En 2017, Designing a Future Economy, un informe publicado por Design Council vinculó las habilidades utilizadas en el diseño con la productividad y la innovación en Reino Unido. Dentro de sus resultados demostraron que las personas que usan capacidades de diseño son 47% más productivas que el trabajador promedio del Reino Unido. Asimismo, el informe muestra como el diseño juega un papel crucial en los procesos de innovación. Encontraron que el 42% de los trabajadores que usan habilidades de diseño están en trabajos que requieren y generan innovación, en comparación con el 6% del promedio de la fuerza laboral del país.

La palabra “diseño” se utiliza en tantos contextos y de tantas formas que en ciertas ocasiones esto abre la puerta a posibles confusiones sobre su significado e impacto. Si bien es una actividad creativa, que muchas veces resulta en objetos, arquitectura o en expresiones artísticas, también incluye una serie de conocimientos, técnicas y habilidades que nos incita a ir más lejos a la hora de hablar de diseño. Es lo que nos permite verlo como un método que combina capacidades y recursos para acercar lo real a lo ideal (Leurs y Roberts, 2012) y cuyo valor económico es cada vez más visible.

De objetos a futuros posibles

En su sentido original, diseñar implica una actividad creativa que realiza una exploración de las fronteras entre lo bello y lo funcional y concentra múltiples facetas y horizontes en los procesos de pensamiento. La palabra diseño también se emplea como metáfora de estrategias para generar políticas públicas e intervenciones para transformar situaciones existentes en circunstancias deseadas (Simon, 1969). Si recuperamos el sentido de diseñar como un esfuerzo creativo, a partir de elementos, materiales y habilidades al alcance, pero hasta ese momento ignoradas o menospreciadas, incluye desde la realización de objetos tangibles hasta nuevas formas de interacción, organizar información, sistemas, experiencias y acciones colectivas. Pensar desde el diseño lleva a ver los problemas desde perspectivas inusitadas, abre nuevas posibilidades y permite visualizar futuros mejores.

En América Latina –esta región de contrastes, desafíos sociales, políticos y económicos, pero a la vez de riquezas culturales, creativas y naturales– esto es particularmente cierto. El diseño se presenta como una oportunidad desde donde pueden emerger estrategias de desarrollo de la región. En este panorama latinoamericano, actores e iniciativas locales han sabido transformar los desafíos de la diversidad en oportunidades y renovar su entorno con esta singular herramienta de transformación. La constante búsqueda conceptual y creativa del diseño contribuye a inventar nuevas formas de entender, aprovechar, cuidar e insertar los patrimonios heredados.

Rompiendo las fronteras del diseño

La idea de diseñar para generar un impacto social y económico no es algo nuevo. Fue introducida en 1972 por Papanek en el libro Diseño para el mundo real (1972), el cual se convirtió en un llamado a la conciencia de los diseñadores sobre las responsabilidades morales de su práctica y la necesidad de un nuevo enfoque social para los proyectos de diseño. Sus palabras tuvieron importantes ecos en los trabajos de diseñadores y teóricos pioneros que a su vez desarrollaron nuevas ideas rectoras que conectaron al diseño con temas como el cambio climático, desigualdad social, desarrollo económico e innovación. Entre ellos, destacan, por ejemplo, Bonsiepe (1973) quien gracias a su trabajo en América Latina desarrolló teorías y metodología específicas que buscaban resolver problemas locales. Entre las recomendaciones que presenta resaltan cuestiones como la relevancia de no ‘importar’ soluciones integrales de diseño de un contexto a otro, y asegurarse de que la innovación provenga de un proceso de co-diseño con la gente local. En esta misma corriente también se encuentran las ideas sobre el “diseño para la innovación social” de Ezio Manzini y François Jegou (2003, 2015), las teorías de Margolin (1998) sobre “diseño para un mundo sostenible” y la figura teórica clave de Browns (2009) quien acuñó el término Design Thinking, entre otras. Estas visiones se caracterizan por ser una plataforma desde donde se busca descifrar y darle sentido a problemas complejos de la sociedad para acercarse a soluciones más específicas reconociendo el valor de escuchar voces locales e impulsar del trabajo colaborativo y multidisciplinario.

Inspiración local, proyección internacional

La región está viviendo un interesante momento creativo. Diseñadores, arquitectos, cocineros y programadores, entre otros, han encontrado en las temáticas locales una fuente de inspiración y también una esfera social propicia para generar proyectos responsables económica, social y ambientalmente. Este grupo de creadores ha sabido detenerse a escuchar las voces de quienes los rodean y los saberes tradicionales, y utilizar la colaboración como un método clave para abordar con nuevas alternativas problemas complejos. Asimismo, estas dinámicas locales han abrazado la innovación, tecnología y el emprendedurismo desplazándose entre continentes y haciendo llegar el mensaje latinoamericano a diversos rincones de la tierra.

Muchos casos ejemplifican esta inquietud latinoamericana por entender y enfrentar de forma innovadora problemas arraigados. Está el caso de The Copper Company en Chile que busca llevar el mundo de la moda más allá de lo estético, fabricando telas con micropartículas de cobre que tienen propiedades antibacteriales. Exploran opciones para crear ropa cómoda, y bonita pero que también aporte beneficios al bienestar y la salud. Ropa que no sea desechable y que cumpla con las indicaciones de la moda circular. En una de las más recientes publicaciones del BID sobre creatividad, Economía naranja: innovaciones que no sabías que eran de América Latina y el Caribe, se exploran otros emprendimientos que buscan una sociedad más justa, coherente y empática a la realidad de sus comunidades. Resaltan iniciativas que muestran los alcances del diseño en la región como BabyBe, un dispositivo para incubadoras neonatales, que conecta a las madres con sus bebés prematuros a través de un sistema que permite al bebé sentir los latidos del corazón, la respiración y la voz de sus padres mientras está dentro de la incubadora y al mismo tiempo recaudar datos importantes sobre su salud.  Te invitamos a descargarlo y sumergirte en las capacidades creativas de la región.

Queda un largo camino que recorrer para identificar, mapear, medir, analizar y potencializar todas estas diversas iniciativas y proyectar el impacto que el acto de diseñar puede llegar a tener en la región. Pero no queda duda de que entender y abordar problemáticas específicas de la región desde una perspectiva integral, que incluya componentes creativos como el diseño, conlleva mayores alcances y resultados innovadores muchas veces insospechados. Un diseño que escuche lo que existe en cada lugar como realidad compleja puede arrojar una nueva luz múltiple sobre los futuros posibles.

Foto principal: Jardín de América x Hechizoo. Más información en:  

Referencias:
Bonsiepe, G., 1973. Desarrollo a través del diseño, Informe para la ONUDI.
Bonsiepe, G., 2011. Diseño, Cultura e Sociedade. São Paulo: Blucher.
Manzini E., Jegou F., 2003, Quotidiano sostenibile: scenari di vita urbana, Milano: Edizioni Ambiente.
Manzini E., 2015. Diseño, When Everybody Designs: una introducción al diseño para la innovación social – Design Thinking, Design Theory, MIT Press, 2015.
Manzini E., 2005. “Habilitación de soluciones para comunidades creativas”. Designmatters (10): 64-68.
Margolin V., Margolin S., 2002. Un ‘modelo social’ de diseño: Cuestiones de práctica e investigación, Cuestiones de diseño: Volumen 18, Número 4, Instituto de Tecnología de Massachusetts.
Margolin, V., 2002. Diseño para un mundo sostenible. La política de lo artificial. Ensayos sobre diseño y estudios de diseño. Chicago y Londres, The University of Chicago Press: 92-105.

 

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