por Joan Lombardi. 

De Kampala a Kingston, de Delhi a Denver y de San Pablo a Santiago, brindar a los niños un comienzo saludable en la vida es esencial, no solo para su crecimiento y desarrollo, sino también para el crecimiento y el desarrollo de las naciones.

A medida que sigue decayendo la tasa de mortalidad infantil, un renovado interés en el desarrollo saludable de los niños pequeños se ha constituido en el próximo desafío en cuidado de la salud, protección social y educación. Necesitamos mejorar las probabilidades de supervivencia de los niños mientras avanzamos en la tarea de ayudar a todos los niños pequeños a crecer sanos.

Estamos superando el obsoleto proverbio de que la educación comienza “en la puerta de la escuela” y, en lugar de ello, nos comprometemos con la realidad de que el aprendizaje comienza en el nacimiento. A través de políticas y programas de desarrollo innovadores e integrados estamos coordinando todos los sectores que influyen en nuestros niños y nos dedicamos al cuidado del niño y la familia como un todo.

Alrededor del mundo hay países donde crece la concientización sobre el impacto perdurable de la inversión en la primera infancia; así emergen planes nacionales y aumenta la evidencia de ello.

En la reunión anual sobre los grandes desafíos de la Fundación Bill y Melinda Gates, celebrada en octubre de 2014, se anunció un nuevo conjunto de “grandes desafíos”, entre los que se incluye un enfoque en mujeres y niñas, y también en ayudar a los pequeños a crecer sanos. De igual manera, el presidente Obama (EE.UU.) convocó en diciembre a la “Cumbre de la Casa Blanca sobre la educación temprana”, en la que se reunieron líderes y grupos de interés que trabajan en diversas localidades de los Estados Unidos para ayudar a que los niños tengan un comienzo saludable en la vida.

Recientemente, se reunieron en Brasil expertos provenientes de diversas partes del mundo para analizar la mejor manera de llegar con programas efectivos e inversiones a los niños pequeños y sus familias. El “Foro sobre la inversión mundial en niños pequeños” del Institute of Medicine (Instituto de Medicina, organización no gubernamental estadounidense) reunió a líderes de las áreas de educación, salud, protección social y desarrollo a fin de identificar las mejores prácticas en los ámbitos científico, normativo y financiero. En San Pablo, los expertos exploraron la investigación a nivel mundial y nacional como así también soluciones innovadoras para promover un desarrollo saludable.

Finalmente “está madurando” una comprensión más amplia de la importancia de los primeros años de la vida en relación con la salud, la oportunidad y el bienestar a largo plazo.

Sin embargo, todavía falta mucho por hacer. A medida que trabajamos para mejorar el acceso a la educación y el desarrollo en la primera infancia, también debemos asegurarnos de que un niño ingrese a la escuela preparado para lograr el éxito académico. Cuando mejoramos nuestras políticas de protección social y económicas para apoyar a padres de familia, reducir la violencia doméstica y garantizar la seguridad de un niño, ayudamos a los niños a crecer sanos, no solo hoy sino también en el futuro. La carencia de acceso a un cuidado de la salud de buena calidad reduce la capacidad básica de supervivencia de una familia. Al integrar la acción de trabajadores comunitarios de la salud con programas de cambio conductual, colaboramos con las familias para entender sus opciones de cuidado de la salud, mejorar su acceso a servicios y apoyar la crianza de sus hijos.

Hemos comprobado el efecto que pueden tener nuestras actividades en el ámbito de varios sectores individuales. Tenemos las herramientas y los servicios para brindar cuidado a toda la familia. Ahora es el momento de integrar nuestros éxitos en un plan de acción a escala mundial a fin de brindar el mejor servicio a las familias y ayudar a los niños pequeños a crecer sanos. Debemos comenzar así:

  • Abordar con un enfoque holístico la salud, la educación y la protección social de los niños pequeños en el centro de las metas de desarrollo del milenio post-2015
  • Ampliar las inversiones públicas y las políticas nacionales a fin de mejorar la disponibilidad y la facilidad de acceso a servicios integrados para las personas que más necesitan
  • Aumentar las inversiones multilaterales y bilaterales en los niños pequeños, de modo que se incluya la educación temprana y el apoyo a la familia
  • Colaborar con el sector privado para incrementar su tiempo y sus inversiones a nivel comunitario en todo el mundo.

Reconocemos las oportunidades para trabajar de generación en generación a fin de mejorar las oportunidades, no solo de los niños sino también de sus familias. La esperanza de frenar la desigualdad se sustenta en nuestra disposición a brindar el derecho a la oportunidad en los primeros años de la vida. En este mundo dividido, ya es hora de unirnos alrededor de una causa común que pueda vincularnos, que pueda anunciar una nueva era de paz y que pueda basarse en el recurso más preciado del mundo —sus niños.

 

Este artículo fue originalmente publicado por Inter Press Service.

La Dra. Joan Lombardi es experta internacional en desarrollo infantil y política social. Actualmente se desempeña como asesora de la Fundación Bernard van Leer y del Fondo Buffett para la Primera Infancia, y es miembro del Foro para Inversión en la Infancia en el Mundo.

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Comments
  • María Teresa Moreno Z
    Responder

    Muy importante el artículo, porque nos llena de esperanza de conocer que en muchos países del mundo hay voluntad política por mejorar las condiciones de vida de los niños y niñas más pequeños.

    Sin embargo, la tarea es compleja y requiere no sólo comprender la trascendencia de los primeros años en la vida de los seres humanos y en el crecimiento y desarrollo de un país, sino que más que eso es otorgar el derecho de que todo ser humano pueda desarrollar al máximo todas sus potencialidades, tenga el derecho de comenzar su vida de la mejor manera posible, con adultos afectuosos, responsables que le preparen el espacio para jugar y le aseguren un entorno seguro y saludable.

    Debemos reflexionar sobre cómo estamos dejando el mundo para las nuevas generaciones, los que estamos viviendo en este mundo no pensamos en los que vendrán, estamos agotando los recursos y contaminando el medio ambienta, ojalá pensemos que este tema también es importante.

    Hay mucho por hacer, sigamos adelante, sin prisa y sin pausa, poco y bueno, lento y profundo, denso y cualitativo… Hay más sabiduría en algunas experiencias comunitarias, a veces simples, ingenuas e inocentes, que en el torbellino del progreso planetario. Esas acciones son pequeñas y parecen no decir mucho en sí mismas, pero en la trayectoria del proceso son las que tienen mayor poder transformador (Pedro Demo, 1995).

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