por María Caridad Araujo.

¿Sabes cuán difícil es replicar experiencias exitosas en el área de desarrollo infantil a una escala mayor que permita llegar a más niños y familias? Como te imaginas, resulta complejo implementar intervenciones –de efectividad comprobada a escala piloto– con fidelidad y calidad, ya que estas son condiciones necesarias para lograr impactos, si no igual de grandes a los documentados en los pilotos, al menos de una magnitud lo suficientemente importante que asegure que los efectos persistan en el tiempo.

Como ejemplo, sabemos que la evidencia más exitosa sobre los impactos de una intervención de desarrollo infantil en América Latina y el Caribe –frecuentemente citada en foros, publicaciones y en este mismo blog– proviene del famoso piloto de un programa de visitas domiciliarias en Jamaica. Te invitamos a leer los detalles sobre esa experiencia en este post. Su impacto ha motivado la creación de otras intervenciones parecidas alrededor del mundo, por ejemplo, Perú lanzó el emblemático Programa Nacional Cuna Más en 2012 que ofrece visitas domiciliarias a hogares con niños menores de tres años, en distritos rurales con altas tasas de pobreza y desnutrición. Es más, el libro Los Primeros Años, recientemente publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo, destaca que –dentro del  “menú” de servicios y programas para la promoción del desarrollo infantil–los de visitas domiciliarias son particularmente costo-efectivas.

El espíritu que se encuentra detrás de estas visitas domiciliarias a hogares de escasos recursos es que el o la visitador/a lleven a los hogares algo tan sencillo como el juego orientado al aprendizaje y algo tan vital como las interacciones cálidas, receptivas y sensibles entre madres e hijos. La evidencia ha demostrado que, gracias a estos dos ingredientes esenciales, se tiene el potencial de cambiar las trayectorias de los niños desde muy temprano en la vida.

La clave para llevar a escala intervenciones como la jamaiquina

La clave para llevar programas de visitas domiciliarias a escala con éxito es justamente hacerlo con calidad. Y para ello, resulta indispensable pensar en la medición de la calidad. Con eso en mente, se realizó la investigación que se encuentra detrás de la última publicación del BID, La medición de la calidad de los servicios de visitas domiciliarias: Una revisión de la literatura (también en inglés).

En ese documento, presentamos una  revisión de la literatura existente sobre cuáles son los aspectos críticos de la calidad de una visita domiciliaria y cómo se los puede medir. La reflexión conceptual es relevante no solo para los programas que promueven el desarrollo infantil a través de visitas domiciliarias, sino también para otros servicios de acompañamiento familiar que usan esta modalidad de intervención con el objetivo de proveer servicios a las familias que viven en situaciones de mayor vulnerabilidad  y extrema pobreza.

Entender qué caracteriza a una visita domiciliaria de buena calidad es clave para diseñar e implementar programas que cuenten con la infraestructura que permita producir visitas de calidad. La literatura especializada define que son  aspectos como la dosis, el contenido, y sobre todo, la calidad de las relaciones que se desarrollan entre el/la visitador/a y la familia los que conforman los elementos críticos de las visitas domiciliarias de calidad.

Pero ¿cómo se miden estos aspectos que definen la calidad de una visita domiciliaria? Y ¿para qué los queremos medir? La medición de la calidad de las visitas domiciliarias tradicionalmente ha cumplido tres propósitos:

  • Producir indicadores de seguimiento y monitoreo que formen parte del sistema de aseguramiento de la calidad del programa
  • A través de la observación sistemática de las visitas por parte de supervisores del programa, abrir espacios de mentoría y capacitación continua que permitan a los supervisores apoyar a los visitadores en la construcción de competencias claves en su trabajo.
  • Además, una tercera razón para medir la calidad de las visitas domiciliarias tiene que ver con el potencial de que la información recogida sobre estas mediciones informe estudios del impacto sobre este tipo de intervenciones.

El estudio del BID presenta las principales herramientas que se han desarrollado y administrado para medir la calidad de las visitas domiciliarias y documenta los resultados de las experiencias de administración de estos. Esperamos que este estudio aporte con herramientas prácticas que puedan ser aprovechadas por los miles de latinoamericanos que trabajan actualmente en la implementación de programas de visitas domiciliarias.

Cuéntanos cómo te sirve este material en las tareas que realizas en favor del desarrollo infantil temprano. Escribe en la sección de comentarios abajo o menciona a @BIDgente en Twitter.

María Caridad Araujo es economista líder en protección social del Banco Interamericano de Desarrollo. Síguela @caridadaraujo

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