Algunos conceptos básicos sobre extractivas en América Latina y el Caribe


Foto: Colectivo Ecologista Jalisco. Minera San Xavier, México.

Un análisis de las tendencias recientes de los mercados de productos de hidrocarburos y minerales puede ayudarnos a comprender un poco mejor la situación económica de América Latina y el Caribe (ALC). Nuestra última publicación Extractivas en ALC: Datos Básicos proporciona una visión general de estas, y del estatus de sector extractivo en la región.

¿Por dónde empezamos?

América Latina y el Caribe cuenta con alrededor de 20% de las reservas convencionales de petróleo del mundo, el 4% de las reservas de gas y los principales yacimientos de cobre, mineral de hierro, plata, oro, zinc, carbón y otros minerales esenciales para la economía global. La región también posee reservas considerables de petróleo y gas no convencional. Estas riquezas naturales hacen de la región la principal fuente mundial de metales y la segunda fuente más importante de petróleo.

El precio de las materias primas no renovables se disparó durante la última década, principalmente en respuesta al impulso de la demanda de economías en vías desarrollo, como China e India. La región experimentó un auge en la inversión y el comercio de recursos naturales. El sector extractivo ayudó a los países ricos en recursos a cosechar importantes beneficios económicos, permitiendo el desarrollo de infraestructura básica y de servicios sociales en muchas comunidades. En 2013, los combustibles y productos mineros representaron el 40% del total de las exportaciones de América del Sur y de Centroamérica, en comparación con un promedio mundial de 22%. Ese año, el sector extractivo aportó más de 15% del PIB en los países ricos en recursos naturales de la región.

¡Colapso! El impacto de precios bajos y menor inversión

Problemas económicos en los países en vías de desarrollo y en Europa resultaron en una caída progresiva de los precios de las materias primas desde 2011. En 2015, el precio del níquel se redujo un 38%, el hierro perdió 33% de su valor, y el precio internacional del cobre se contrajo un 29%. Al mismo tiempo, el precio de un barril de petróleo disminuyó más de 40%, y el gas natural cayó 50%. En 2014, los flujos de inversión extranjera a la región se redujeron un 16%, con caídas en Chile, Colombia y Perú concentradas en el sector de la minería, y con reposicionamiento similar en el sector de hidrocarburos de Argentina y de Brasil.

Figura 1: Precio de las materias primas (Indice 2005=100)

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Fuente: FMI

Figura 2: Inversión extranjera directa en el sector de hidrocarburos y minerales

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Fuente: Perry 2015, con datos del Banco de la República de Colombia, Comité de Inversión Extranjera de Chile y Proinversión Perú

La contracción del sector ha tenido un impacto significativo en los ingresos fiscales y en la balanza comercial de muchos gobiernos de la región. Las nuevas condiciones han generado incertidumbre sobre alianzas y acuerdos forjados durante los años de auge, por ejemplo, en respuesta a la reevaluación de planes de inversión por parte de empresas extractivas.

Los países que dependen del sector extractivo están replanteando sus estrategias de desarrollo basadas en la explotación de recursos naturales. Están explorando vías para fortalecer la gobernanza del sector primario, conscientes de que las instituciones y normas deben adaptarse a las necesidades apremiantes del sector y a las nuevas condiciones del mercado. Están dando prioridad a la adopción de iniciativas de transparencia y lucha contra la corrupción, la mejora de los mecanismos de participación social, y esfuerzos por mejorar la capacidad de gobierno.

¿Y entonces? Prioridades y desafíos para extractivas en ALC

Las características del sector extractivo de los países de ALC varían en función del tamaño de la economía y la experiencia del país con actividades de minería y petróleo y gas. Las necesidades en términos de política, capacidad institucional (gobernabilidad y garantías del sector), información y otros factores críticos para la gobernanza varían ampliamente entre aquellos países con sectores establecidos y aquellos en los cuales estas actividades son “emergentes”.

Actores que tradicionalmente tenían poca influencia y visibilidad –como organizaciones no-gubernamentales, fondos de inversión privados y comunidades indígenas–  están encontrando formas más efectivas de influenciar procesos de toma de decisión y prácticas. Los actores interesados ​​ahora participan a nivel local e internacional, en paralelo y junto a gobiernos, en el desarrollo de programas y herramientas para la gestión sectorial. Hoy día, las soluciones a los desafíos que enfrentan las industrias extractivas en la región ya no pueden reflejar únicamente preferencias y decisiones de entidades centralizadas.

Los países tendrán que encontrar maneras de crear una ética compartida para el sector –valores que guíen el uso planificado de los recursos naturales y su gestión responsable. Las estrategias elegidas para aprovechar la extraordinaria riqueza natural de la región deben tener en cuenta el impacto positivo y negativo de la industria extractiva. Datos fiables y mecanismos de diálogo más estables y transparentes serán clave para crear lazos de confianza y un sentido de responsabilidad compartido. Esto finalmente allanará el camino para el desarrollo responsable y sostenible del capital natural de la región.

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