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Por Gabriela Paz y Miño.

 “Transformar Colombia a través del desarrollo potencial de la primera infancia”. Esa fue la ambiciosa meta que se planteó la Fundación Carulla, en 2008. Ese año el organismo, que desde 1961 había apoyado programas educativos para la población vulnerable, dio un giro y puso el foco en la educación de calidad para la primera infancia. Así nació aeioTU, una empresa social que actualmente brinda atención integral de calidad a casi 14.000 niños y niñas colombianas, de entre cero y cinco años.

El programa se gestó a partir deuna constatación: miles de niños y niñas en ese país no reciben atención alguna durante sus primeros años de vida. En la actualidad, la cifra alcanza los dos millones y ese es un dato que encaja con el contexto de la región. Según Unicef, en América Latina y el Caribe hay 3.6 millones de niños y niñas de entre 3 y 4 años, que no tienen un desarrollo adecuado para su edad y corren el riesgo de sufrir deficiencias en su desarrollo cognitivo, físico y emocional.

¿Por qué empezar tan temprano?

En Colombia, la brecha socioeconómica empieza a notarse desde los tres años de edad. “Ese rezago se manifiesta durante la juventud y adultez, en menores salarios, peores ocupaciones, menos bienestar”, explica Raquel Bernal, directora del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico de la Universidad de los Andes, y una de las investigadoras que dirigió el aeioTU Longitudinal Study, evaluación que midió el impacto del programa en Colombia.

A partir de esta realidad, aeioTU apostó por lograr un cambio a gran escala. “Nos propusimos lograr una educación inicial de calidad para los distintos estratos: vulnerables, medios y altos”, explica María Adelaida López, Directora Ejecutiva. “Queríamos demostrar que, sin importar el lugar donde nacen, todos los niños pueden tener una buena educación”.

El cómo 

Hace 10 años se abrió el primer centro infantil de aeioTU, en Bogotá. El Nogal comenzó con ocho alumnos y 16 maestros, desarrollando una experiencia educativa inspirada en la filosofía italiana Reggio Emilia, reconocida por la UNESCO y la Universidad de Harvard como la mejor pedagogía para primera infancia. Esta fue la primera piedra de una gran edificación, cuyos arquitectos siempre tuvieron clara la fórmula para convertirse en un modelo a escala.

Gracias al aporte del sector público, que en esta década incrementó de 200 a 1000 dólares por niño; al compromiso de los gobiernos locales, a la fórmula del subsidio cruzado, y al apoyo del sector privado, la atención en los centros es gratuita en las comunidades vulnerables.

Los niños reciben el 70% del valor nutricional que necesitan a diario y permanecen en los centros desde las 07:30 hasta las 16:30. Su día a día se desarrolla en espacios concebidos como grandes laboratorios, en donde aprender es un verbo asociado al juego, el descubrimiento y la exploración. Un equipo interdisciplinario (talleristas, artistas, pedagogos) construye, junto a los niños, un ambiente seguro, alegre y respetuoso. “Reggio Emilia es una pedagogía activa, participativa, vivencial, integradora y comunitaria”, explica la directora ejecutiva de aeioTU.

Los maestros y artistas reciben una capacitación constante para promover en los niños habilidades como la observación, el análisis, la creatividad, el pensamiento crítico, el trabajo en equipo, la toma de decisiones y la resolución de problemas. “Queremos que se cuestionen la Colombia en que viven, y que juntos con su familia y amigos, transformen sus comunidades”, dice Natalia Mesa, directora ejecutiva de aeioTU.

El qué

Sinergia. Alianzas. Compromiso. Calidad. Innovación. Riesgo. Y, por supuesto, creatividad “marca Colombia”. Todos estos fueron –son– ingredientes de este proceso. “Nos comprometimos a movilizar a nuestros gobiernos, nacional y regionales y a las empresas, hacia el reconocimiento del desarrollo del potencial de la primera infancia como vehículo para fortalecer el desarrollo de nuestra sociedad”, explica López.

Dialogaron con alcaldes, gobernadores, funcionarios del Ministerio de Educación Nacional y del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y la Presidencia. Paralelamente, mantenían una operación de calidad en sus centros que, en 2009, ya eran cuatro y atendían a 855 niños.

Los datos científicos hablaron con contundencia del impacto de su labor. En 2011, el estudio longitudinal –que contó con el apoyo financiero de la Fundación Jacobs, la Fundación UBS Optimus y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) –sacó a la luz buenas noticias. Los investigadores del Instituto NIEER de la Universidad de Rutgers y la Universidad de Los Andes concluyeron que aeioTU está logrado un impacto positivo y estable en el desarrollo cognitivo de los niños, en vocabulario, matemáticas y lectura. La indagación reveló, además, que ese impacto se mantiene después de ingresar a la educación formal, y que se expresa también en la mejora de las relaciones entre padres e hijos.

La evidencia derribó murallas burocráticas y ganó voluntades. “Logramos apoyos de organizaciones a la vanguardia en temas de educación en primera infancia y desarrollo social: Ashoka, el BID, Lego Foundation y Disney, entre otros”, dice López.

Una década después, cuando el programa planea expandirse fuera de las fronteras colombianas, los directivos y colaboradores han hecho suya una frase que, en este caso, es más que un lema: “Sí se puede”. “Lo estamos demostrando”, dice López. La brecha que marca la vida de los niños según su estrato, empieza a estrecharse. La gran familia aeioTU construye un futuro distinto para ellos y para Colombia.

¿Conoces programas como aeioTU? Compártelos con nosotros mencionando a @BIDgente en Twitter.

Gabriela Paz y Miño es periodista y editora en varios medios ecuatorianos y ex becaria de la Fundación Alfred Friendly Press Fellowships (AFPF).

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Comments
  • Ernesto Palacios
    Responder

    Interesante trabajo me gustaria mas detalles de como logran metodologicamente alcanzar el cambio

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