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Por Magdalena Bendini.

Para alcanzar todo su potencial, los niños necesitan estar bien alimentados y cuidados, estimulados, criados y protegidos del estrés desde que comienza su vida. Las inversiones que se hacen tempranamente en ellos son clave para colocarlos en una trayectoria de mayor desarrollo. Es más, tienen tasas de retorno más altas que la mayoría de las inversiones correctivas que se hacen más tarde en la vida, así como el potencial de incrementar retornos para otras inversiones futuras en los niños.

Si bien existe un consenso en torno a qué necesitan los niños y cuándo, la cuestión de cómo hacer la entrega es menos clara. Idealmente, los gobiernos deberían proporcionar una gama completa de inversiones tempranas que apoyen el desarrollo de todos los niños. Pero en un contexto donde no es posible aplicar inmediatamente un enfoque integral y multisectorial para aquellos que tienen entre 0 y 5 años debido a restricciones de recursos o de capacidad, ¿cuál es el mejor espacio para comenzar? ¿Deberían los gobiernos priorizar las inversiones en los niños a través de sus padres o de centros de cuidado infantil o preescolares? Y, lo más importante, ¿qué es más factible de implementar?

El World Development Report 2018 y el Grupo de Soluciones Globales para el Desarrollo Infantil Temprano auspiciaron un debate para discutir estos asuntos. Para ello, se armaron dos equipos, el Equipo Padres y el Equipo Centros. En representación del Equipo Padres, Caridad Araujo del BID y Laura Rawlings del Banco Mundial sostuvieron que dada la influencia de los padres en todos los aspectos de la vida de sus hijos, empoderarlos para que apoyen su desarrollo saludable puede mejorar sustancial y sosteniblemente los resultados de los niños. Los programas de trabajo con padres se implementan mediante visitas al hogar, reuniones comunitarias o en los chequeos de salud. Estos programas apuntan a fortalecer la capacidad parental mejorando la calidad de las interacciones diarias y las rutinas en el hogar y aumentando el nivel de estimulación que reciben los niños. El Equipo Padres argumentó que estos programas mejoran no solamente los resultados del desarrollo infantil sino también el cuidado que reciben los niños más allá de la duración del programa en sí; son más efectivos para llegar a los niños más pequeños y a las poblaciones más marginadas; más costo-efectivos que el cuidado tradicional basado en centros; y pueden favorecer a otros miembros de la familia y no solo al niño beneficiario.

Sophie Naudeau y Amer Hasan del Banco Mundial, representantes del Equipo Centros, sostuvieron que las inversiones se canalizan de mejor modo a través de los centros porque el SDG target 4.2 (ODS Nº 4) exige que todos los niños tengan acceso a, por lo menos, un año de educación preprimaria. Así, si los gobiernos se proponen incrementar el ingreso al preescolar, es mejor que lo hagan del modo correcto (por ejemplo tomando en cuenta que un preescolar de baja calidad puede, de hecho, empeorar los resultados del desarrollo) Lo mismo puede decirse de un cuidado de baja calidad. El cuidado y la educación basados en centros pueden producir impactos positivos en el desarrollo infantil, como sobre otros miembros del hogar (p.ej., en Mozambique y Argentina). Además, las interacciones tempranas en las aulas pueden promover la inclusión social al tiempo de posibilitar que los niños desarrollen destrezas socioemocionales. El Equipo Centros señaló que los enfoques costo-efectivos sobre los centros preescolares no demandan inversiones en infraestructuras sofisticadas sino más bien en una capacitación continua que construya el capital social de los trabajadores comunitarios que le dedican tiempo a los niños. Todos reconocen que la calidad es clave para la efectividad.

De modo que ¿cuáles son los insumos, cuando hay buena calidad, que están asociados con las intervenciones tempranas exitosas? Bueno, eso depende… En un enfoque basado en centros para niños de 3 a 5 años de edad, el nivel mínimo de calidad estructural puede ser bajo y, sin embargo, lograr resultados positivos SI los niños reciben interacciones y estimulación de alta calidad. Pero para los niños de entre 0 y 3 años, es más difícil y costoso entregar intervenciones de calidad basadas en centros porque los niños más pequeños necesitan mucho más cuidado y atención. Las intervenciones parentales exitosas también dependen de interacciones de calidad: aquellas entre los visitadores a domicilio/facilitadores y los padres, y aquellas entre estos adultos y los niños (además, al igual que para los programas basados en centros, los contenidos del programa, la capacitación del personal, la supervisión y el monitoreo son todos aspectos clave). En última instancia, lo que importa es la calidad de la interacción niño-cuidador, que puede ser más fácil de monitorear en los centros que en los hogares. Pero ¿qué enfoque tiene más probabilidad de entregar estimulación y cuidado de calidad a escala de modo más costo-efectivo?

Esto nos lleva al tema de la validez externa. Los ejemplos más conocidos de programas parentales (Jamaica) y para centros (Abecedarian y Perry Preschool) fueron programas piloto intensivos y altamente acotados, conducidos y monitoreados por profesionales calificados. Estos programas obtuvieron resultados impresionantes hasta mucho después de la infancia: incluyeron mejores logros en el mercado laboral, índices menores de criminalidad y mejor salud mental de aquellos niños beneficiarios, 20 a 30 años después de la intervención, pero son programas difíciles de replicar o de llevar a escala. Sin embargo, los dos equipos señalaron que existe una evidencia creciente y prometedora sobre ambos enfoques (por ejemplo en Bangladesh, Colombia, Ecuador, Mozambique e Indonesia).

Cuando se las hace correctamente, las inversiones a través de los padres y de los centros pueden mejorar los resultados de los niños. En contextos sumamente restringidos, posiblemente sea más costo-efectivo comenzar canalizando las inversiones para los niños de entre 0 y 3 años a través de intervenciones parentales, y por medio de ámbitos comunitarios y centros preescolares para los de 3 a 5 años. Es crucial que no se excluya de las intervenciones a los niños más vulnerables debido a una baja dedicación parental o a la distancia que los separa de los centros. Y es posible que se requiera de pasos complementarios para que cualquier enfoque logre resultados, por ejemplo proporcionar acceso a agua limpia y saneamiento, o a recursos en efectivo que permitan a las familias alimentar a sus niños con al menos una comida al día. En última instancia, los países y las comunidades deben determinar cuáles son las estrategias más factibles y costo-efectivas para sus propios desafíos e implementarlas de modo que todos los niños tengan la oportunidad de alcanzar su potencial.

Este post apareció originalmente en el blog Let’s Talk Development del Banco Mundial.

Magdalena Bendini es una economista que ha estado estudiando y trabajando en asuntos relativos a desarrollo humano y pobreza durante los últimos 15 años en el Banco Mundial, la OCDE, el PNUD y otros organismos internacionales.

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Showing 2 comments
  • Responder

    Los contenidos de este blog son maravillosos he aprendido mucho con el curso políticas efectivas de primera infancia y con la síntesis tan minuciosa y relevante que hacen sobre todas las acciones y metodologías que se deben implementar para propiciar un adecuado desarrollo infantil temprano.
    Respondiendo a la pregunta creo los gobiernos deben invertir tanto en programas de habilidades parentales como en capacitar a los recursos humanos que trabajan o están directamente involucrados en el proceso de intervención terapéutica temprana o cuidados de infantes en la población más desfavorecida.

  • arturo celis beltrán
    Responder

    La experiencia propia nos ha enseñado dos cosas: La intervención de 0 a 3 es mas costosa pero mas efectiva por cuanto esta de por medio la edad de adquisición del lenguaje, el cual, de lejos, es la función cerebral generadora de capacidad intelectual para la etapa de educación formal; por otra parte, es muy importante la formación de los cuidadores en cuanto al tipo de interaciones repetitivas con los niños y la razón de por que se hacen. Estas interacciones deben incluir necesariamente el desarrollo emocional del niño para evitar crecer adultos con trastornos de este tipo en la sociedad. Para lograr efectividad el numero de niños por cuidador es crítico. A mayor numero menor calidad y efectividad en las interacciones.

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