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Integracion Comercio

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17 Ago 2018

¿Por qué una integración fragmentada dificulta la producción internacionalmente fragmentada?

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Cuando el comercio mundial estaba mayormente compuesto por bienes finales o insumos utilizados para producir bienes destinados a satisfacer únicamente la demanda final interna, la relación entre los acuerdos y los flujos comerciales era relativamente simple: se firmaba un acuerdo comercial con otro país y lo más probable era que los flujos entre ambas naciones se incrementaran; y eso era todo. No obstante, con el surgimiento de las cadenas globales de valor, la historia ya no es tan sencilla. Debido a que los insumos se utilizan cada vez más en la producción de bienes que luego son exportados hacia otros países, el flujo de insumos intermedios entre dos naciones no está afectado únicamente por el grado de integración entre ambas, sino también por el grado de integración del país que utiliza los insumos con terceros mercados.

La situación es similar a la que se produce cuando la aerolínea que uno elige habitualmente permite utilizar millas de una segunda aerolínea para comprar pasajes. La frecuencia con la que uno viaje por la segunda aerolínea dependerá no solamente de si uno puede utilizar las millas para comprar pasajes en esa aerolínea, sino también de si dichas millas son reconocidas para comprar pasajes en la aerolínea habitual de preferencia. Si esta posibilidad no existe, uno viajará menos con la segunda aerolínea.

El principal problema del proceso de integración de América Latina ha sido su nivel de «fragmentación»; es decir, la coexistencia de distintos acuerdos comerciales con alcances limitados en cuanto a su membresía. Esta situación tiende a fomentar vínculos productivos entre los miembros, pero no entre miembros de distintos acuerdos, porque las reglas de origen, en general, restringen la cantidad de insumos provenientes de fuera del respectivo bloque que pueden utilizarse. En vistas de esta realidad, surge la siguiente pregunta: ¿cuál sería el impacto sobre el flujo regional de bienes intermedios si el proceso de integración regional de América Latina estuviese menos fragmentado?

Para dar respuesta a esta pregunta, se analizó el comercio utilizando un modelo empírico basado en la llamada «ecuación de gravedad». La variable de interés del modelo es, por ejemplo, el valor agregado de Colombia que está incorporado en las exportaciones de, por ejemplo, Chile. Hay dos razones por las cuales esta variable es particularmente útil para analizar los efectos de los acuerdos comerciales en la formación de cadenas de valor. En primer lugar, capta los flujos de valor agregado de un país que se utilizan para producir bienes en otro. Por lo tanto, constituye una medida realista de las cadenas de valor entre ambos países. En segundo lugar, el insumo importado desde el exterior es utilizado en la producción de un bien que luego será exportado. Por consiguiente, es probable que esta variable se vea afectada no solo por cualquier acuerdo que el país importador pueda tener con el país proveedor del insumo, sino también por cualquier acuerdo que pueda tener con aquellos países a los que exportará el bien al que incorpora dicho insumo extranjero. En efecto, esto pone de relieve la esencia de la estimación: es probable que el desarrollo de cadenas de valor entre dos países esté influenciado no solo por el grado en que dichos países se encuentran integrados entre sí, sino también por el grado de integración preferencial del país que utiliza los insumos extranjeros con terceros mercados. Para más detalles sobre esta estimación, véase la reciente publicación del BID, Conectando los puntos.

Los principales resultados están resumidos en el gráfico. La primera columna muestra el promedio entre todos los países que son fuentes de insumos y todos los destinos de América Latina. ACP mide el incremento del valor agregado que surge de compartir un acuerdo comercial, mientras que RoO mide aquel que surge de compartir el mismo conjunto de reglas de origen. Los resultados, que se muestran en la primera columna, señalan un incremento promedio del valor agregado cercano al 9%. Es decir que, para el país promedio de América Latina, las exportaciones de bienes intermedios que subsiguientemente son utilizados como insumos en las exportaciones de otros países aumentan un 9%, al que los efectos del ACP y de las RoO contribuyen de igual manera.

El resto de las columnas muestran los resultados cuando se agrupan las fuentes de valor agregado (es decir, los países exportadores) por subregión. La segunda columna presenta el promedio para Centroamérica y México cuando exportan bienes intermedios que son utilizados como insumos para producir exportaciones en otros países de América Latina. Las columnas tercera y cuarta muestran lo mismo para los países andinos y para los del Cono Sur, respectivamente[1]. Los resultados indican la existencia de cierta heterogeneidad entre las subregiones, y los países de la región de Centroamérica/México exhiben efectos promedio ligeramente superiores. Otro hallazgo —que no se ve reflejado en el gráfico— es que los impactos más pronunciados aparecen en la formación de cadenas de valor entre las subregiones; este resultado surge del hecho de que hay más margen para incrementar la integración entre las subregiones que dentro de estas.

En términos generales, los resultados sugieren que avanzar hacia la convergencia y, eventualmente, lograr un TLC panregional podría tener efectos positivos y significativos en la formación de cadenas regionales de valor dentro de América Latina. Reducir la fragmentación del proceso de integración latinoamericana puede impulsar la fragmentación internacional de la producción dentro de la región.


[1]Centroamérica/México incluye a Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua y Panamá. Los países Andinos incluyen a Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. El Cono Sur incluye a la Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay.

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