organizados, ayudan a tomar buenas decisiones de gestión y de políticas de salud, así como a tener respuesta a los retos sanitarios diarios que se plantean. Este componente se está realizando con el apoyo de la fundación coreana Korean Knowledge Partnership and Fund for Technology and Innovation.

La visualización de los datos de manera fácil e intuitiva es la fase más sencilla de este proceso. El trabajo más arduo empieza identificando cuáles son las preguntas estratégicas a las que debe de dar respuesta el servicio de salud de un país. Una vez definido qué se quiere conocer, el siguiente paso es determinar dónde se encuentra esta información. Y después comienza el trabajo de identificación y validación de diversas fuentes, libros de registro anotados a mano en la unidad de partos de un hospital, anotaciones manuscritas de un promotor sobre los hábitos y necesidades de salud de una comunidad; estadísticas oficiales del ministerio de un país; o mediciones externas realizadas por organismos independientes, entre otros. Luego se digitaliza la información para que las fuentes y los datos puedan interconectarse y procesarse. La última fase de este proceso consiste en definir qué actores están autorizados para utilizar estos datos y con qué fines.

Esta herramienta permite a toda la cadena de personal de un sistema de salud compartir y analizar en tiempo real la calidad de los procesos, monitorear la evolución del servicio y aportar soluciones a los retos que se plantean.

La herramienta se conecta a las fuentes de datos existentes en el sistema de información de salud de cada país y permite a los usuarios definir “salas situacionales” donde pueden elegir los indicadores que están interesados en analizar y profundizar hasta el nivel más bajo disponible. Los usuarios pueden crear planes de acción y compartir sus salas con supervisores u otros colegas para obtener retroalimentación. El sistema permite a los equipos analizar fácilmente sus datos, lo que les permite tomar decisiones basadas en la evidencia.

Paulina, al igual que otras enfermeras, voluntarios, doctores y profesionales de la salud de los países de Mesoamérica, seguirán recopilando miles de datos al año. Sin embargo, ya no se preocuparán más de ordenar, catalogar y almacenar la información. La unificación de la información en tableros digitales únicos permitirá que estos profesionales dediquen su tiempo y sus recursos a lo que verdaderamente ayuda a salvar vidas: interpretar las cifras para mejorar el servicio y la calidad que ofrecen a sus pacientes.

¿Conoces iniciativas como esta en otros países de América Latina y el Caribe? ¿Cómo crees que se beneficiaría tu comunidad? Comparte en la sección de comentarios o menciona a @BIDgente en Twitter. 

Javier Lesaca es consultor de comunicaciones de la Iniciativa Salud Mesoamérica, en la que participa el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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