Por Serrana Mujica.

Más frecuentemente de lo que me gustaría, me encuentro deseando una porción de papas fritas del restaurante de comida rápida ubicado frente a la oficina. Me resisto pero, cuando mi fuerza de voluntad está ocupada digiriendo la ensalada, me descubro, demasiado tarde, con una cajita de papas fritas en la mano.

No deja de sorprenderme, cada vez que entro al restaurante, los comensales y la atmosfera allí dentro tan diferente a los de América Latina. En el centro de Washington, DC, ciudad en la que vivo, los comensales de este restaurante de comida rápida son, en  muchos casos, personas que no tienen a dónde ir. Pasan el día allí, resguardándose del frío y comprando cada tanto alguna hamburguesa u otros bocadillos con las monedas que reciben de mendigar.

En cambio, entrar a un restaurante de comida rápida en América Latina es una fiesta de niños y colores. Padres o madres cargados de carritos y otras necesidades de infantes son los que se resguardan allí del frio o la hiperactividad de sus hijos. Los niños gritan, corren o gatean felices por el local, exacerbados por el azúcar de las gaseosas y los estímulos marketineros.

Todo está planificado para que un padre pueda, durante una tarde, leer serenamente las noticias o ponerse al día charlando al teléfono con amigos mientras los chicos están en el pelotero. Incluso, todos los niños de mi pequeña encuesta concuerdan, las mejores fiestas de cumpleaños son aquellas celebradas en el local de comida rápida.

Los cumpleaños infantiles es otra ocasión en donde existen varias diferencias en temas de nutrición entre la ciudad que habito y mi ciudad natal. Muchos padres y madres que repartan refrescos con azúcares en un cumpleaños infantil serán, inmediatamente, descalificados del listado de padres responsables y sus hijos perderán para siempre las visitas de sus amigos. Es común ver agua de coco, juguitos o, como mucho, leche chocolatada.

En cuanto a la comida, el menú varía drásticamente. Las fuentes de papas chips y pali chips, tan habituales en las fiestas infantiles de los países de América Latina, son reemplazadas por bandejas de zanahorias y brócolis crudos. Los dulces, caramelos y chocolates, golosinas reservadas estrictamente para la fecha de Halloween, se cambian por manzanas, orejones disecados y tomates cherry.

Es importante resaltar que mis amigos de Washington, DC no son representativos de los estilos alimenticios de EE.UU. Sin embargo, más allá de lo anecdótico de éstas costumbres tan contradictorias según mi propia experiencia, miremos las cifras sobre nutrición infantil en América Latina.

Según un estudio de la revista The Lancet, en América Latina hay unos cuatro millones de niños menores de 5 años con sobrepeso u obesidad. Por poner algunos ejemplos, en Brasil se reportó un incremento de niños de 10 a 12 con sobrepeso y obesidad de 23% a 39% en los cuatro años que van desde el 2004 al 2008. En México, la prevalencia de sobrepeso en niños de 5-11 años es de 17.3% y en Argentina ésta es de 27% en niños de 10-11 años. En Uruguay, una nueva encuesta nacional reveló que  el 10,5% de los niños menores de 5 años sufren de sobrepeso y obesidad. Y la realidad más dura es que estos números van en aumento.

Cambiar hábitos o costumbres es una de las tareas más difíciles para la psicología de los seres humanos. Los que primero se animan a estos cambios son considerados raros y hasta locos.  Pero imagina, dadas estas cifras y la forma exponencial en que crece la obesidad infantil, ¿no crees que sea hora de cambiar la bandeja de papas fritas por una de zanahorias en el próximo festejo de cumpleaños de tu hijo? Si no eres tan radical, por lo menos puedes ofrecer limonada casera con menos azúcar que un refresco. Si te animas, yo también prometo dejar de ir por mis grasas trans de las 3 de la tarde.

¿Qué se ofrece a los niños en las fiestas infantiles de tu país? Comparte ideas sobre qué tipo de alimentación más saludable se puede ofrecer en la sección de comentarios abajo o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Serrana Mujica es la encargada de comunicaciones en la División de Protección Social y Salud del BID.

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Showing 14 comments
  • Natalia González
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    Hola, buenos días, tengo una hija de 4 años y obviamente entró desde el año pasado en el mundo de cumpleaños infantiles de toooodos sus compañeros de colegio. Acá en Uruguay es muy dificil cambiar hábitos, que por suerte no están instalados hace taaantos años, ya que yo tengo 40 años y cuando era niña, obviamente que no tan pequeña como mi hija, en mi época a los 3 o 4 años, apenas estaban tus primos algún vecino y nuestros padres, tíos y abuelos… los cumpleaños no eran tan multitudinarios, no se hacían en “casas de cumpleaños” y la comida por suerte era caserísima, habían pascualinas (torta con acelga o espinaca) pizzas, algunas empanaditas de carne, pero jamas papitas chips, o fritas ni mesas de dulces; entonces volviendo a lo anterior por suerte no es algo que se haya instalado hace tanto tiempo y creo que como tal es más fácil ir cambiando o mejor dicho volviendo a esas épocas, en que se comía todo hecho por la mamá, la tía o las abuelas del hogar… y seguramente también ir agregando zanahorias y cherrys que ya lo hago, y debo decir que les gusta mas de lo que creemos. En fin, ir mostrando a nuestros hijos que hay otras formas además de las que nos venden todo el tiempo. A ésto agrego el cocinar juntos en casa, el trata de tener una pequeña huerta si nuestra casa nos permite, o en macetas si vivimos en lugares mas pequeños, pero que en definitiva aprendan de los ciclos de las plantas para así tambien aprender a que las cosas llevan su tiempo… pero sobre todo, cocinar con ellos enseñarles que en casa se puede hacer la comida y compartirla.

    • Serrana Mujica
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      Gracias Natalia por compartir. Me parecen muy buenas tus ideas de enseñarles a los niños a cultivar y a cocinar.

  • Monica Mazariegos
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    Me gusta mucho tu reflexión e invitación a mejorar nuestros hábitos alimentarios. Como mencionas, la facilidad de acceso y las estrategias de mercadeo y publicidad que los productos procesados y cadenas de comida rápida utilizan, interfieren en nuestras decisiones alimentarias, pero con un poco de esfuerzo podemos recuperar nuestras costumbres tradicionales relacionadas con la alimentación, como preparar alimentos en casa y disfrutar del sabor y beneficios de las comidas y bebidas naturales.

    • Serrana Mujica
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      Muy de acuerdo Mónica, gracias por comentar

  • Ricardo
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    Es una pena como están deteriorados los hábitos alimenticios en mi país, Nicaragua. cuando voy a una fiesta infantil de la familia, la bebida oficial es la coca-cola. Hasta parece raro que te den una bebida diferente que no sea gaseosa, es tan normal.
    Comparto que debemos educarnos y así enseñarles a nuestros pequeños a tomar bebidas naturales y en estos eventos son claves para enseñarles.

    • Serrana Mujica
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      Hola Ricardo, estoy de acuerdo contigo, es una lástima que las bebidas caseras no estén a la moda (ni tampoco el agua). Hace un tiempo leí un artículo sobre las bebidas recomendadas. Esta súper interesante: http://blogs.iadb.org/salud/2014/10/27/alimentacion/

  • Cesar Canales
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    Es indudable que los hábitos alimenticios en L.A. han cambiado enormemente por la influencia e incontrolable bombardeo de la propaganda y marketing de las empresas transnacionales que fabrican alimentos envasados, etiquetados con preservantes y todo lo dañino para la salud del niño y los adultos, no podemos luchar de manera PAREJA contra estos grande intereses….en mi país PERÚ, existe una ley contra la venta de los alimentos “chatarra”, que son pocas las autoridades municipales que intervienen en crear y promocionar Quioscos saludables en los colegios, fiestas infantiles saludables..pero si existe espacios donde se brindan alimentos naturales a los niños en sus cumpleaños..el mismo Ministerio de Salud, impulsa estas actividades de promoción de hábitos saludables

    • Serrana Mujica
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      Gracias Cesar, mi colega Francisco escribió recién un artículo sobre cómo los gobiernos se tienen que poner creativos para no fomentar el consumo de refrescos en niños y explica el caso de una nueva ley que sacó Brasil. Lo recomiendo: http://blogs.iadb.org/salud/2016/04/11/obesidad/

  • Dayan Crisín
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    En una conversación en mi trabajo, insinué que en mi casa no habría golosinas para los niños (yo no tengo hijos aún), y mis compañeras me vieron como una bruja desalmada, indicando que son niños, que era muy mala si no les daba una chocolatina. Y en ese momento pensé, pero si los quiero y los protejo, por eso no les doy ese tipos alimentos…

    Los hábitos se copian de los padres, y ellos son los primeros que deben hacer el curso en entender, que no es un castigo liberarlos de este tipo de alimentos, por el contrario es protegerlos e intentar prevenir enfermedades con consecuencias catastróficas como diabetes, entre otras.

    Gracias por la nota, muy interesante.

  • Gladys García
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    Muy bueno el artículo, pero hay que pensar cómo funciona esto en países agobiados por escasez, desabastecimiento, pobreza e hiperinflación, donde consumir manzanas, orejones o tomate cherry cuesta una fortuna porque son importados, o las vernáculas verduras y vegetales se han vuelto casi inaccesibles para los estratos socioeconómicos C, D y E. El consumo de comida “chatarra” ha disminuido, no por convicción sino por falta de capacidad económica. Estoy hablando de Venezuela.

  • Gladys Farje
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    Tengo dos hijos, 13 y 11 años. Acá en Lima y en los cumpleaños cuando eran chiquitos si bien se sirve gaseosa, cada vez ha ganado más el espacio de la chicha morada (bebida riquísima hecha de maíz), con poca azúcar y el agua. Cada vez más niños piden agua sola y eso es muy bueno.

    No te voy a negar que hay dulces, pero a los niños les encantan los mini sandwichs: los pancitos con pollo, con jamón y queso, triplecitos con palta, huevo y aceituna, además de empanaditas. Yo procuraba hacerlos en casa o mandar hacerlos con señoras que ofrecen el servicio, pero con gusto casero.

    En lugar de papas fritas, bolsitas de pop corn (canchita), que a los niños les encantan y a los papás también.
    En mi experiencia, los niños comen poco en los cumpleaños, si les das otras actividades para hacer: saltarines, inflables, juegos con animadores.

    Lo que sí, las sorpresitas al final del cumpleaños llegan con dulces, pero depende de los papás el administrarlos y no dejar que se coman todo de una sola vez. Incluso cuando han ido a cumpleaños en restaurantes de comida rápida, muchas veces tienen que casi “obligar” a los niños a salir de los juegos para que coman.

    Como bien dicen, todo depende de los papás, y también de los consejos que reciben de las profesoras de los nidos o escuelas. Si hay una política de comer saludable, entonces los papás se alinean con mayor facilidad.

    Ojo que el trabajo de los padres no acaba cuando los niños crecen. Ahora que están más grandes mis hijos es que veo más dificultad de controlar lo que comen (por ejemplo, a veces creo que son adictos a las galletas!!) Pero poniendo alternativas más saludables a su alcance podemos ayudarlos mucho.

    Finalmente, quería compartir la reflexión desde un punto de vista distinto. Nuestro país ha crecido mucho en los últimos años. Padres que vivieron épocas difíciles en su niñez ahora tienen la posibilidad de acceder y gastar en “golosinas” y creen que dárselas a los hijos está bien para evitar que “sufran como yo sufrí”, “que tengan lo que yo no pude tener”. Y a veces tienen más “ansias” por los alimentos que sus hijos, que están acostumbrados a vivir mejor, comer mejor; eso es su normalidad, disfrutar del boom de la gastronomía peruana.

    Incluso en Lima, como en otras partes del Perú, llego a pensar que nuestros hijos son “niños gourmet” pues están acostumbrados a ir a restaurantes desde pequeños (ojo, no solo de comida rápida), y a comer diverso y rico. No están pensando en si es saludable o no tanto, eso sigue siendo trabajo de los padres. Ahí vamos…

  • Roslyn
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    Me causa una inmensa emoción el encontrar este artículo….yo no soy una mamá radical, pero en las fiestas de mis hijos yo preparo todo, desde el refresco hasta la picadera y me gustaría compartir una anécdota con ustedes sobre mi hijo en su cumpleaños numero 4: Una amiquito se acerca y le dice: tu mamá no sabe hacer fiestas. -Mi hijo le contesta muy serio por demás,:unnhhh … lo que pasa es que mi mami no le gusta hacer ricos a otros comprando cosas RICAS, así que los hace ella misma!!. hasta cierto punto mi hijo entendía mi lógica aunque no era la correcta. Pero qué interesante que muchas mamás empecemos a reflexionar sobre este tema.

  • Carmen Oliva
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    Buenas tardes. ¿Nos puedes compartir estadísticas de USA y Europa con respecto a la prevalencia y aumento de obesidad en niños? En mi experiencia como madre, mantenía hábitos alimenticios sanos en casa y la preparación de loncheras. Para mi las fiestas daban la oportunidad de relajarse consumiendo procesados como helado, galletas, dulces y siempre acompañado de canapés saludables.

  • Judith
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    Muy interesante su artículo, me trae a la mente un meme en el cual homologaban el consumo de papas fritas con la de una adicción, los hábitos de alimentación son heredados de la educación que recibimos en el hogar, ciertamente es más práctico y económico dotarnos de alimentos procesados con elevadas grasas o azúcares para cubrir un momento de antojo, en lugar de apreciar la alimentación como un proceso en el cual el tipo de productos que consumamos nos permitirá tener un cuerpo más saludable y nutrido. Acá en Ecuador, como ley, se debe exponer a parte de la tabla nutricional de los alimentos procesados, un semáforo que te indica o te alerta si el producto contiene alto contenido de azúcares, sal y grasas, pero esto considero, no ha limitado el consumo o disminución de los mismos, ya que las campañas de marketing de estos productos o de las cadenas que porducen en masa estos alimentos y a la que continuamente estamos expuestos son super agresivas. Siendo así, nosotros por lo que hemos optado, es en desarrollar un proyecto educativo integral para generar concienciación en los niño@s, con el proyecto de Mi Primer Huerto enseñamos a los niños a cultivar sus propios alimentos desde la siembra hasta la cosecha, los capacitamos para aprendar a cuidar de él, conozcan sobre el origen de los alimentos y promovemos la soberanía alimentaria. En el proyecto también participan los padres quienes al conocer de todo el proceso se enganchan y apoyan la actividad. Para el desarrollo del proyecto incluimos a nutricinistas quienes aportan con su conocimiento, para educar de igual manera en el tipo de loncheras saludables que en el hogar se deben preparar. Y así de manera integral mediante la educación poco a poco vamos generando nuevos habitos de consumo. La educación es fundamental para la generación de cambios. Saludos

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