Por Carolina Freire

La primera infancia de Panamá está entre las poblaciones más vulnerables del país. Según el Índice de Pobreza Multidimensional Infantil (IPM), el 35,5% de los niños menores de 10 años vive en condición de pobreza multidimensional en este país, el primero en aplicar esta métrica innovadora. Medida por ingresos, la pobreza y la pobreza extrema afectan al 37% y al 19% de los menores de cinco años, respectivamente.

Siendo los primeros años de vida una ventana de oportunidad en la que debemos actuar con mayor ímpetu para cerrar las brechas en el desarrollo, ¿cómo puede un país como Panamá brindar servicios de atención integral a la primera infancia con la suficiente cobertura y calidad? ¿Dónde empezar a cerrar las brechas que hoy se constituyen en barreras para su desarrollo?

Hacia una política pública integral

Dar respuesta a estas interrogantes es justamente lo que el Gobierno de Panamá, con asistencia técnica del Banco Interamericano de Desarrollo, se ha propuesto en los últimos años. En 2009 aprobó una política pública para asegurar que todos los niños menores de cinco años tengan acceso a educación inicial, salud integral y nutrición. Además, estableció un organismo nacional para vigilar el cumplimiento de la política y en el 2014 adoptó una Ruta de Atención Integral a la Primera Infancia. Esta Ruta marcaba el camino hacia la concreción de los derechos, atenciones y servicios que todo niño y niña debe recibir para su desarrollo integral.

Cuatro años más tarde, ha habido importantes avances para expandir la cobertura y calidad de los programas de atención a la primera infancia en Panamá. Entre los avances más destacados está la elaboración y puesta en marcha de un sistema de gestión de la calidad en los 104 Centros de Atención Integral a la Primera Infancia (CAIPI), que brindan atención y educación a los niños de 0 a 4 años.

Mayor cobertura y mejor calidad

Se ha demostrado que asistir a centros de cuidado infantil tiene impactos positivos importantes sobre el desarrollo cognitivo y social de los niños. Este impacto, no obstante, dependerá sobre todo de la calidad.

En Panamá, históricamente la asistencia a centros de cuidado ha sido muy baja y su calidad irregular. En 2013, sólo el 6% de los niños y niñas de 3 años estaban inscritos en algún programa de educación inicial, mientras que un tercio de los niños en edad preescolar ni siquiera formaba parte de esta oferta educativa.

La situación se agrava cuanto menor es el nivel educativo de la madre o cuanto mayor es la pobreza en el hogar. En ambos casos, el acceso de los niños pequeños a la estimulación temprana o a programas de cuidado o educación inicial disminuye. Sólo el 6% del total de los matriculados en los CAIPI, por ejemplo, corresponde a niños en áreas indígenas.

Además de la accesibilidad, hay un problema de calidad. Por lo general, el personal de estos centros tiene poca formación y entrenamiento, los recursos económicos para la prestación del servicio son insuficientes, y la supervisión de las actividades administrativas y pedagógicas es escasa.

Un sistema de gestión de calidad

En respuesta a este contexto, los estándares de calidad desarrollados para los CAIPI incluyen 9 áreas cuyas normas permiten unificar condiciones de calidad en la prestación de los servicios y a su vez definen medios para verificar y evaluar su aplicación. Ponerlos en práctica ya está dando frutos.

Por un lado, ha mejorado la infraestructura y el acondicionamiento de espacios adecuados para la enseñanza y el aprendizaje. A la fecha, al menos 14 CAIPI han sido remodelados o están en proceso de remodelación para cumplir con estándares básicos de infraestructura y equipamiento.

Para mejorar los procesos administrativos, los estándares han sido ligados a un esquema de pago per cápita y por resultados. Ahora los CAIPI recibirán recursos económicos para la provisión de una cartera integral de servicios a cada niño. En base al cumplimiento de los estándares de calidad, recibirán recursos adicionales para implementar mejoras, generando un circulo virtuoso de rendimiento.

Estas medidas son evaluadas trimestralmente por un equipo de supervisión capacitado, que cuenta con instrumentos adecuados para valorar el cumplimiento de los estándares de calidad.

La ruta hacia la calidad

Panamá entendió que debía medir los efectos de la implementación del paquete de estándares de calidad sobre los CAIPI y el desarrollo de los niños, para informar las acciones que permitan mejorar la calidad de los servicios para la primera infancia. Las lecciones aprendidas podrían motivar a que otros países consideren esta metodología y se fortalezcan los esfuerzos por luchar contra la pobreza en la infancia.

¿Tu país ha utilizado metodologías similares para mejorar los servicios de desarrollo infantil? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Carolina Freire es especialista en Salud y Protección Social del Banco Interamericano de Desarrollo.

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Comments
  • IRIS
    Responder

    Buenas tardes, agradecida por el tema, saben que en Venezuela mi país, y como medico, nuestra población infantil esta mas que vulnerable, esta siendo asesinada en silencio, desde el viente hasta lo 18 años. como se están organizando para que los que sobrevivan los podamos ayudar en ese genocidio del régimen?

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